New York Times Syndicate

China invierte en una región rica en recursos…
y conflictos

Xinjiang es la región a la cual China está apostando para invertir y así convertirla en un centro energético nacional para petróleo, gas y carbón; sin embargo en ésta persiste la discriminación hacia los uigures, etnia musulmana de lengua turca que ha sufrido diversas prohibiciones, como el no tener acceso a transporte público.
The New York Times
26 diciembre 2014 16:20 Última actualización 28 diciembre 2014 5:5
China

China está apostando a convertir a la región de Xinjiang en un centro nacional energético. (New York Times)

KARAMAY, China – En un desolado parque en las afueras de esta ciudad, el petróleo que sale a borbotones de la tierra forma pequeñas pozas junto a una pasarela de madera. Cerca de una de ellas está una estatua de un uigur barbado, sentado en un burro que toca el laúd. El simbolismo es revelador. China está redoblando la producción energética aquí, convirtiendo a la región noroeste de Xinjiang en un centro nacional para petróleo, gas y carbón, mientras se conmemora al pueblo uigur, cada vez más marginado, con lo que parece ser un homenaje en bronce a un pasado romántico.

China está invirtiendo más que nunca en la vasta región de Xinjiang, rica en recursos, con el objeto de fortalecer la extracción y la refinación del petróleo; de producir carbón; de generar energía, y de producir y transportar gas. Eso está pasando a pesar de la violencia étnica en aumento. En los desiertos que alguna vez cruzaron las caravanas de camellos que transitaban por la Ruta de la Seda, ahora surcan las arenas las tuberías y los cables de alto voltaje.

“Mire cuánto están perforando”, dijo Lu Weidong, el jefe del equipo de media docena de técnicos, quienes traían puestos cascos y overoles rojos manchados de aceite una mañana reciente en una bomba de petróleo aquí, en el desierto. “Se están construyendo cientos de bombas, y hay cientos más detrás de esas colinas que puede ver allá”.

La base de la economía energética de Xinjiang es el petróleo. Xinjiang tiene aproximadamente 21,000 millones de toneladas en reservas de petróleo, una quinta parte del total de China, y todavía se siguen encontrando importantes yacimientos nuevos. En diciembre, una compañía petrolera paraestatal anunció su mayor descubrimiento del año en esta localidad, un yacimiento que se estima tiene más de 907 millones de toneladas métricas de petróleo en el extremo noroeste de la cuenca Dzungarian, no lejos de los campos de Karamay.

Se espera que en Xinjiang se produzcan alrededor de 31 millones de toneladas métricas de petróleo crudo para el 2020, un incremento de 23 por ciento respecto del 2012, según el ministerio de recursos terrestres. Xinjiang también tiene los yacimientos de carbón más grandes del país, aproximadamente 40 por ciento del total nacional, así como los más grandes de gas natural.

Esos tres componentes forman un triplete energético que China está capitalizando para llevar electricidad a sus ciudades e industrias. A la región se la designará una de las cinco “bases energéticas” de China en el próximo plan económico quinquenal, y su economía se reforzará aún más con la visión que tiene el presidente Xi Jinping de una “Nueva Ruta de la Seda”, un ambicioso plan para reconstruir la antigua ruta comercial en una red de transporte y comercio del siglo XXI que cruce Xinjiang, Asia Central y Europa. Dinero del gobierno está inundando la región.

INVERSIONES MILLONARIAS

En mayo, Pekín dijo que 53 empresas paraestatales – de energía, construcción y tecnología – invertían 300 mil millones de dólares en 685 proyectos en Xinjiang. El Consejo de Estado, el gabinete chino, anunció en junio que el gobierno de Xinjiang invertía 130 mil millones de dólares en infraestructura, como caminos, carreteras y ferrocarriles.

La principal compañía de luz paraestatal, la Corporación de la Red del Estado de China, invierte 2 mil 300 millones de dólares en el próximo año para construir líneas de alto voltaje, según el Diario del Pueblo, el principal periódico del partido. Xinjiang exportará electricidad a las partes más pobladas de China y, quizá, al centro de Asia.

“Xinjiang es el lugar del cual va a provenir todo el crecimiento en petróleo, gas y carbón”, notó Lin Boqiang, un académico en energía en la Universidad de Xiamen y asesor en PetroChina, el mayor productor de petróleo del país. “Segundo, todos los recursos importados del centro de Asia, el petróleo y el gas, pasan por Xinjiang y luego se distribuyen”.

Xinjiang produjo 25,mil millones de metros cúbicos de gas natural en el 2012, y tiene el objetivo de incrementar eso a 44,000 millones de metros cúbicos el año entrante.

Los gasoductos ya transportan el gas natural del centro de Asia y Xinjiang al centro y este de China. Se espera que un nuevo gasoducto transporte 30 mil millones de metros cúbicos de gas al año del oeste de Siberia por las montañas Altái hasta el centro de Xinjiang, donde se conectaría a tuberías domésticas de este a oeste.

Funcionarios regionales también están presionando para que se cree una nueva fuente de gas: el procesamiento del carbón para crear gas sintético, el cual se transportaría hacia el este.

EMPEORAMIENTO AMBIENTAL

Un plan energético del Consejo de Estado dado a conocer en junio dice que Xinjiang será uno de cuatro sitios de proyectos piloto para convertir el carbón en gas y gasolina. Una planta experimental de carbón a gas ya opera en el oeste de Xinjiang, para preocupación de los ambientalistas, que dicen que el proceso emite una enorme cantidad de bióxido de carbono que calienta al planeta. Se están construyendo al menos otras 52, o se encuentran en la etapa de propuesta, en toda China, casi la mitad de las cuales está en Xinjiang, según el conteo de Greenpeace East Asia, en octubre.

Las plantas ayudarán a que Pekín proporcione energía a las partes pobladas del este de China, mientras que cambia las fuentes generadoras de contaminación al oeste menos poblado. Más gasificación por carbón produciría un esmog más pesado en Xinjiang, así como un aumento en las emisiones de bióxido de carbono.

Lin, el académico en energía, dijo que el empeoramiento del ambiente en Xinjiang “simplemente, no se puede evitar”. Dijo que no es partidario de la gasificación del carbón, ni de los proyectos de carbón a gasolina, por una razón distinta: la cantidad de agua que requiere el proceso. Al igual que la mayor parte del norte de China, Xinjiang padece de una aguda escasez de agua.

La contaminación es solo una consecuencia de la explotación de los recursos para los habitantes de la región, en su mayoría uigures, una población en gran parte musulmana y turcohablante. La riqueza energética de la región fluye principalmente a las compañías paraestatales en Pekín y al Partido Comunista, dominado por la etnia han.

El año pasado, Karamay – que significa “petróleo negro” en idioma uigur, y donde, en 1955, se descubrió el primer gran yacimiento petrolífero de China – tenía el producto interno bruto per cápita más alto de las ciudades continentales de China. La refinería de PetroChina en esta localidad es la más rentable de la empresa, dijo Zhen Xinping, un ingeniero sénior. Procesa seis millones de toneladas de petróleo al año.

A pesar del auge petrolero, la ciudad de 400 mil habitantes es modesta, y algunos de los barrios uigures son más pobres que los han. Los campesinos uigures viven en una barriada donde las casas carecen de escusados interiores. Las compañías petroleras emplean a algunos de ellos, pero no son muchos.

Muchos uigures dicen que resienten el régimen han y que se lleven los recursos de su patria. Las tensiones étnicas y de clase pueden estallar aquí, como pasa en otras partes de Xinjiang. Se ha intensificado una insurgencia uigur fragmentada en toda la región, y cientos de personas han muerto este año por la violencia étnica, el terrorismo interno y los tiroteos de la policía.

En el verano, funcionarios locales impusieron un bando por el cual se prohibía que la gente con vestimenta islámica y barba larga se subiera a los autobuses públicos y ordenó a los taxistas que no los recogieran. Si bien el gobierno dijo que emitió las normas en nombre de la seguridad, mucho uigures solo ven discriminación. “No importa si tienen barbas o velos”, dijo una adolescente en la ciudad perdida de campesinos uigures, en los límites de Karamay. “No son malas personas”.

Los habitantes dicen que el gobierno demolerá pronto la zona. La chica dijo que le gustaría quedarse en la ciudad. “Karamay tiene mucho petróleo”, comentó, “así es que quiero trabajar aquí”.

Todas las notas NEW YORK TIMES SYNDICATE
'Baba' hecha en casa se vuelve un gran negocio
¿Cuál es la forma más fácil de hacerse rico en la web? Con una Oferta Inicial de Monedas
¿Pueden los animales predecir terremotos?
Esta ciudad china tiene un pasado ruso... y eso es su gran problema
Empaques comestibles para combatir el calentamiento global
¿Por qué las empresas automovilísticas están contratando expertos en ciberseguridad?
De metalero a político, la historia de Freddy Lim
A sus 98 años, esta eminente científica cerebral ‘sigue de entrometida’
Esta aldea abandonada en Italia es 'retrato perfecto' de un paraíso perdido
Cuando tu casa es un castillo
¿De qué tecnológica estarías dispuesto a prescindir?
Macron y la resurrección de Europa
Dejó Wall Street para ser estilista de perros… Y triunfó
¿Por qué Instagram se está convirtiendo en el próximo 'Facebook'?
De ganar 29 dólares la hora a 19.60
Estas empresas quieren ‘meterse en tu cama’
El circo más famoso del mundo cerrará después de 146 años
Ellos son los trabajadores tecnológicos que Trump deja en el limbo
¿Por qué Facebook sigue ganándole a todos sus rivales?
Rico en líderes de IA, Canadá -por fin- trata de sacarles provecho
En este país, nada dice ‘te amo’ como un diente de cachalote
Después del Brexit, ¿Londres puede seguir siendo una capital del mundo?
Granjas de mariguana en el patio trasero dan paso al cannabis industrial en California
Para dominar al mundo, Uber tiene que conquistar la India primero
Uvas, muerte e injusticia en los campos italianos