New York Times Syndicate

Empaques comestibles para combatir el calentamiento global

La industria comienza a apostar por empaques biodegradables e incluso comestibles para reducir los desechos que contribuyen a la generación de los gases de invernadero que envuelven al planeta.
Stephanie Strom | NYT
15 junio 2017 21:50 Última actualización 18 junio 2017 5:0
Empresarios e investigadores buscan convertir champiñones, algas marinas, leche y cáscaras de tomate en comestibles para embalaje. (Tony Cenicola / NYT)

Empresarios e investigadores buscan convertir champiñones, algas marinas, leche y cáscaras de tomate en comestibles para embalaje. (Tony Cenicola / NYT)

NUEVA YORK.⎯ Para el comensal con conciencia ambiental, estas están entre las verdades más inconvenientes: Se desperdicia demasiada comida. La comida viene en demasiados empaques. Y demasiados empaques duran muchos años.

Ahora quizá haya una sola respuesta para los tres problemas: usar el exceso de comida para hacer los empaques.

Un creciente número de emprendedores e investigadores están trabajando para convertir alimentos como hongos, kelp, leche y cáscaras de jitomate en reemplazos comestibles ⎯ si no siempre apetitosos ⎯ de los plásticos, las envolturas y otros materiales de empaque.

Sus esfuerzos se dan mientras las compañías de alimentos y bebidas no solo están buscando contenedores biodegradables ⎯ Nestlé Waters y Danone anunciaron recientemente un proyecto conjunto para hacer botellas de agua con madera ⎯ sino también se están uniendo al creciente esfuerzo de los gobiernos, los restauranteros y los consumidores para reducir el desperdicio, el cual contribuye a los gases de invernadero que envuelven al planeta.

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Empresarios e investigadores buscan convertir champiñones, algas marinas, leche y cáscaras de tomate en comestibles para embalaje. (Tony Cenicola / NYT)

El Departamento de Agricultura de Estados Unidos, por ejemplo, está dando nuevo significado a la idea de la pizza con queso extra: un equipo en su laboratorio de investigación en Wyndmoor, Pensilvania, ha desarrollado un material a partir de la proteína de la leche que puede usarse para recubrir las cajas de pizza, envolver el queso o crear, digamos paquetes de sopa solubles que simplemente pueden ser metidos en agua caliente.

El producto pudiera incluso servir como sustituto del azúcar usada para recubrir las hojuelas de cereal para evitar que se aguaden rápidamente, dijo Peggy Tomasula, líder de investigación del laboratorio; aunque también señaló que, en este momento, quizá sea poco económico para algunas aplicaciones.

El proyecto surgió de la investigación del Departamento de Agricultura sobre formas de dar uso a parte de sus existencias de leche en polvo; el consumo de leche líquida ha declinado constantemente durante años, pero los subsidios federales para la industria láctea han mantenido constante la producción.

El Centro Forestal y Granjero Merck, un grupo ambiental sin fines de lucro en Rupert, Vermont, que se sostiene vendiendo jarabe de maple, enfrentaba su propio dilema.

“Gastábamos mucho en producir el jarabe de maple e incluso gastábamos algo más en conseguir la certificación orgánica, para luego embarcarlo en todo este plástico”, dijo Tom Ward, ex director ejecutivo del centro, refiriéndose a los contenedores y las bolitas de goma espuma usados para enviar los pedidos. “Simplemente parecía no tener sentido”.

Así que, durante los dos últimos años, el grupo ha enviado su jarabe en botellas de cristal acomodadas en un material moldeado hecho de hongos.

“Literalmente se le puede desmenuzar y poner en una pila de composta, luego esparcirlo en los arbustos de rosas”, dijo Ward. “Pienso que lo que estamos haciendo es un microcosmos de lo que viene en términos de productos que son sustentables de principio a fin”.
Ese empaque basado en hongos es invento de Ecovative, una compañía de diseño en Green Island, Nueva York.

“Yo estudié ingeniería mecánica, y mientras trabajaba con turbinas, no podía olvidar lo que vi en mi niñez mientras crecía en una granja en Vermont”, dijo Eben Bayer, un fundador. “La biología es la mejor tecnología disponible, y hemos empezado a pensar en las células vivientes más como máquinas vivientes”.

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Empresarios e investigadores buscan convertir champiñones, algas marinas, leche y cáscaras de tomate en comestibles para embalaje. (Tony Cenicola / NYT)


En los últimos años, los gobiernos han financiado discretamente los esfuerzos para desarrollar empaques a partir de los alimentos. La Unión Europea, que suscribió un proyecto para desarrollar recubrimientos a partir de proteínas del suero de leche y las papas entre 2011 y 2015, estima que el mercado mundial para los llamados bioplásticos está creciendo en hasta 30 por ciento cada año.

Sin embargo, llevar esos productos al mercado es un desafío. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos, por ejemplo, trató de crear interés en un producto basado en la proteína de la leche hace más de una década pero no encontró compradores, dijo Tomasula. El costo y el hecho de que fuera susceptible a la humedad hicieron que fuera difícil de vender.

“Las películas comestibles apenas estaban empezando en ese entonces, y había muchas personas jugueteando con ellas”, dijo. “Pero el desperdicio de alimentos y la seguridad alimentaria no eran grandes problemas entonces, y nadie realmente pareció notarlas”.

Los tiempos han cambiado. Mike Lee, el fundador de Future Market, una firma que predice tendencias, ha estado manteniendo la vista puesta en productos como el empaque de quesos. “Incluso puedo ver una tienda de abarrotes libre de empaques convencionales algún día”, dijo Lee.

Pero ve obstáculos. “Aun cuando estos productos son importantes”, dijo, “hasta que alguien se levante y diga: ‘Voy a usarlo a gran escala’, son solo ciencia en busca de una aplicación”.

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Empresarios e investigadores buscan convertir champiñones, algas marinas, leche y cáscaras de tomate en comestibles para embalaje. (Tony Cenicola / NYT)


Grandes compañías como PepsiCo y Nestlé están más interesadas hoy que hace varios años, estimuladas por consumidores que están cada vez más conscientes de que los alimentos que comen y sus empaques pueden dañar al medio ambiente. Sin embargo, las empresas siguen siendo escépticas.

“Parte del material que existe es solo efectista”, dijo David Strauss, jefe de empaques de las operaciones estadounidenses de Nestlé. “Suenan bien pero nunca serán competitivos en costo o, en un análisis final, no tienen el impacto sobre el desperdicio o el medio ambiente que prometen las personas que los producen”.

Luego está el problema de la seguridad alimentaria: Nestlé dice que no querría que su demanda de empaques redujera la oferta de alimentos, provocando una amplia hambruna.

“No es bueno empacar nuestros productos en un empaque que pudiera haber sido usado más bien para alimentar a la gente”, dijo Strauss. Pocos, sin embargo, están rogando por comerse las cáscaras que quedan después de que se procesan los jitomates. Un grupo de investigadores en Italia las ha usado para desarrollar recubrimiento para latas.

Llamado Biocopac Plus, el producto pretende reemplazar al BPA, o Bisfenol A, que se usa en recubrimientos para latas y botellas que contienen alimentos y bebidas. Pequeñas cantidades de BPA pueden migrar a los alimentos, despertando inquietud entre los consumidores y los activistas de la salud, pese a las garantías de los reguladores estadounidenses y europeos de que es seguro.

“Extraemos un polímero natural de las cáscaras de jitomate, y usando eso, producimos una laca para proteger los alimentos empacados en latas de metal”, dijo Angela Montanari, jefa de empaques en la Estación Experimental para la Industria de la Preservación de los Alimentos en Parma, Italia. “Puede usarse para empacar jitomates, guisantes, carne, pescado, todo tipo de alimentos que sean enlatados”.


Originalmente financiado por el Unión Europea, el proyecto está siendo promovido por un grupo que incluye a una gran empresa agrícola italiana de propiedad familiar, un importante procesador de alimentos italiano y un fabricante de recubrimientos industriales. El grupo está construyendo una planta piloto en Mantua, Italia, para producir el recubrimiento.

El Instituto Wyss para la Ingeniería de Inspiración Biológica, en Harvard, ha extraído quitosano, un polisacárido, de caparazones de camarón y langosta, y lo ha combinado con fibras de seda para crear una alternativa a los empaques de plástico, llamado Shrilk.

“Lo pusimos en diferentes capas, como el ala de un insecto, y demostramos que se pueden hacer hojas que se parecen al plástico adherente y son mucho más fuertes”, dijo Robert Cunningham, director de desarrollo de plataforma en el Instituto Wyss.

Cunningham dijo que el Shrilk pudiera ser usado para hacer cartones de huevo o una envoltura para las lechugas. Dijo que varias grandes empresas de empaques habían expresado interés en el producto, pero que no es aún competitivo en precio.

“El siguiente paso tiene que ser que la industria participe y cambie el aspecto económico”, dijo.

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