Monterrey

Voto de castigo (2)

OPINIÓN. El magro comportamiento de la economía, el deterioro de las expectativas, el desplome de la confianza de consumidores y empresarios y la percepción ciudadana son algunos de los factores que pueden explicar el “voto de castigo” al PRI en las pasadas elecciones de 5 de junio.
OPINIÓN 
ACADÉMICA
UANL

CESÁREO 
GÁMEZ
01 julio 2016 10:44 Última actualización 01 julio 2016 10:55
Cesáreo Gámez

Cesáreo Gámez

En una entrega anterior comentábamos que las recientes derrotas electorales experimentadas por los candidatos del PRI en siete entidades de la República pueden explicarse por un conjunto de razones de diversa índole, políticas, sociales, institucionales y hasta religiosas.

También comentábamos que, según el modelo del ciclo político económico (CPE), las condiciones económicas de un país, o de una entidad, ejercen una influencia decisiva en el ánimo y la intención de voto de los ciudadanos. Si la economía se encuentra bien, los electores tienden a premiar al partido en el poder otorgándole su voto, si la situación económica es mala, los votantes emiten un “voto de castigo”, otorgando el sufragio por la oposición.

Si revisamos el comportamiento de la economía en lo que va de la administración del Presidente Peña Nieto, vemos que en los primeros 13 trimestres de su régimen, el producto interno bruto (PIB) de México ha crecido a una tasa promedio de 2.1 por ciento, cifra inferior a lo que lo que se proyectaba a inicios del sexenio (3.6-3.8 por ciento).

Este comportamiento se ha visto reflejado en las expectativas de los analistas. De acuerdo con la encuesta mensual de especialistas del sector privado que elabora el Banco de México, las expectativas para el crecimiento de la economía mexicana se han ajustado consistentemente a la baja en los últimos meses.

De acuerdo con la última encuesta, los crecimientos esperados del PIB para los próximos años son: 2.44 por ciento para 2016, 2.84 por ciento para 2017 y 3.22 por ciento para 2018, el último año del sexenio.

El deterioro de las expectativas también se ha reflejado en los indicadores de confianza de los diversos agentes de la economía mexicana. Actualmente existen disponibles índices de confianza para el consumidor y los empresarios de la industria manufacturera, la construcción y el sector comercial.

En todos estos indicadores se registra una disminución de la confianza durante la administración del Presidente Peña Nieto. El índice confianza del consumidor en mayo de 2016 registra una disminución de 8.1 puntos respecto a diciembre de 2012, cuando entró en funciones la administración actual.

El componente más deteriorado de este índice es el referente a la situación esperada del país dentro de 12 meses, en relación a la actual. Este subíndice se redujo en 24.1 puntos en relación al nivel que se tenía en diciembre de 2012.

El mismo comportamiento se puede observar en los índices de confianza empresarial. Estos índices registraron una disminución de 6.2, 6.6 y 8.3 puntos en la industria manufacturera, la construcción y el comercio, respectivamente, en relación con el inicio del sexenio actual.

El componente más afectado en los índices de confianza empresarial es la percepción que si el momento actual es adecuado para invertir en México, lo cual puede explicar la falta de dinamismo de la economía.

Otro indicador importante es la percepción que tienen los ciudadanos respecto a los problemas más relevantes del país. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG) 2015, la inseguridad es el problema más importante del país, señalado por el 66.4 por ciento de los ciudadanos entrevistados. Esta proporción es muy superior en algunos de los estados en los que el PRI perdió las elecciones, como Tamaulipas (79.8 por ciento) y Veracruz (70.0 por ciento).

En resumen, el magro comportamiento de la economía, el deterioro de las expectativas, el desplome de la confianza de consumidores y empresarios y la percepción ciudadana son algunos de los factores que pueden explicar el “voto de castigo” al PRI en las pasadas elecciones de 5 de junio.

De acuerdo con la teoría del ciclo político económico y la experiencia histórica de nuestro país, lo más previsible es que antes de las próximas elecciones presidenciales de 2018, el gobierno actual se comporte de manera oportunista, incrementando el gasto público y “mejorando” las condiciones de la economía en los meses anteriores a las elecciones.
Vamos a ver si da resultado.

* El autor es economista de la UANL, con Doctorado en la Escuela de Graduados de Administración y Dirección de Empresas (EGADE) del ITESM. Es profesor de la Facultad de Economía de la UANL y miembro del SNI-Conacyt.

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