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Migrante cruza fácil a México, pero trata y extorsión lo frenan

Mientras al norte de México, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha ordenado mayor seguridad para evitar el cruce de migrantes; en el sur, la línea divisoria parece invisible. Es una franja de impunidad que se aprovecha de la migración y donde todo está a la venta... hasta las personas.
Mariana León 
31 enero 2017 23:13 Última actualización 01 febrero 2017 5:0
Trata

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CIUDAD DE MÉXICO.- Por la calle de la aduana de El Carmen, del lado guatemalteco, a sólo unos metros de la entrada a México, un hombre se acerca a quienes se aproximan a la frontera y les dice: “¿Va a las lanchas? Yo lo puedo pasar legal, arreglarle sus papeles, si quiere. ¿Me entiende lo que le digo?”. En 5 minutos se puede cruzar de Centroamérica a nuestro país, en una llanta inflada.

Mientras al norte de México, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha ordenado mayor seguridad para evitar el cruce de migrantes; en el sur, la línea divisoria parece invisible. Es una franja de impunidad que se aprovecha de la migración y donde todo está a la venta... hasta las personas.

Arriba del embarcadero improvisado, en el puente de la aduana, los migrantes no cruzan, porque la mayoría no tiene pasaporte. Prefieren arriesgarse con coyotes y traficantes, pues muchos ni siquiera tienen un documento de identidad. Salieron huyendo y han perdido casi todo. Otros les temen a las autoridades, porque los extorsionan.

Volar a Houston desde aquí cuesta 296 dólares; a Tijuana, 3 mil 900 pesos; en camión a Ciudad Juárez, mil 500, con salidas jueves y sábado. Si no se tiene dinero, se puede conseguir un trabajo temporal en Tapachula, limpiando casas o vendiendo dulces, por 30 o 50 pesos al día. En un puesto de comida salvadoreña en la calle se ganan 80 pesos diarios. La Organización de las Naciones Unidas y organizaciones civiles que se dedican a apoyar a migrantes coinciden en que en esta zona existe un mercado que los explota. Desde trata sexual o laboral hasta abogados que prometen agilizar sus visas y a veces sólo defraudan, las personas en tránsito son las más vulnerables, porque desconocen sus derechos.

Para Adelfa María Rivera lo más duro de su viaje de Honduras a México fueron las aduanas. Salió de su país con sus dos hijos, uno de 5 años y otro de 7 meses. “El viaje es bien difícil. En ese momento cuando no te dejan pasar porque no tienes el suficiente dinero, te dicen que si no les das algo, te van a quitar a tus hijos. Yo les tuve que demostrar que no tenía nada”, cuenta desde uno de los cuartos del albergue Todo por Ellos, donde encontró refugio.

Adelfa María huyó de Honduras porque de “Las Maras” nunca pudo esconderse. Se fue de Choluteca, la ciudad donde nació, porque las pandillas mataron a su hermano mayor e intentaron reclutar al menor. Ella pagaba derecho de piso para que la dejaran en paz. Hacía ropa y les daba su cuota. Según la tenían protegida, hasta que un día se llevaron la máquina de coser: “Mejor la máquina que mi hijo”.

Lleva tres meses en el país, esperando a que el gobierno mexicano le dé su estatus de refugiada y pueda comenzar una nueva vida.

Para Paola Bolognesi, representante de la Agencia de la Organización de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), todavía hace falta mucho trabajo. “Hay un negocio alrededor de los migrantes propiciado por la falta de información que contribuye a que la gente entre en redes de tráfico”.

El problema llega también cuando el dinero se acaba. Como con José, de 16 años, cuyo sueño es ser cantante y conocer a su padre en Estados Unidos. Vivía en Honduras con su mamá, pero ella murió en un accidente de tránsito y él decidió irse. Mientras tuvo dinero, rentó un departamento en la colonia Las Américas, en Tapachula. Después lo echaron. “Me ofrecieron muchas cosas… hacer videos, pornografía. Pensé que me iban a obligar, pero sólo me dijeron que yo me lo perdía”.

Ramón Verdugo, coordinador del albergue Todo por Ellos, cuenta que “aquí en Tapachula no es el crimen el que secuestra. Aquí lo que se da mucho es la trata sexual, laboral, el engaño. Donde traficantes de personas se aprovechan de la necesidad de la gente”.