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Papa pide a obispos que "nunca más se repitan" abusos contra menores

Durante un encuentro en la catedral de San Mateo en Washington, el líder de la Iglesia católica reconoció a los obispos el haber actuado en la crisis de los abusos sexuales contra menores, sin temer a la autocrítica ni evitar humillaciones.
Notimex
23 septiembre 2015 13:21 Última actualización 23 septiembre 2015 14:24
Papa Francisco

El Papa Francisco se reunió con obispos en la Catedral de San Mateo. (Reuters)

WASHINGTON. El Papa Francisco instó a los obispos de Estados Unidos a seguir trabajando para que “nunca más se repitan” los abusos sexuales contra menores de parte de clérigos o personas de la Iglesia católica.

Durante un encuentro en la catedral de San Mateo, el pontífice pronunció un largo discurso en italiano y dijo: “conocer bien” la “valentía” con la cual los pastores afrontaron “momentos oscuros en su itinerario eclesial”.

Reconoció a los obispos haber actuado, en la crisis de los abusos, sin temer a la autocrítica ni evitar humillaciones y sacrificios, sin ceder al miedo de despojarse de cuanto es secundario con tal de recobrar la credibilidad y la confianza propia de los ministros de Cristo, como desea el alma de su pueblo.

“Sé cuánto les ha hecho sufrir la herida de los últimos años, y he seguido de cerca su generoso esfuerzo por curar a las víctimas, consciente de que, cuando curamos, también somos curados, y por seguir trabajando para que esos crímenes no se repitan”, insistió.

Más adelante en el discurso, el Papa confesó no sentirse forastero entre los obispos de Estados Unidos y dijo hablar “como un hermano entre hermanos”.

Reconoció que los pastores tienen muchos desafíos, entre otros la hostilidad del ambiente que no pocas veces lleva a la tentación de “encerrarse en el recinto de los temores”, a “lamerse las propias heridas”, “llorando por un tiempo que no volverá”.

Advirtió que, no obstante las dificultades del entorno, “no es lícito dejarse paralizar por el miedo” y tampoco está permitido silenciar cuestiones fundamentales del mundo de hoy.

Entre los problemas que no se deben eludir incluyó las víctimas inocentes del aborto, los niños que mueren de hambre o bajo las bombas, los inmigrantes que se ahogan en busca de un mañana, los ancianos o los enfermos, de los que se quiere prescindir.

También consideró a las víctimas del terrorismo, de las guerras, de la violencia y del tráfico de drogas, el medio ambiente devastado por una relación predatoria del hombre con la naturaleza, “en todo esto está siempre en juego el don de Dios, del que somos administradores nobles, pero no amos”.

Asimismo, pidió a los obispos “no apacentarse a sí mismos”, “no mirar desde arriba”, dejar la propia “autorreferencialidad” y vigilarse los unos a los otros para alejar la tentación del narcisismo, que “ciega los ojos del pastor, hace irreconocible su voz y su gesto estéril”.

El pontífice insistió que nunca se cansará de animar a los católicos a dialogar sin miedo, con autenticidad y con humildad porque, de lo contrario, no se puede entender las razones de los demás ni comprender plenamente que el hermano al que llegar y rescatar.

“El lenguaje duro y belicoso de la división no es propio del pastor, no tiene derecho de ciudadanía en su corazón y, aunque parezca por un momento asegurar una hegemonía aparente, sólo el atractivo duradero de la bondad y del amor es realmente convincente”, estableció.

“La gran misión que el señor nos confía, la llevamos a cabo en comunión, de modo colegial. ¡Está ya tan desgarrado y dividido el mundo! La fragmentación es ya de casa en todas partes. Por eso, la Iglesia, no puede dejarse dividir, fragmentar o enfrentarse”, ponderó.