New York Times Syndicate

Egipcia revela su secreto para sobrevivir: fingir ser hombre por 4 décadas

Sisa Abu Daooh decidió vestir como hombre tras la muerte de su marido y la necesidad de mantener a su hija Hoda. Además
debía escapar de las restricciones contra el empleo de las mujeres en una cultura patriarcal. Y por ello recibió de manos del presidente egipcio un premio por ser una madre extraordinaria.
Jared Malsin
10 abril 2015 17:37 Última actualización 11 abril 2015 5:0
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Egipto

Durante 30 años Daooh trabajó como un hombre y ahora que se conoce su verdadera indentidad, dijo que no vestirá como mujer. (NYT)

AL AQALTAH, Egipto – Ella ha trabajado durante más de 30 años entre los lustradores de zapatos de Luxor. Se sienta con hombres en las cafeterías, ora con ellos en la mezquita local y viste como ellos con pantalones o una túnica tradicional hasta el piso conocida como galabeya.

Muchas personas creían que Sisa Abu Daooh era un hombre hasta hace varias semanas, cuando reveló públicamente su secreto desde hace 42 años.

Quizá sorprendentemente en una sociedad donde muchos tienen ideas conservadoras sobre los papeles de género, el anuncio de Daooh no fue recibido con declaraciones de condena sino de curiosidad y una avalancha de reacciones mayormente positivas de parte de los funcionarios y medios noticiosos locales. El 22 de marzo, el presidente de Egipto, Abdel-Fattah el-Sissi, le dio personalmente un premio por ser una madre extraordinaria.

En una entrevista reciente, Daooh, de 64 años de edad, dijo que comenzó a vestir como hombre por cuestión práctica, para escapar de las restricciones contra el empleo de las mujeres en una cultura patriarcal y ganar lo suficiente para mantener a su hija, Hoda.

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PRIMERO SOBREVIVIR, AHORA UNA FORMA DE VIDA

Pero ahora, ya sea que aún necesite hacerse pasar por un hombre o no, dijo que no tenía intención de cambiar. Lo que empezó como una manera de sobrevivir a la pobreza rural se ha convertido en su forma de vida preferida y un medio para navegar por un mundo dominado por hombres.

“Estoy agradecida con Dios”, dijo con una voz áspera que es al menos un octavo más baja que la del hombre promedio. Usando una galabeya gris oscuro con una bufanda verde sobre sus hombros, estaba sentada fumando cigarrillos en la casa de un familiar en una calle sin pavimentar en la pequeña aldea agrícola de Al Aqaltah, en la margen occidental del Nilo cerca de Luxor.

Expresando sentirse cómoda con su vida en el papel de un hombre, besa las puntas de sus dedos como un chef italiano satisfecho con una sopa. “Ella incluso se viste así en casa”, dijo su hija, Hoda.

Daooh, hija de un jornalero agrícola pobre, se encontró sin un centavo cuando murió su marido a principios de los años 70. Con pocas opciones, tomó la decisión audaz de buscar trabajo como hombre.

“Trabajé en Aswan usando pantalones y una galabeya”, dijo. “Si no lo hubiera hecho, nadie me hubiera dejado trabajar”.

Los primeros años fueron difíciles.

Enfrentó el abuso verbal y físico de parte de cualquiera que descubriera su secreto.

“Así”, dijo, golpeándose con el puño la palma de la otra mano. “Acostumbraba a llevar una porra de madera conmigo”.

Pasó siete años trabajando en la construcción y otros trabajos manuales, ganando el equivalente a menos de un dólar por día.

Egipto

La mayor parte del tiempo, los hombres con quienes trabajaba no tenían idea o no les importaba que fuera mujer.

“Decían: 'Es bueno en su trabajo’”, comentó. “Me ofrecían cigarrillos”.

Eventualmente, los otros trabajadores empezaron a llamarla Abu Hoda, el padre de Hoda.

La decisión de Daooh de revelar su prolongada personificación masculina ocurrió en un momento en que el Estado ha estado tomando medidas drásticas contra las expresiones poco convencionales de género y sexualidad. La policía ha acelerado el arresto de los acusados de ser gays o de no cumplir de otro modo con la normas de género desde que los militares derrocaron al presidente electo del país, Mohammed Morsi, en julio de 2013.

Una gran parte de la razón por la cual su historia ha sido ampliamente aceptada por los egipcios es que no se sugiere que su selección de cómo vestir tuviera algo que ver con temas de sexualidad. Sin embargo, su historia ha demostrado cuántos en Egipto están “presionando los límites de los papeles de género tradicionales”, dijo Scott Long, un activista de los derechos humanos que vive en El Cairo y quien trabaja extensamente en los derechos de los homosexuales.

“Mientras el Estado la honra adecuadamente por su valor, encarcela a otros que se hacen llamar transexuales”, dijo. “Si al gobierno le importaran los principios, no explotar los prejuicios, respetaría a las personas por ser fieles consigo mismas y por hacer lo que se requiera para mantenerse a sí mismas y a sus familias vivas”.

La desigualdad entre hombres y mujeres en el lugar de trabajo es una realidad en casi todas partes, pero la brecha de género en Egipto está entre las peores del mundo. Según un estudio del Foro Económico Mundial, solo 26 por ciento de las mujeres en Egipto participan en la fuerza laboral, comparado con 76 por ciento de los hombres. En el estudio, el país se clasificó en el sitio 129 de entre 142 países por desigualdad laboral.

LA MUJER QUE SE ESCONDE BAJO LA GALABEYA

Conforme los años pasaban, Daooh cambió al oficio mucho menos demandante físicamente de lustrar calzado en la calle en Luxor, trabajo en el que continua hasta la actualidad, llevando a casa un promedio de entre 15 y 20 libras egipcias (1.97 a 2.62 dólares) al día. Dijo que hasta recientemente, solo su familia y vecinos en su aldea sabían que una mujer se escondía debajo de la galabeya.

Dijo que no tenía planea de vestir como mujer de nuevo. Levantó la bufanda blanca que envolvía su cabeza para revelar un corte al ras de cabello plateado. “¿Ve? No hay nada más”.

El 21 de marzo fue el Día de las Madres en Egipto. Para celebrar la fiesta, Hoda compró pantalones cortos de hombre y una nueva galabeya a su madre.

“No es solo mi madre”, dijo Hoda, sonriendo. “Es mi madre, mi padre, todo en mi vida”.

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