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Sequía de Brasil significa ahorrar electricidad y agua: Mac Margolis

Brasil vive unas de las sequías más graves en su historia, lo que se ha traducido en una reducción en los suministros de agua y energía eléctrica, por lo que la presidenta Dilma Rousseff aprobó un fuerte incremento en las tarifas de estos servicios, aunque se resiste a racionar la electricidad por el costo político que implica.
Bloomberg
05 febrero 2015 18:50 Última actualización 06 febrero 2015 5:0
Los brasileños padecen escasez de agua cada vez con más frecuencia. (Bloomberg)

Los brasileños padecen escasez de agua cada vez con más frecuencia. (Bloomberg)

El agua es para los políticos brasileños lo que el petróleo para los petrócratas latinoamericanos: algo que está al alcance de la mano y es muy abundante como para generar preocupación. Excepto cuando no es así.

A pesar de que durante el fin de semana hubo una tormenta de verano, Río de Janeiro está reseco y sus reservorios se agotan. Sao Paulo está aun peor: el Sistema Cantareira de lagos interconectados, que proporciona agua a 8 millones de personas, se encuentra ya en el “volumen muerto”, el equivalente del sector rojo en el indicador de gasolina de un auto.

Las lluvias de enero bastaron para inundar las calles y sus baches, entre ellos uno que se tragó una motocicleta en Sao Paulo, pero no para elevar el nivel de los diezmados reservorios y represas hidroeléctricas del país.

Hace ya meses que los especialistas advierten sobre la creciente emergencia meteorológica, entre otras cosas porque alrededor del 68 por ciento de la energía del país es hidroeléctrica. En Brasil, la provisión de agua equivale a provisión de energía. El 19 de enero hubo cortes de electricidad que oscurecieron Río, Sao Paulo y otros siete estados brasileños durante varias horas.

Los climatólogos atribuyen la situación a la tala en la cuenca del Amazonas, que afecta la capacidad de la selva de devolver humedad a la atmósfera. La respuesta oficial ha sido que se trata de una crisis extraordinaria, una insólita convergencia de elevadas temperaturas y escasas precipitaciones. El ministro de Energía y Minas, Eduardo Braga, minimizó hace poco los cortes de electricidad racionados y admitió que Brasil tiene problemas técnicos pero que no le falta capacidad de red. Como Dios no siempre es brasileño, Braga también anunció un aumento de tarifas e incentivos a los consumidores que conserven agua. “La verdad es que no veo riesgo alguno”, dijo.

No ver riesgos es parte del problema. Los brasileños siempre se han enorgullecido de sus recursos. Los escolares cantan a su “espléndida cuna” en el himno nacional y recitan lecciones sobre el poderoso Amazonas, la mayor cuenca fluvial del mundo. Los entusiastas se refieren a las posibilidades del país en términos de “la Arabia Saudita del agua”.

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La creciente tala de árboles en la cuenca del Amazonas afecta la capacidad de la selva de devolver humedad a la atmósfera, afirman ambientalistas. (Bloomberg)


La publicidad ecológica no ha ayudado. Presionada por ecologistas, grupos de derechos de la población autóctona y alguna estrella de rock, Brasilia redujo de forma drástica su plan de energía. Se descartaron entonces las grandes represas hidroeléctricas que inundaban selvas y pueblos. Hicieron su entrada las plantas instaladas en ríos, que en lugar de atrapar el agua aprovechaban la corriente para el funcionamiento de las turbinas. Pero eso tuvo un costo: la energía crecía cuando los ríos tenían buen caudal, pero disminuía en la estación seca. “Las represas almacenan energía que el país puede usar durante una sequía”, dijo Omar Abbud, un especialista en energía y consultor del senado brasileño.

Sacrificamos la energía limpia y barata por cuestiones ideológicas

Brasil ha padecido graves sequías casi 40 veces desde 1583. En 2001-2002, una sequía llevó a un corte de electricidad nacional y a un racionamiento de energía que eliminó cerca del 1,5 por ciento del producto interno bruto en 2001. En enero de 2001, los principales reservorios del país se encontraban al 31 por ciento de su capacidad. Ahora están por debajo del 17 por ciento, dijo Fitch Ratings en una nota a clientes el 3 de febrero.

Para apreciar el problema, volvamos a 2012, cuando la provisión de agua ya era en extremo escasa. En lugar de subir las tarifas de los servicios para conservar energía, la presidenta Dilma Rousseff, que apuntaba a la reelección, anunció una “histórica” reducción de la tarifa residencial a los efectos de impulsar el crecimiento a pesar de que la economía mundial se desaceleraba. “Hay que prepararse para dar otro salto hacia adelante”, proclamó el Día de la Independencia de Brasil. Fue una luz verde para que los nuevos consumidores brasileños conectaran aparatos de aire acondicionado y dejaran las luces encendidas.

El aumento del consumo llevó la red al límite y obligó al gobierno a recurrir a plantas termoeléctricas caras y de combustible fósil para evitar cortes de electricidad, y luego al rescate de las compañías eléctricas que no podían subir las tarifas. Adriano Pires, del Centro Brasileño para la Infraestructura, calcula que el sector eléctrico tiene ahora un rojo de 114 mil millones de reales (42 mil millones de dólares).

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Hidroeléctrica Belo Monte, que está en construcción en Brasil. (Bloomberg)

A los efectos de seguir encendiendo las luces y abriendo las llaves de agua, Brasil tendrá que hacer a un lado su hidropopulismo y poner fin al temerario juego de presiones entre las autoridades federales y los gobiernos de los estados. Rousseff, cuya reelección ya está a salvo, por fin ha aprobado un fuerte aumento de tarifas, pero se resiste al racionamiento de la energía. Lo mismo pasa en Sao Paulo, el estado más seco, donde el principal oponente de Rousseff, el gobernador Geraldo Alckmin, ha advertido sobre drásticos recortes del abastecimiento de agua pero aún no ha racionado la electricidad. “Se tiene la impresión de que cada uno espera a ver qué hace el otro”, dijo Pires.

Según la gravedad de los cortes, el racionamiento de energía nacional podría eliminar hasta el 1.5 por ciento del producto interno bruto en una economía que ya se encuentra estancada. A los brasileños eso podría resultarles difícil de tragar, hasta con un gran vaso de agua.