New York Times Syndicate

En Jamaica, corriendo tras los pasos de Usain Bolt

Conozca Sherwood Content, la ciudad natal de la estrella del atletismo jamaiquino Usain Bolt, fue el lugar en donde el cuatro veces medallista de oro olímpico,corrió en su niñez.
The New York Times
12 agosto 2016 23:13 Última actualización 13 agosto 2016 5:0
Jamaica ha sido reconocido como el país que produce grandes figuras del atletismo. (The New York Times)

Jamaica ha sido reconocido como el país que produce grandes figuras del atletismo. (The New York Times)

Para llegar a Sherwood Content, la ciudad natal de la estrella del atletismo jamaiquina Usain Bolt, rente un Toyota Yaris en el Aeropuerto Internacional Sangster en Montego Bay. Conduzca 43 kilómetros por estrechas carreteras sin letreros a través de cañaverales, girando para evitar cavernosos baches, cabras y conductores que gritan por la ventanilla para ofrecer “de la buena”.

Tras caer en uno de esos baches, saque el gato hidráulico para reparar el neumático desinflado. Como las tuercas están muy apretadas, haga señas a dos jóvenes que amable pero silenciosamente retiren el neumático desinflado y coloquen la refacción que no está en buen estado. Conduzca más lenta y cuidadosamente, pase por desteñidas casas de ladrillo de colores pastel y chozas de madera, hasta que llegue a un marcador de concreto frente a la oficina postal que describe a Bolt como “el hombre más rápido del mundo”.

Para este momento, son las dos de la tarde, la temperatura es de 27 grados centígrados y la sensación es de humedad. Mi hija de 13 años de edad, Rose, y yo nos atamos los zapatos y empezamos nuestra primera carrera en Jamaica.

1
  

  

(The New York Times)

He aspirado a ser corredor durante años. Mi padre corría entre ocho y 11 kilómetros diarios, y hablaba casi místicamente de la descarga de entusiasmo del corredor que le permitía el espacio para resolver problemas en la cabeza. Mi mamá, también, trotaba todos los días.

Pero yo nunca pude superar los 2 mil 414 metros en esporádicos ratos mensuales. La mayor parte del ejercicio lo hago en un improvisado juego de basquetbol a la semana, pero, a los 47 años de edad, estoy sintiendo tensión en las rodillas y los tobillos; correr parece una forma menos brutal y más eficiente de mantenerme en forma.

Hace 10 años, cuando mostré interés en seguir su ejemplo, mis padres me compraron un par de Adidas Supernovas y calcetines especiales. Hasta que Rose y yo viajamos a Jamaica a fines de marzo, estuvieron al fondo de la zapatera en mi armario, sin usar desde la última vez que intenté correr, hace tres años.

Para superar la marca de los 2 mil 414 metros, decidí visitar uno de los países para correr más célebres del mundo, Jamaica, donde Bolt, el cuatro veces medallista de oro olímpico, corrió en su niñez en la aldea de Sherwood Content.

1
  

  

(The New York Times)

Como sus colegas Yohan Blake y Shelly-Ann Fraser-Pryce, Bolt es un velocista, no un corredor de larga distancia, pero la isla ha llegado a ser conocida por sus maratones, sus carreras de cinco kilómetros y otras competencias para ciudadanos comunes en los últimos años, incluido el Maratón del Reggae en Negril cada mes de diciembre.

Siguiendo las recomendaciones de Bolt para los sitios para correr, Rose y yo nos desplazamos por toda la isla, intentando absorber los intangibles regionales que convirtieron a Bolt, Blake y otros contemporáneos en corredores de por vida.

Jamaica ha sido conocida por este deporte desde principios del siglo XX, cuando G.C. Foster, quien pasó su juventud caminando y andando en bicicleta en las colinas que rodean a Kingston, su ciudad natal, cubrió los 91 metros en 9.8 segundos en los campeonatos de atletismo de la isla.

1
  

  

(The New York Times)

Según The Jamaica Gleaner, Foster tomó un barco bananero para ir a las Olimpiadas de Londres de 1908, solo para descubrir que Jamaica no estaba afiliada a los Juegos y él no era elegible. Pero Foster abrió la puerta para numerosos campeones de atletismo a lo largo de los años: Arthur Wint, Merlene Ottey, Veronica Campbell-Brown, Asafa Powell.

Aunque Bolt había sugerido correr a lo largo del río Martha Brae, cerca de Sherwood Content, no llegamos mucho más allá de la oficina postal de su ciudad natal. Nuestras desventuras con los baches acabaron con nuestra mañana, y me preocupaba conducir con el neumático de refacción después del anochecer. Así que Rose y yo nos estacionamos al lado del camino, nos atamos los zapatos y trotamos por el asfalto de un solo carril en el centro de la aldea.

Era el domingo de Pascua, así que muchos residentes locales ataviados con trajes sastre y vestidos estaban asistiendo a los servicios religiosos. Pero la vista de turistas estadounidenses con zapatillas de correr, sudando en el calor del medio día, fue demasiado para los transeúntes. Un niño pequeño sentado en la parte trasera de un auto estacionado se burló de nosotros mientras caminábamos sin prisa: “¡Corran! ¡Corran! ¡Corran!”

1
  

  

(The New York Times)

Despertamos a la mañana siguiente en nuestro hotel, el Meliá Braco Village en Río Bueno, un centro turístico de playa en la punta norte del distrito noroccidental de Bolt, Trelawny, entusiasmados por intentar el siguiente sitio de larga distancia en la lista que él había dado.

Primero, sin embargo, tuvimos que detenernos en la pequeña localidad de Duncans, donde los dos hijos menores de un pescador local retiraron tres de nuestros neumáticos y martillaron los rines doblados del Yaris para devolverlos a algo parecido a formas redondas por el equivalente de ocho dólares.

Luego partimos rumbo a Negril, un recorrido de dos horas hacia el lado oeste de la isla.

Como no nos estábamos hospedando en uno de los muchos hoteles de Negril, tuvimos que encontrar otra forma de acceder a la playa, así que paseamos por un pequeño mercado de arte. Detrás del mercado había un montón de personas asando carne en parrillas mientras hacían sonar fuerte la música, a los cuales tuvimos que eludir en el camino hacia la playa.

Finalmente, llegamos a la arena. Era difícil correr aquí, especialmente con mis voluminosos Adidas. Pero el Caribe azul verdoso era un telón de fondo tan reluciente que no nos importó, y corrimos 2,414 metros.

Al día siguiente, nos dirigimos a Kingston. Seleccionamos el Spanish Court Hotel como nuestra base en Kingston: está ubicado en el centro, a tres cuadras de otra de las selecciones de Bolt para correr, el urbano Parque Emancipación.

También estaba a un par de kilómetros en auto del Embalse Mona, un sitio para correr popular.

1
  

  

(The New York Times)

Intentando iniciar más temprano, comimos plátanos fritos y papaya en el buffet del hotel y nos dirigimos al lado este de Kingston.

Para las 9 de la mañana, cuando llegamos, una guardia de seguridad nos dijo que el embalse estaba cerrado hasta la noche debido a la baja demanda en el día; nadie corre durante las horas más soleadas. Le rogamos, y renuentemente abrió las grandes puertas para permitirnos entrar por 20 minutos.

Nos estacionamos en un espacio de tierra, trepamos una colina y alcanzamos un inesperado nuevo mundo, retirado del tráfico pesado y el esmog de Kingston. El embalse es asombroso, un óvalo color verde oscuro que se extendía más allá de nuestra vista, con las colinas orientales como telón de fondo.

Las mariposas flotaban a nuestro alrededor mientras descendíamos por el sendero de 2,600 metros. Este parecía el lugar ideal para mejorar nuestra distancia más allá de los 2,414 metros, pero solo teníamos 20 minutos, así que corrimos lo más lejos y lo más rápido que pudimos antes de regresar al Yaris.

Me estaba sintiendo desalentado cuando llegamos al Parque Emancipación en el centro de Kingston, rodeado por una cerca de hierro forjado que le separa de los parduscos edificios de oficinas. Aparecieron las nubes y, por primera vez desde que llegamos a Jamaica, la lluvia empezó a caer, una ligera llovizna, no suficiente para sacar los paraguas y las chamarras. Entrando al parque, más allá de la escultura de bronce de Laura Facey “Redemption Song”, de una mujer y un hombre desnudos que ven hacia el cielo, encontramos un circuito para corredores de medio kilómetro.

Empecé a pensar: ¿Por qué estaba haciendo esto? ¿Quién viajaría hasta Jamaica solo para decidirse a correr? ¿Por qué no podía, como cualquier otro corredor, simplemente salir a la acera afuera de mi casa y empezar a hacerlo? ¿Qué había tan difícil en ello?

Luego empecé a recordar a mis padres. Mi papá murió en 2008. Mamá tiene la enfermedad de Alzheimer y ya no puede trotar. Recordé que ellos me habían invitado a correr con ellos numerosas veces, en el camino de tierra cerca de su casa en la montaña en Boulder, Colorado, pero siempre me negué.

Mientras resoplaba alrededor de la pista del Parque Emancipación, me encontré deseando haber aceptado la invitación. Luego me pregunté cómo papá habría reaccionado si le contara de esta extraña aventura para correr en Jamaica. “Estoy orgulloso de que lo intentaras”, habría dicho.

Luego pensé: “Es el entusiasmo del corredor. ¡Lo estoy haciendo!”

1
  

  

(The New York Times)
>