New York Times Syndicate

El amor en los tiempos del cambio de estatus
en Facebook

Alejarse de una persona después de un largo tiempo de relación es algo difícil, y aún más cuando tienes cientos de fotos con él o ella y la tentación de seguir sus pasos en Facebook. Cambiar el estatus a soltero es el primer paso, y la red social tiene más herramientas para hacer el proceso menos doloroso. 
NYT
24 marzo 2016 18:4 Última actualización 26 marzo 2016 5:0
Facebook

Facebook (Bloomberg)

Para Kate Sokoloff, una estratega de marcas en Portland, Oregón, el reflejo en Facebook de su rompimiento con su novio, con quien duró tres años, fue como “un golpe emocional a traición”, dijo. “No habían pasado 15 minutos de haber terminado hace cuatro años, cuando cambió su situación a ‘soltero’, probablemente mientras estaba estacionado afuera de mi casa”.

Esto significó que todos los amigos en Facebook de la pareja, incluidos los hijos adolescentes de ella, quedaron notificados al instante. “No pude esconderme, ni llorar sola”, comentó Sokoloff, hoy con 55 años.

Sí envió mensajes a amistades para pedirles que quitaran fotos de ella y su expareja de sus álbumes en Facebook, pero recuerda haber deseado “que Facebook tuviera una aspiradora para quitar de internet todo rastro de nuestra relación. Las fotos, en particular. De hecho, algunas acaban de surgir ayer”.

Desde noviembre pasado, existe esa herramienta, parte de un kit que diseñó la red social para manejar y curar el archivo digital que crece con cada relación. Es como limpiar el armario, notó Kelly Winters, una gerente de productos en el denominado “Equipo Compasión” de Facebook, un grupo variable de gerentes y diseñadores de productos, ingenieros, investigadores, científicos sociales y psicólogos. “Tú no quieres guardar nada que no irradie alegría”, dijo repitiendo el mantra de Marie Kondo, la gurú japonesa del orden.

Tres millones de usuarios ya desplazaron algún aspecto del flujo de ruptura, como se le llama, al decidir no saber mucho del avance de algún ex y, de forma similar, ocultar sus propias entradas, configuraciones que se pueden revertir fácilmente, si el futuro trae un cambio de opinión o el enfriamiento del dolor.

Deshacer la herramienta para aspirar (para usar las palabras de Sokoloff para la hazaña en ingeniería de lo que se conoce como informática distribuida para desetiquetar cientos o hasta miles de imágenes que ya no irradian alegría) es más laborioso.

No es noticia que la red social, cuyos agitados entornos tienen a más de mil 500 millones de personas, es un espacio complejo y, a veces, confuso. Navegar por sus reglas en evolución y sus aspectos poco conocidos, requiere los matices y la habilidad de una heroína de Jane Austen, así como la insensibilidad de un político.

El Equipo Compasión está dedicado a hacer que las interacciones en Facebook sean más humanas, y más humanitarias.

Winters y sus colegas han desarrollado herramientas para ayudar con la resolución social, la intimidación, las agresiones en línea (o lo que se percibe así), desórdenes de la alimentación y problemas específicos de estudiantes de secundaria, trabajando con el centro Greater Good Science en la Universidad de California, en Berkeley, con el Centro para la Inteligencia Emocional en Yale, y otros socios académicos.

Nuevos proyectos ayudarán a identificar ideas suicidas en las entradas de un amigo y ofrecerán asistencia conectando los recursos para la prevención del suicidio. Hay un equipo que trabaja en cómo se pueden administrar los perfiles de Facebook después de que muere alguien; otro creó revisiones de seguridad para que amigos y familiares puedan comunicarse rápidamente en un desastre.

Un martes de febrero, en el campus de Facebook en Menlo Park, California, Winters; Gregory Wells, un psicólogo clínico; Dan Muriello, un ingeniero, y Emily Albert, una diseñadora de productos, estaban reunidos en una sala de conferencias llamada “Outlook Not Syncing”, para explicar cómo se originó el flujo de ruptura.

Albert, con 25 años, entusiasta, había sido bailarina clásica antes de ir a la Escuela de Diseño de Rhode Island, describió haber batallado con el legado digital de un exnovio de la universidad.

“Veía una publicación tras otra”, dijo, “experimentando esta cosa que muchas de mis amistades tienen, donde es casi imposible separarte cuando estás constantemente atada digitalmente. En un movimiento catártico hacia el empoderamiento, pensé, ¿qué tal si Facebook tratara de abordar esto?”.

Una noche, en el transporte de la compañía para ir a San Francisco, a su casa, planteó una idea en la que había estado trabajando para minimizar ese enredo. ¿Cómo desengranar digitalmente sin seleccionar “la opción nuclear” de quitar amigos o bloquear a alguien? Hubo apoyo estridente, contó. “El desgarro es un padecimiento común”.

La pena y Facebook sí van de la mano.

En estudios, se ha examinado la relación entre los estilos de apego y una tendencia a la vigilancia digital en Facebook después de una ruptura. Hay estudios que muestran una correlación entre la vigilancia digital - el llamado acoso en Facebook - y lo que se conoce como intromisión obsesiva relacional o la búsqueda de intimidad con alguien que no quiere que lo busquen.

Una ruptura tiene etapas de agresividad, dijo Morgan Smith, de 18 años, una estudiante de primer año en la Universidad Northwestern.

“Si bloqueas a tu ex en cada plataforma, es como 10 en la escala”, dijo. “Si quito a mi ex de Facebook, también es demasiada energía negativa de mi parte. Quiero extender una apertura respetuosa para el futuro. No quiero ver lo que haces cada día de tu vida (como en Snapchat, por ejemplo), pero si te aceptan en el programa para estudiar en el extranjero o ser presidente de la generación, me gustaría felicitarte. Facebook es un documento a más largo plazo de tu vida”.

Encontrar el tono adecuado fue una gran parte en el proceso de diseño, comentó Albert, ya que el lenguaje era crucial en la creación de un kit de herramientas lo suficientemente flexible para resolver el rompimiento de una adolescente de 14 años con su novio de cuatro semanas, tanto como para matrimonios de muchos años y con hijos.

También tenía que ser neutral y nada familiar, ni perentorio, de ninguna forma. “Si los diseñadores están encargados de la sorpresa y el deleite”, dijo, “¿qué significa diseñar para aspectos de la vida que son dolorosos?”.

El lenguaje de Facebook no es poesía lírica, para nada, pero resuelve algo. Si uno se puede topar con el flujo de la ruptura (lo que no es tarea fácil, en este momento; solo está disponible en móviles en Estados Unidos), se debe descubrir una caja bento de opciones, como lo describió Winters.

“Tome un descanso. Aquí hay algunos cambios que podrían ser útiles. No notificaremos a Taylor de ningún cambio que usted haga. Vea menos cosas de Taylor. Vea a Taylor en Facebook solo si entra en su perfil”. Y así, sucesivamente. En su mayor parte, el lenguaje es como el de un manual de instrucciones _ “Active las aprobaciones de las etiquetas para publicaciones y fotografías en las que se le etiquetó” _ aunque, al final, gira hacia el cuidado de sí mismo: “Acérquese a la gente en quien confía para que lo apoye. Manténgase activo. …”

En su libro más reciente, “Reclaiming Conversation: The Power of Talk in a Digital Age”, Sherry Turkle explora, como lo expresa ella, el “cómo la tecnología nos hace olvidar lo que sabemos de la vida”.

Turkle, la directora de la Iniciativa sobre Tecnología y el Ser del MIT, y observadora de tiempo atrás de cómo la gente interactúa con sus máquinas, recordó una presentación en “los primeros días del Internet de las Cosas”, comentó, “sobre cómo podríamos usar esta nueva forma de animar nuestros mundos”.

Era una aplicación para teléfono que presentaría la vía para ir, por decir, a Starbucks, que se diseñó para evitar a exenamorados que podrían estar en el camino o, en efecto, a cualquiera al que se hubiese etiquetado como alguien a quien evitar. Así, dijo Turkle, se podía disfrutar de una caminata sin fricciones para ir por un “mocha frappuccino”.

La idea “sin fricciones” todavía la perturba. “Quizá se supone que no debes moverte durante un año”, dijo, y notó lo de las herramientas para las rupturas en Facebook. “Estaba pensando en gente que lee compulsivamente viejas cartas de amor y diarios, ve atentamente viejos álbumes y fotos de boda, y luego escribe poesía, cuentos, novelas”. Hace arte, en otras palabras, tras haberse marinado en el estofado del pasado.

“No quiere decir que Facebook no debiera facilitar clicar ese botón para evitar ciertos recuerdos dolorosos”, comentó. “Pero la razón por la que estamos revisando esas viejas cartas de amor es que estamos tratando de resolver nuestro pasado. Creo que solo hay que reconocer la humanidad de ese proceso y ser compasivos con nosotros mismos. Se supone que la vida es complicada”.

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