New York Times Syndicate

Internet en China: un lucrativo negocio

Firmas como Naspers y Yahoo! han logrado multimillonarias ganancias al apostar en empresas incipientes de internet en China, que con los años se convirtieron en gigantes como Alibaba.
David Barboza / New York Times News Service
16 mayo 2014 20:9 Última actualización 18 mayo 2014 5:0
Internet en China (New York Times News Service)

Internet en China es un lucrativo negocio en el que las autoridades han puesto pocas trabas a las inversiones extranjeras. (New York Times News Service)

SHENZHEN, China. Es una de las mejores inversiones en la era digital. En junio de 2001, una compañía sudafricana de medios llamada Naspers pagó 34 millones de dólares al adquirir un interés enorme en una empresa emergente china en apuros. Hoy, esa empresa, Tencent, es un coloso de internet que vale casi 120 mil millones de dólares, muchísimo más que pioneras en la red como eBay o Yahoo! Y Naspers es 40 mil millones de dólares más rica debido a su muy oportuna apuesta.

Los inversionistas extranjeros como Naspers han surgido como algunos de los mayores ganadores en el crepitante mercado de internet en China.

Yahoo! y SoftBank, de Japón, podrían contar un total de 75 mil millones de dólares en sus acciones en Alibaba, el gigante chino del comercio electrónico, que presentó sus planes de una oferta pública inicial este mes.

La firma de capital riesgo Draper Fisher Jurvetson era dueña de casi un tercio de Baidu, el motor de búsquedas en internet, cuando ésta empezó a cotizar en bolsa en 2005; sus acciones subieron 354 por ciento en el primer día de transacciones. La OPI este año de la rival de Alibaba, JD.com, la compañía que antes se conocía como 360Buy, hará que les lluevan ganancias a los inversionistas extranjeros, como la firma estadounidense de inversiones Tiger Global, a DST de Rusia y al príncipe Alwalid bin Talal de Arabia Saudí.

“Realmente es la ley de los grandes números”, dijo Stuart Schonberger, un socio en CDH Investments, una firma de capital privado centrada en China. “Con China, cuando van bien las cosas, es simplemente asombroso”.

Las inversiones extranjeras en el sector de internet de este país han sido tan grandes y lucrativas que a algunos analistas les preocupa que se hagan más estrictas las restricciones existentes, como una forma de asegurar el control de una de las partes más dinámicas y delicadas de la economía, como ha sucedido con la banca, las telecomunicaciones y la aviación.

Sin embargo, hasta ahora, el gobierno chino no ha mostrado preocupación. Los reguladores no han presionado a los accionistas extranjeros para que reduzcan sus intereses, ni han tratado de evitar que las compañías chinas coticen en ultramar. Quizá ello se deba a que la influencia de Pekín en este sector es más sutil, señalaron analistas.

Los emprendedores chinos administran a las compañías de internet más grandes, quienes han permitido que el gobierno monitoree muy de cerca sus sitios web y censure a voluntad; y los inversionistas extranjeros han asumido, en gran medida, un papel pasivo.

“Si el gobierno necesita regular a las compañías de internet, no importará si los dueños son empresas extranjeras”, notó Hong Bo, un analista que vive en Pekín y sigue la información de la industria tecnológica de China.

Los altos dirigentes del país han elogiado a Alibaba y a Tencent por ser ejemplos de las compañías chinas innovadoras. Incluso, hace poco, la agencia de noticias oficial publicó un comentario elogioso sobre el rápido desarrollo del sector de internet, sin mencionar que, prácticamente, todas las grandes compañías obtuvieron financiamiento significativo de inversionistas extranjeros.

“Veinte años después de que el país más poblado del mundo tuviera acceso a internet, China ha cambiado, fundamental e irreversiblemente, pero no en la forma en la que esperaban algunos profetas occidentales”, dice el comentario de Xinhua. “En lugar de suscitar el colapso, internet en China se está volviendo más robusta e innovadora comercialmente”.

Este sistema de propiedad extranjera se enraizó a finales de los 90, cuando emprendedores chinos buscaban en forma desesperada capital para financiar sus empresas emergentes en internet, muchas de las cuales seguían el modelo de las que hay en Silicon Valley. Debido a que había pocas firmas de capital riesgo chinas, muchas empresas emergentes chinas recurrieron al capital extranjero. Solo había un problema: el Estado restringe la inversión extranjera en áreas consideradas delicadas.

Banqueros y abogados listos encontraron rápidamente una solución. Propusieron registrar un consorcio en ultramar que controlaría los activos de una empresa emergente. Dicho consorcio se vincularía, entonces, a entidades nacionales cuya propiedad corresponde a habitantes chinos, quienes tendrían la titularidad de las licencias del negocio de internet.

Esta compleja estructura de inversiones, conocida como entidad de interés variable (EIV),resultó ser una laguna normativa que permitió a los emprendedores chinos en la red recurrir al fondeo extranjero. También creó la situación para que las compañías cotizaran en otros países.

Yahoo!, fundada por los compañeros de clase en Stanford, Jerry Yang y David Filo, también encontró oro con Alibaba. En 2005, competidores locales aventajaban al sitio web chino de Yahoo! Así es que sus altos ejecutivos anunciaron ese año que cederían el control de su sitio local a Alibaba. Como parte de ese pacto, la empresa púrpura estuvo de acuerdo en invertir mil millones de dólares en lo que se había convertido en el Grupo Alibaba, a cambio de un interés de 40 por ciento en la compañía.

Esa inversión ahora parece un golpe brillante. Poco después de que ambas partes firmaron el contrato, Yahoo! empezó a flaquear en el mercado estadounidense, mientras que su inversión en Alibaba levantó el vuelo con un crecimiento explosivo de las plataformas de comercio electrónico Taobao y Tmall. El interés de Yahoo! en Alibaba vale ahora unos 35 mil millones de dólares, aun después de que vendió una parte de sus acciones hace dos años en 7 mil millones de dólares.

Analistas dicen que una de las razones por las que muchos inversionistas extranjeros han tenido éxito en el mercado de internet en China y han evitado el escrutinio de las autoridades es que han asumido un papel en gran medida pasivo en las empresas emergentes. Tienden a tener cargos en los consejos de administración, pero permiten que los fundadores chinos administren las operaciones cotidianas y desarrollen sus propias estrategias empresariales.

Ese ha sido el modelo de la relación de Naspers con Tencent.
Fundada en Johannesburgo en 1915 como editora de periódicos, Naspers se expandió después a la televisión de paga y a los servicios de internet, y empezó a buscar contratos en China. La compañía, que mantiene una actitud discreta, entró en el país a finales de los 90. En 2001, en su primera gran transacción, Naspers compró un interés en Tencent, iniciada por un grupo de ingenieros enamorados de los localizadores y los mensajes instantáneos.

En ese entonces, las perspectivas de Tencent eran sombrías. La compañía, con sede en la sureña ciudad de Shenzhen, batallaba para obtener ganancias con su servicio gratuito de mensajería instantánea u OICQ. Y AOL, que había adquirido una compañía de ese servicio llamada ICQ, acababa de presentar una demanda en Estados Unidos en contra de Tencent, por supuestamente no respetar la marca registrada. Luego, en medio de las negociaciones con Naspers, reventó la burbuja punto com en Estados Unidos, desinflando las esperanzas de jóvenes emprendedores chinos.


A pesar de los desafíos, Naspers valoró a Tencent, que pronto cambió el nombre de su mensajería instantánea a QQ, en alrededor de 80 millones de dólares y estuvo de acuerdo en meterle más dinero a sus operaciones. Naspers le compró casi la mitad de las acciones a dos de los importantes inversionistas extranjeros de Tencent, IDG, basada en Boston, y el brazo de capital riesgo de PCCW, controlado por el hijo del multimillonario hongkonés Li Ka-shing. Ambas firmas, que sólo habían puesto 2.2 millones de dólares en Tencent en 1999, vendieron su interés a MIH, una división de Naspers, con una enorme ganancia.

“A IDG y PCCW les gusta invertir en empresas emergentes. Pero cuando necesitamos dinero para desarrollarnos más, no pudieron ayudar”, dijo alguna vez en una entrevista Pony Ma, el presidente y cofundador de Tencent. “MIH tenía mucho capital, así es que era una mejor garantía”.

Después de su inversión, Naspers se hechó para atrás y permitió que los fundadores establecieran la dirección de la compañía. A partir de su negocio de mensajería instantánea, Tencent se transformó en una fuerza motriz de una red social y de juegos en línea; una que hoy cotiza en la bolsa de valores de Hong Kong.

Ha sido raro que las firmas de capital riesgo se sostengan el tiempo suficiente para ganar más de 10 mil millones de dólares invirtiendo en una empresa emergente de internet. Sin embargo, Naspers, que es raro que conceda entrevistas sobre sus inversiones en China, se mantuvo durante años, y su interés alcanza hoy unos 40 mil millones de dólares.

Charles Searle, uno de los ejecutivos de Naspers, quien dirigió la inversión en Tencent, dijo en un correo electrónico: “No hemos vendido una sola acción”.


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