New York Times Syndicate

Esta ‘máquina’ captadora de CO2 está en riesgo

Las turberas, un tipo de humedal ácido, al igual que los bosques son importantes factores de la naturaleza para regular el bióxido de carbono en la atmósfera, y también se ven amenazadas por el cambio climático.
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19 agosto 2016 19:15 Última actualización 21 agosto 2016 5:0
Esta ‘máquina’ captadora de CO2 está en riesgo

Esta ‘máquina’ captadora de CO2 está en riesgo. (NYT)

RED EARTH CREEK, Alberta.- Kristyn Housman tomó el extremo de una barrena de muestreo, un tubo de acero que dos colegas acababan de introducir en un montículo cubierto de musgo en una turbera, y picoteó en un húmedo y fibroso tapón de turba parcialmente podrida.

La turba se ha estado acumulando durante siglos en este pantano, donde el musgo esponjoso está entremezclado con píceas negras y, en una mañana a finales de la primavera, el aire estaba lleno de mosquitos. La muestra, tomada a una profundidad de alrededor de un metro, tiene al menos varios cientos de años de antigüedad, dijo Housman, investigadora de posgrado en la Universidad McMaster en Hamilton, Ontario.

“Literalmente, hay toneladas de carbono aquí”, dijo, mirando alrededor del pantano al lado de la lodosa carretera de una compañía petrolera en medio de la enorme llanura al norte de Alberta.

En las discusiones sobre cómo la naturaleza regula el bióxido de carbono en la atmósfera, los bosques reciben la mayor parte de la atención por su capacidad para absorber y almacenar el carbono. Pero las turberas, un tipo de humedal ácido, desempeñan también un papel importante.

Hay unos 4.14 millones de kilómetros cuadrados de turberas, o alrededor de 3 por ciento de la superficie terrestre del planeta, principalmente en las latitudes norteñas en Canadá, Alaska, Europa y Rusia.

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La turba está compuesta de esfagno y otros musgos, que retienen una gran cantidad de agua y contienen compuestos que inhiben la descomposición. La turba se acumula lentamente a lo largo de siglos porque el crecimiento anual excede a la putrefacción.

Esta ‘máquina’ captadora de CO2 está en riesgo

Una cantidad relativamente pequeña de turba es extraída para ser usada como combustible, para mejorar patios traseros o para añadir un toque ahumado al whisky. Pero la mayor parte de ella permanece donde está, y como acumula carbono a lo largo de tanto tiempo, contiene más carbono del que hay en los árboles y plantas del mundo, y casi tanto como en la atmósfera.

Como los bosques, las turberas se ven amenazadas por el cambio climático. Las temperaturas cada vez más cálidas pueden secar los pantanos, haciéndoles más susceptibles a incendios, y a una quema más profunda y más intensa. Un incendio en una turbera, la cual puede arder como un cigarrillo durante meses, puede liberar mucho carbono.

“Es carbono que se ha acumulado durante varios miles de años”, dijo Mike Waddington, un profesor de McMaster que ha estado investigando la turba en Alberta y otras partes durante más de dos décadas. “Si se liberara, la concentración mundial de CO2 sería mucho más alta”.

El mundo ya ha tenido enormes liberaciones de carbono a partir de la turba, en Indonesia. El año pasado, pantanos que habían sido desecados para su utilización agrícola, y que se secaron más debido al calentamiento relacionado con El Niño, ardieron durante meses, creando una neblina visible desde el espacio y causando extensos problemas de salud. En su punto máximo en septiembre y octubre, los incendios liberaron más carbono por día que el que emitía la Unión Europea.

Aunque pocas personas prevén ese nivel de desastre en las turberas norteñas, la inquietud por los incendios sigue creciendo. Un importante motivo de preocupación es que, conforme el cambio climático y otras alteraciones afecten a las turberas, la intensidad de los incendios aumente, liberando más carbono a la atmósfera.

“Toma miles de años que se desarrollen”, dijo Merritt Turetsky, investigadora de la turba en la Universidad de Guelph en Ontario. “Y, en cinco minutos, un incendio forestal puede arrasar con esa área y liberar entre 500 y 600 años de acumulación de turba y cambiarla para siempre”.

El enorme incendio en la primavera que destruyó gran parte de Fort McMurray, una ciudad de 90,000 personas unos 240 kilómetros al este de aquí, quemó pantanos al igual que árboles. En junio, los árboles ya no estaban en llamas en las afueras de la ciudad, pero las cuadrillas estaban removiendo la turba con retroexcavadoras en un esfuerzo por extinguir brasas ardientes.

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En un gran incendio forestal en mayo de 2011 que se extendió en y alrededor de la localidad de Slave Lake, unos 130 kilómetros al sur de aquí, parte de la turba continuó ardiendo durante el invierno, hasta que las lluvias de primavera y el derretimiento de la nieve finalmente extinguieron el fuego.

Esta ‘máquina’ captadora de CO2 está en riesgo

La turba es generalmente resistente a la quema, ya que el musgo esfagnáceo, el cual es dominante en un pantano sano, retiene mucha agua. “Si se tiene una gran cantidad de este musgo en una turbera, no se va a producir un incendio muy severo”, dijo Waddington. Típicamente solo se quemarán algunos centímetros superiores de la turba.

Sin embargo, el calentamiento altera el sistema. Una turba más seca permite que más oxígeno llegue a las raíces de los árboles y otra vegetación. Esto causa que crezcan más, lo cual significa que usan más agua, secando más la turba.

Conforme los árboles crecen, también ofrecen más sombra, lo cual favorece el crecimiento de otros musgos que, debido a que retienen menos humedad que el esfagno, son menos resistentes al fuego.

Cuando el pantano se incendia, el fuego podría ser más severo, y la combustión se extendería más profundamente en la turba.

Otras alteraciones, como los pantanos desecados para plantar árboles o producir petróleo y gas, también pueden volver más grave un incendio. Waddington y otros están realizando investigaciones sobre cómo restablecer los pantanos que han sido secados, para reducir el riesgo de que se libere carbono a través de los incendios.

Normalmente, un pantano se recupera lentamente después de un incendio forestal, y ciertos musgos y otra vegetación empiezan a crecer por etapas hasta que el musgo esfagnáceo domina. En el pantano donde Housman y sus colegas tomaban muestras, una sección fue deliberadamente quemada el año pasado. Está mostrando signos de recuperación, y matas de musgo esfagnáceo chamuscado ya están produciendo pequeños brotes.

Pero un incendio intenso, o una combinación de otros factores, pueden retrasar o incluso frenar la recuperación.

Ese es el caso en un pequeño pantano al sur de Red Earth Creek al que los investigadores han apodado “Scorcho” porque se quemó severamente en el incendio de Slave Lake en 2011. Hasta 1.2 metros de turba se consumió en algunas partes del pantano.

“Toda esa turba, hizo combustión y despareció”, dijo Sophie Wilkinson, estudiante de doctorado de McMaster.

Cinco años después, el pantano sigue mostrando pocos signos de regresar a su estado anterior. “Definitivamente está al borde del colapso”, dijo Wilkinson. “Hay poca o ninguna recuperación del esfagno, lo cual es muy preocupante, porque si queremos que vuelva a ser un sistema que acumule carbono, lo cual es lo que se esperaría realmente, necesita recuperar el esfagno”.

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