Monterrey

Lástima Margarito

OPINIÓN. La propuesta de la Casa Blanca de reducir la tasa impositiva corporativa del 35 por ciento al 20 por ciento y sin que el presente sea considerada como una asesoría fiscal, se antoja que va a ser un evento de enorme trascendencia para México... y el mundo.
WIKILITICO
​Miguel Moreno Tripp
morenotrip@ gmail.com.mx
13 noviembre 2017 8:48 Última actualización 13 noviembre 2017 8:48
Miguel Moreno Tripp, Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane.

Miguel Moreno Tripp, Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane.

Probablemente se acuerde del personaje que participaba en concursos semana a semana y siempre acababa perdiendo. Ojalá que no nos pase lo mismo, no por culpa de los de afuera, sino de nosotros mismos.

La propuesta de la Casa Blanca de reducir la tasa impositiva corporativa del 35 por ciento al 20 por ciento y sin que el presente sea considerada como una asesoría fiscal, se antoja que va a ser un evento de enorme trascendencia para México... y el mundo.

De hecho, casi podríamos decir que la renegociación -y permanencia- del TLC pasa a un plano secundario.

De acuerdo a Santander, los impuestos cobrados a las empresas americanas aportan el 10 por ciento del ingreso recaudatorio en dicho país, mientras que las personas físicas aportan el 50 por ciento. Además, comentan que buena parte del hueco que crearía este plan, puede ser subsanado aunque se menciona que se generaría un déficit de 1.5 trillones de dólares a lo largo de 10 años. Esa cifra, para ponerla en perspectiva, es el equivalente al PIB de México. De plano, es otra realidad la que viven los vecinos del norte.

Por otra parte, Héctor García, experto fiscalista de Gossler, apunta que Estados Unidos se volvería un paraíso fiscal ya que el criterio para que una entidad se considere paraíso fiscal, es que su tasa impositiva fuera menor al 75 por ciento de la tasa en México. Además, intente obtener información de alguien que tenga cuenta en ese país: buena suerte. ¿Quién lo dijera?

García también menciona que ciertamente México pudiera bajar la tasa a un 28 por ciento para evitar la clasificación mencionada, cuyos efectos serían que dispararía criterios de pago de impuestos año a año en vez de solamente cuando se repartieran dividendos. Eso sería un mecanismo defensivo. Afortunadamente, aunque sea por el momento, el Congreso reviró y aparentemente aplazaría la medida un año más dando un cierto respiro.

Claro que se podrían tomar otras medidas en México. Lástima que se nos atraviesa el aspecto político en contra del bien común para México.

Habría dos posibilidades: un impuesto al consumo, que pague más quien consuma más. Se escucha bien ¿verdad? Si pero se trata del IVA generalizado y ahí sí, se envuelven pretendiendo hacerla de Niños Héroes, (bueno sin aventarse ni siquiera de sus castillos en el aire porque no vaya a ser que se raspen) quezque para defender al pueblo.

La otra posibilidad es que a las malvadas empresas que solamente atentan contra la dignidad de los pobres trabajadores pagándoles sueldos de miseria, les redujeran impuestos para hacerlas competitivas y que, en última instancia, mantuvieran las fuentes de trabajo: esas de las que los políticos, en su vida han generado un solo empleo que sea productivo.

En fin, no tenemos una mentalidad competitiva que nos permita como país hacerle frente a los cambios en el entorno y todo por unos cuantos vividores que nada más están a la caza de alguna rendija para sacar raja política. Ellos están en su papel de perpetuarse cobrando las prerrogativas y por si fuera poco nos ven en el papel del personaje Margarito. ¿Hasta cuándo los aguantamos?

El autor es Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane; cuenta con la Maestría en Alta Dirección de Empresas, en el IPADE. Se desempeñó como Director General de entidades del área Internacional en Santander Serfin. Es Director del programa OneMBA y tiene su Despacho asociado con Crowe Horwath para proporcionar asesoría en temas de Finanzas Corporativas.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.