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Juan XXIII y Juan Pablo II, cara y cruz de la iglesia en el siglo pasado

El vaticanista, Javier Darío Restrepo, comenta que se trata de dos hombres de origen, historia, carácter y política eclesial muy diferentes entre sí, pero ambos animados por un movimiento de renovación de la Iglesia Católica.
Roxana González
24 abril 2014 22:20 Última actualización 25 abril 2014 5:0
Figura de cera de Juan Pablo II en la iglesia central de Xochimilco REUTERS

Fieles observan la figura de cera de Juan Pablo II en la iglesia central de Xochimilco. (Reuters)

CIUDAD DE MÉXICO. La doble canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII, el próximo domingo, supone el respaldo a dos maneras de enfocar el Pontificado y gobernar a la Iglesia católica, una especie de cara y cruz de la misma durante el siglo XX, con un denominador común: la santidad, consideró el vaticanista, Javier Darío Restrepo.

En entrevista, dijo que se trata de dos hombres de origen, historia, carácter y política eclesial muy diferentes entre sí, pero animados ambos por un movimiento de renovación de la Iglesia Católica.

Explicó que el caso de Juan XXIII tiene más elementos para aportarle a la vida del catolicismo, sobre todo por la audacia con la que convocó el Concilio Vaticano Segundo, donde cardenales y obispos de todo el planeta se reunieron para hacer cambios de fondo en las bases de la Iglesia.

Antes –dijo--existía la convicción de que la Iglesia era santa y por lo tanto sin tacha. Pero cuando Juan XXIII (Angelo Roncalli, quien ocupó el trono de San Pedro entre el 28 de octubre de 1958 y el 3 de junio de 1963) habla de reformarla, demuele esa condición y reconoce que tiene elementos que deben ser sometidos a juicio.

El Concilio Vaticano Segundo, según el experto, sacudió las bases mismas de esta institución, tanto así que todavía muchos creen que sus conclusiones no han sido aplicadas a fondo.

Además de eso, el nombre de Juan XXII está ligado al concepto de la humildad, algo que ahora está retomando el papa Francisco.

“Juan XXIII le habló al mundo a través de la humildad y la sencillez, tendió puentes y le dio a la Iglesia una dimensión más amplia, la llevó a que dejara de estar encerrada en sí misma y ejemplo de esto es que se sentó a conversar con Nikita Kruschev y los líderes de la Unión Soviética, pese a que sus antecesores inmediatos condenaron el comunismo y evitaron cualquier tipo de relación con sus representantes”, recordó el experto.

En lo que se refiere a Juan Pablo II, lo más llamativo para Restrepo es la apertura ante el mundo y la disposición que mostró para comunicarse con el exterior del Vaticano.

Para otros teólogos como José Marroquín y Maricarmen Montes del Observatorio Eclesial, las canonizaciones de Juan Pablo II y Juan XXIII son un acto “meramente político” que busca exaltar al papado.

En conferencia de prensa, y a tres días de que Karol Wojtyla y Angelo Roncalli, sean elevados a los altares por el papa Francisco, Marroquín y Montes, acompañados por José Barba, activista por los derechos de las víctimas de pederastia eclesial y catedrático del ITAM, así como por el analista político Carlos Fazio, aseguraron que la Iglesia católica ha utilizado las canonizaciones como instrumentos políticos.

Marroquín indicó que desde que las canonizaciones las decreta el Vaticano, se ha valido de éstas para saldar favores políticos, congraciarse con la nobleza y con otros diversos sectores, dependiendo de las circunstancias, y añadió que en el caso de Juan Pablo II, lo que se busca reconocer es un “modelo eclesial” y jugar de “mala manera entre lo espiritual y lo político”.

Destacó también el hecho de que la mayor parte de quienes han sido canonizados a lo largo de la historia, son hombres y religiosos. Detalló que del siglo décimo al diecinueve, 89 por ciento de quienes llegaron a los altares de la iglesia católica, son hombres y sólo el 13 por ciento mujeres. En el siglo XX indicó que fueron 77 por ciento hombres y 24 por ciento mujeres.