CIUDAD DE MÉXICO. Nadie reclamó, el metro funcionó y sólo fueron cerradas las salidas directas al Palacio Nacional, pero el servicio se prestó con normalidad.
También, a diferencia del año pasado, esta vez la plancha del Zócalo permaneció enrejada y no se permitió estacionarse a nadie.
Afuera de palacio permanecieron diputados, senadores y un buen número de jefes de prensa de las distintas dependencias hasta las 10:30 que se abrió la puerta.
No faltó Noroña. Cerca de las 11:30, acompañado por su megáfono para hacerse oír, empezó a gritar consignas, las mismas de siempre. Iba con un grupo de seguidores, los mismos de siempre y, como esta vez nadie les hizo caso, una hora después se fueron. Hasta el próximo año, tal vez.
La seguridad fue más o menos discreta y casi no ocasionó molestias a los transeúntes, que más bien caminaban extrañados y preguntándose qur iba a haber en Palacio.
Por lo demás, los comercios abrieron normalmente y la gente realizó sus compras sin ningún contratiempo, es decir, un día como cualquier otro.
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