Monterrey

Los Superhéroes

Opinión.  Que si quisiéramos, nada más hace falta descarrilar los trenes para hacernos de productos de primerísima necesidad, como pantallas planas u otros electrodomésticos? O lo que es lo mismo: ¿Queremos gobernantes superhéroes (léase que tienen su ego y ambición a su máxima expresión) como Trump, AMLO y en su momento, Chávez?
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MIGUEL MORENO TRIPP
​morenotrip@gmail.com.mx
31 octubre 2016 9:8 Última actualización 31 octubre 2016 12:45
Miguel Moreno Tripp

Miguel Moreno Tripp

¿Se ha dado cuenta de la cantidad de superhéroes que andan pululando por ahí? Es toda una industria la que gira alrededor de esa temática. Se origina en Estados Unidos, pero son aceptados
universalmente. Es sintomático que si tomamos a Marvel como el creador original comienza a finales de los años 30, justo a finales de la gran recesión. La temática básicamente es la misma: si un malvado maloso amenaza con acabar con la humanidad, alguien -lo más probable es que ataviado con un peculiar disfraz que sigue la moda de usar la ropa interior por fuera- nos viene a salvar.

Por más sufrimiento que haya, no hay problema ya que el sufrir siempre está calculado para que concluya a tiempo el programa de TV (con todo y comerciales) o la película acabe a tiempo.

No solo es una moda americana, sino que por acá tenemos nuestra propia industria de la solución de problemas por alguien más por la vía de las telenovelas. El galán de moda salvará a la damisela que sufre y sufre y no para de sufrir por hartos capítulos que se alargarán o
acortarán de acuerdo a la respuesta del público, pero especialmente de los patrocinadores. Si gusta, denle más motivos para sufrir a la damisela.

Todo eso está bien, siempre y cuando se limite a la pantalla de la TV o al cine. El problema es cuando se transporta a la realidad y entonces nos esperanzamos a que alguien venga y nos solucione los
problemas que nos aquejan como sociedad. Sin duda la lucha contra el crimen organizado tiene que dejarse en manos de quienes pueden hacerle frente, tanto por que cuentan con equipamiento y entrenamiento, pero también porque tienen el respaldo de la fuerza del estado que, por conducto del ejército, marina, policía federal, estatal y municipal (seguramente hay muchos que no son corruptos) se hace presente y cumple con uno de sus mandatos. Otros temas también se tienen que dejar en manos de especialistas como lo hemos mencionado
con anterioridad. Pero no mucho más.

Hay dos grandes caminos. El del “denme porque me lo merezco” o el
“déjenme trabajar porque me lo quiero ganar con mi propio esfuerzo”.

¿Qué camino queremos? ¿realmente queremos una persona o figura que nos resuelva toda la existencia? ¿que nada más estiremos la mano y nos dé “porque es nuestro derecho”? ¿necesitamos al rayito de esperanza que nos conceda no pagar la luz; que si fuéramos dizque
maestros no diéramos clases de por sí y si llegáramos a asistir al aula, nos autorecetemos puentes de una semana en los estados más pobres; que si quisiéramos, nada más hace falta descarrilar los trenes para hacernos de productos de primerísima necesidad, como pantallas planas u otros electrodomésticos? O lo que es lo mismo: ¿Queremos
gobernantes superhéroes (léase que tienen su ego y ambición a su máxima expresión) como Trump, AMLO y en su momento, Chávez?

O queremos que cada quien, desde su trinchera, jale y nos dejen jalar. Pagar nuestros impuestos, pero que los demás también lo hagan y que las autoridades cumplan a cabalidad su obligación de recaudar a todos y vigilar que no dejen deudas del tamaño de Nuevo León, Veracruz, Coahuila, Chihuahua y Quintana Roo. No se vale que se den cuenta hasta que el niño está ahogadísimo al final de cada sexenio.

¿Qué tal que no nos atenemos a comprobar que el Presidente no se levanta a joder a México y en vez de eso nos ponemos a crear fuentes de trabajo productivo y bien remunerado? La única ayuda con la que realmente contamos la tenemos cada uno al final de nuestros propios brazos: A darle que para eso tenemos manos.

El autor es Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane; cuenta con la Maestría en Alta Dirección de Empresas, en el IPADE. Se desempeñó como Director General de entidades del área Internacional en Santander Serfin. Es Director del programa OneMBA y tiene su
Despacho asociado con Crowe Horwath para proporcionar asesoría en temas de Finanzas Corporativas. 

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.