Monterrey

Un mal llamado corrupción

OPINIÓN. Hoy en día, Nuevo León es el único estado de la República que es gobernado por un “independiente” y que, en teoría, debería generar estrategias disruptivas anti corrupción que permitieran refundar las estructuras no solamente de gobierno sino también de la sociedad
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SERGIO 
LÓPEZ RAMOS
21 junio 2016 9:27 Última actualización 21 junio 2016 9:35
Sergio  López Ramos

Sergio López Ramos

En el régimen de partido único, existieron tres elementos fundamentales en el estado mexicano: a) el presidencialismo, b) la dependencia de los poderes Legislativo y Judicial y c) la corrupción como el “medio” para generar movilidad social. Inmersos en un sistema que se resume con la frase “el que no tranza no avanza,” políticos, empresarios y ciudadanos comprendieron que esta práctica era una de las reglas no escritas favoritas del régimen que, con el tiempo, sería bastante lucrativa no solamente para los políticos pero también para los empresarios.

Tras 71 años de detentar la Presidencia de México, y a 16 años de la primera alternancia en el Poder Ejecutivo de México, y a pesar de la construcción de un proyecto político que permitiera consensar los grandes acuerdos que, en teoría; generarían un desarrollo sostenido del país; se han quedado en buenas intenciones en gran medida, por el lastre que hemos heredado del sistema político mexicano como la corrupción y la falta de legisladores cercanos a su electorado.

La semana pasada, el Senado de la República votó una medida conocida como la ley “3 de 3,” una iniciativa de ley que nació como una propuesta ciudadana y con el apoyo de más de 600 mil firmas de la sociedad civil. En todo este proceso, los ciudadanos hemos sido testigos de cómo las Senadores por Nuevo León decidieron su voto sin consultar la opinión de los ciudadanos que se dicen representar en el congreso. Si bien, los Senadores representan a los Estados, no deberían estar exentos de tender puentes de comunicación que incentiven el diálogo y la solución de demandas de quienes dicen representar.

Las senadoras que nos representan, siguiendo los usos y costumbres políticos de este país, decidieron no apoyar esta iniciativa que hubiera generado mayor transparencia y rendición de cuentas no solo en la entidad sino en todo México. Y en un intento de retomar la agenda política anticorrupción, un sector del Senado de la República decidió que los empresarios o cualquier otra persona que realiza transacciones con el gobierno debe de presentar también estas declaraciones para evitar cualquier acto de corrupción.

Siendo honestos, no tenemos la certeza de que esta propuesta de ley será un parteaguas en la historia de México; y antes de seguir aprobando y discutiendo leyes, es imprescindible que la clase política mexicana, los empresarios y la sociedad civil en general aprendamos a respetar la ley y fortalecer el Estado de Derecho. De otra manera, solo estaríamos perpetuando un estado de simulación en el que todos hacemos como que respetamos la ley y al mismo tiempo, buscamos la forma de darle la vuelta con todo y los programas de responsabilidad social que nos invitan a que hagamos las cosas bien.

Hoy en día, Nuevo León es el único estado de la República que es gobernado por un “independiente” y que, en teoría, debería generar estrategias disruptivas anti corrupción que permitieran refundar las estructuras no solamente de gobierno sino también de la sociedad que esta cansada y lastimada por los innumerables casos de impunidad.

Jaime Rodríguez y los hombres y mujeres que son parte de su administración, tienen la oportunidad de pasar a la historia como los visionarios que sentaron un precedente contra la corrupción y la rendición de cuentas o como políticos cuyas palabras se las lleva el viento.

* El autor es politólogo por el Tecnológico de Monterrey; consultor político de la firma internacional Global Nexus y cursa sus estudios de posgrado en la Universidad de Wisconsin.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.