Monterrey

Perspectivas y realidades: La importancia de las expectativas en el desempeño económico.

OPINIÓN. El contar con menores ingresos fiscales por parte del sector petrolero involucran ajustes esperados a la baja en el gasto del gobierno federal, menor inversión pública, y por tanto menor crecimiento en la productividad.
OPINIÓN
ACADÉMICA

UANL

JORGE O.
MORENO
TREVIÑO
15 abril 2016 9:56 Última actualización 15 abril 2016 10:3
Jorge O. Moreno

Jorge O. Moreno

Por segunda vez en este año 2016 el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha ajustado a la baja las expectativas de crecimiento para la economía mundial, así como ha incrementado las perspectivas de presiones en la inflación esperada a nivel global. En el Informe de Perspectivas de la Economía Mundial (World Economic Outlook, WEO) se pronostica que la economía mundial crecerá a un ritmo del 3.2 por ciento en 2016 y del 3.5 por ciento en 2017, lo que representa una revisión negativa del 0.2 por ciento y el 0.1 por ciento, respectivamente, en comparación con la actualización del mes de enero del presente año.

Entre estos ajustes anunciados, en el caso de México, para 2016 el pronóstico se redujo de 2.6 por ciento a 2.4 por ciento, reduciéndose 0.2 por ciento; mientras que para el próximo año 2017 el ajuste fue de 0.3 por ciento para pasar de 2.9 por ciento a 2.6 por ciento; un nivel lento pero aún positivo y muy superior al resto de la región de América Latina y El Caribe donde se espera una contracción de 0.5 por ciento en 2016.

Es natural preguntarse cómo estas expectativas globales y locales se traducen hoy en efectos tangibles para nosotros, y los mecanismos que hacen que estas señales sobre perspectivas se transmitan y afecten el desempeño de la economía nacional. Este mecanismo está fundamentado en una de las ideas centrales de la ciencia económica contemporánea: la hipótesis de expectativas racionales.

Originalmente propuesta por John Muth en 1961 para el estudio de los precios agrícolas, pero posteriormente desarrollada y estudiada por Robert Lucas (Premio Nobel, 1995) para entender los fundamentos de los equilibrios macroeconómicos y financieros, la idea detrás de expectativas racionales radica en que todos nosotros, agentes económicos, en nuestros respectivos papeles de consumidores, inversionistas, empresarios, trabajadores, agricultores, y tomadores de decisiones, al buscar tomar la mejor elección, adquirimos toda información disponible sobre el futuro. Al integrar esta información sobre la incertidumbre que enfrentamos, nuestras decisiones no reportan pérdidas ni ganancias sostenidas en el tiempo, esto es, no cometemos errores o aciertos “sistemáticamente”. Así, al sumar el colectivo de decisiones, el resultado global observado coincide con el valor que se esperaba sucediera inicialmente.

De esta forma, por ejemplo, en un estudio clásico desarrollado por Thomas Sargent (Premio Nobel, 2011) y Neil Wallace, si los consumidores esperan que haya mayor inflación en un futuro, los ajustes presentes en sus comportamiento hacen que los precios comiencen a ajustarse a la alza inmediatamente, llegando a los niveles esperados futuros desde antes. De esta forma, los instrumentos de política monetaria, fiscal, y financiera, tienen un margen de acción mucho más limitado, restando al gobierno poder de acción para modificar el desempeño económico.

Para el caso de la economía mexicana, los ajustes negativos en sus expectativas de crecimiento obedecen a tres fuerzas externas: la caída del precio del petróleo, el debilitamiento del sector industrial estadounidense, y el incremento en las perturbaciones financieras.

Primero, el contar con menores ingresos fiscales por parte del sector petrolero involucran ajustes esperados a la baja en el gasto del gobierno federal, menor inversión pública, y por tanto menor crecimiento en la productividad; esto reduce la inversión y el crecimiento de las empresas desde hoy.

En segundo lugar, un debilitamiento del sector industrial norteamericano reduce la demanda de ésta economía por insumos y productos nacionales, lo cual hace que las empresas ajusten negativamente su producción desde hoy para contar con los inventarios necesarios para hace frente a esta nueva realidad. Finalmente, el incremento en las perturbaciones financieras internacionales introduce mayor incertidumbre y las expectativas de contagio entre países, y ante la mayor volatilidad esperada, se incrementan las tasas de interés y presionan a la alza los niveles de inflación local.

No obstante, México cuenta con otras herramientas de política complementarias a las tradicionales que permiten reducir el impacto de estas expectativas negativas, como por ejemplo, las complejas reglas control de riesgo bancario contenidas en los Criterios de Basilea III, las cuales reducen las presiones de las expectativas de riesgo de contagio internacional, y por tanto, las presiones derivadas de esta volatilidad sobre la inflación.

* Doctorado en Economía en la Universidad de Chicago. Es Profesor-Investigador de la Facultad de Economía de la UANL y miembro del SNI-CONACYT Nivel 1.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.