New York Times Syndicate
CULTURAS

Conoce al diseñador de libros más importante del mundo

Peter Mendelsund es considerado el mejor diseñador de portadas de libros en todo el mundo. Ha creado las cubiertas para obras de Tolstoi, Joyce y Kafka. Las mismas editoriales reconocen que los libros que él diseña se venden más. 
The New York Times
09 agosto 2014 18:57 Última actualización 10 agosto 2014 5:0
Peter Mendelsund ha diseñado 600 cubiertas de libros en la última década. (NYT)

Peter Mendelsund ha diseñado 600 cubiertas de libros en la última década. (NYT)

Peter Mendelsund dice con frecuencia que “a los escritores que ya murieron son a los que les tocan las mejores cubiertas de libros”.

Mendelsund, quien ha diseñado portadas asombrosas para los gigantes literarios difuntos, como Kafka, Dostoievski, Tolstoi y Joyce, teme trabajar con autores quisquillosos que exigen un tipo de letra, un color, una imagen o un tema visual en particular. “Termina por verse horrible”, asegura. 

El año pasado, Mendelsund se convirtió en su propia peor pesadilla. Empezó a escribir su propio libro. Contó que fue algo terrible que se le ocurriera una cubierta para su libro “What We See When We Read” (Lo que vemos cuando leemos), un tratado ilustrado y bromista sobre cómo las palabras hacen surgir las imágenes mentales. Como diseñador de cubiertas tuvo que poner algo al frente o renunciar en desgracia. Su primer intento fue escueto y desalentador: una cubierta simple en negro, con el texto en letras pequeñas y blancas. “Fue como padecer miedo escénico. Simplemente me trabé”.

El miedo escénico no es una afección crónica en Mendelsund, un "pianista clásico en recuperación de 46 años de edad", quien es autodidacta en diseño gráfico.

Es más frecuente que padezca exceso de ideas. En la última década, Mendelsund diseñó unas 600 portadas para libros, que van de la sobria y sofisticada para “La guerra y la paz” de Tolstoi, hasta el trato extravagante, estilo arte pop, que le dio a “La metamorfosis” de Kafka, o las espirales fluorescentes e hipnóticas para la novela de suspenso de Stieg Larsson, “La chica con el tatuaje de dragón”.

En “What We See When We Read”, el cual está publicando Vintage Books, Mendelsund aborda la forma misteriosa en la que el texto produce imágenes mentales vívidas, aun cuando el autor proporciona muy pocos detalles visuales. La mayoría de los lectores, por ejemplo, sienten que pueden describir a Ana Karenina a la perfección, aun cuando Tolstoi nos da poco más que unos ojos grises, pestañas espesas y cabello castaño rizado. En resumen, en los capítulos ilustrados, argumenta Mendelsund que la lectura es un acto de creación compartida, y nuestras impresiones de los personajes y los lugares le deben tanto a nuestra propia memoria y experiencia, como al poder de descripción de los escritores.

Además, PowerHouse Books va a sacar “Cover”, un libro fotográfico de 267 páginas, con más de 300 de las cubiertas más impresionantes de Mendelsund y docenas de bosquejos que se rechazaron. 


POR CASUALIDAD CAYÓ EN EL DISEÑO

Durante gran parte de su vida, Mendelsund pensó que era “analfabeto visual”, comentó. Creció en Cambridge, Massachusetts, fue hijo de un arquitecto y una maestra de historia en segunda enseñanza. Empezó a tocar el piano a los cuatro años de edad. Después de estudiar filosofía y literatura en la Universidad de Columbia, pasó dos años en un conservatorio de música y trató de ganarse la vida como pianista profesional.

Sin embargo, batalló con el salario de un músico clásico y, después de varios años, ya se había casado, tenía un pequeña hijo y no tenía seguro médico. Decidió probar con el diseño gráfico, aunque no tenía ninguna formación. Leyó libros sobre diseño y consiguió unos cuantos proyectos como independiente, a veces trabajando gratis.
Un año después lo contrataron como diseñador en Vintage y Anchor Books.

John Gall, quien fuera director de arte en Vintage y Anchor, dijo que vio de inmediato el potencial artístico de Mendelsund, pero lo impresionó todavía más su don para la crítica literaria. “Combina un pensamiento conceptual muy fuerte y muy inteligente con la ejecución hermosa y arriesgada”, comentó Gall.

Para crear una cubierta, Mendelsund empieza por garabatear notas en un manuscrito y subraya las oraciones temáticas claves. Cuelga las páginas marcadas arriba de su computadora. Luego empieza a catalogar sus ideas en una hoja de papel cubierta con 16 rectángulos, y va llenado cada uno con una palabra, frase o bosquejo pequeño. Escoge el concepto más prometedor y crea un borrador en la computadora.

Una vez que ya tiene un diseño aproximado, es frecuente que cambie a ilustrarlo a mano, dibujando con pinceles para tinta china, poniendo capas a un “collage” en papel o rellenando formas cuadradas con “gouache”. Finalmente, imprime una imitación de la cubierta, se la coloca a un libro de portada dura y lo deja en su librero durante algunos días. Si la cubierta atrae espontáneamente su atención uno o dos días después, considera que está en la dirección correcta. Si la cubierta se pierde en el fondo, sabe que le falta algo.

Repite a menudo este proceso docenas de veces. Para una edición nueva de “Rayuela” de Julio Cortázar creó 60 cubiertas antes de escoger una con un patrón de huellas azules sobre cuadrados blancos.

“La chica con el tatuaje de dragón” fue todavía más difícil y tuvo que hacer casi 70 intentos. La cubierta resultante se hizo omnipresente conforme se fueron vendiendo unos 10 millones de ejemplares de la novela.

Sonny Mehta, presidente de Knopf Doubleday Publishing Group, aseguró que es probable que la cubierta, sorprendentemente jovial, haya ayudado a hacer de la novela un éxito de ventas. “No quería un paisaje nórdico sombrío. Fue algo poco convencional y funcionó”, dijo.

Hannah Depp, gerente de piso en Politics and Prose, una librería independiente en Washington, D.C., dijo que ha visto clientes responder ante los diseños de Mendelsund, en particular los de títulos clásicos que están disponibles en múltiples ediciones. Se venden más ejemplares del “Ulises” con su cubierta en un verde exuberante, con “Yes” resaltada en negro dentro del título, que recuerda a la última palabra del libro, que los de otras ediciones, lo cual sucede también con “Crimen y Castigo” y su cubierta minimalista en blanco y negro, señaló.

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