Monterrey

Inflación, tasa de interés, y tipo de cambio: lo macro y lo micro

OPINION. En México, a partir de esta crisis internacional, el banco central ha cuidado la estabilidad del sistema financiero garantizando que la inflación se mantenga controlada.
UANL Opinión
AcadÉmica
Jorge O. Moreno
28 diciembre 2015 10:35 Última actualización 28 diciembre 2015 10:47
Jorge O. Moreno

Jorge O. Moreno

Dos noticias económicas han encabezado los principales editoriales financieros en los medios nacionales durante las últimas semanas: el reajuste del tipo de cambio, particularmente encareciendo el dólar norteamericano con respecto al peso mexicano, y la reciente alza en las tasas de interés por parte de la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED, en adelante), y posteriormente el anuncio de la misma medida implementada por el Banco de México.

¿Cuál es la lógica detrás de estos ajustes de variables que son consideradas fundamentales en una economía? ¿Cómo estos ajustes macroeconómicos se traducen en un impacto directo en nuestro bienestar?

A partir de la grave crisis financiera de 2008, en Estados Unidos la FED había mantenido una política monetaria enfocada en suavizar la caída y contrarrestar la recesión observada en la actividad económica, fomentando el crecimiento nacional a través de facilitar y ampliar el crédito doméstico (Quantitative Easing). Esta política consistió en dos medidas financieras poco ortodoxas: por una parte, sanear los pasivos del sistema inyectando liquidez en el corto plazo a los intermediarios financieros, particularmente en la banca comercial y de inversión, y por otra parte, estimular la inversión y el crédito manteniendo una tasa de interés muy baja en su valor nominal, y negativa en términos reales, que hiciera atractivo el consumo y rentable la inversión local.

En México, a partir de esta crisis internacional, el banco central ha cuidado la estabilidad del sistema financiero garantizando que la inflación se mantenga controlada y cercana al nivel del 4 por ciento, y permitiendo ajustes moderados en el tipo de cambio, entrando al mercado para inyectar liquidez cuando la incertidumbre de corto plazo dispara el precio del dólar e introduce ruido innecesario en la economía local.

No obstante, las condiciones adversas en el entorno internacional sumado a las bajas expectativas en el desempeño de la economía mexicana debido a que las reformas implementadas no han derivado en cambios significativos y perceptibles, han fomentado un crecimiento en las expectativas inflacionarias, mismo que se ha traducido en la depreciación del peso más importante en los últimos años.

El ajuste cambiario tiene dos caras: por una parte, encarece el valor de la deuda contraída en dólares y el consumo realizado en el extranjero, pero también, fomenta las exportaciones locales, fortaleciendo la competitividad de México en el entorno internacional y creando empleos necesarios en el actual contexto de falta de crecimiento.

Sin embargo, el crecimiento sostenido en los precios de todos los bienes y servicios (esto es, la inflación) es un fenómeno que equivale a un impuesto el cual erosiona el poder de compra del ingreso de los consumidores y hogares. En múltiples estudios se ha demostrado que esta pérdida de valor es mayor en aquellos individuos que carecen de instrumentos financieros para proteger su ingreso, y por tanto, es en realidad un impuesto regresivo: afecta más a quienes menos tienen.

Ante la disyuntiva de permitir que la inflación siga avanzando y el tipo de cambio depreciándose, y como respuesta a la política Implementada por la FED, Banxico optó por incrementar la tasa de interés de referencia, encareciendo y restringiendo el acceso al crédito localmente.
Así, en el actual contexto y como respuesta a todos los cambios financieros internacionales y las políticas macroeconómicas implementadas localmente, los hogares mexicanos enfrentan tres impactos directos y perceptibles sobre su presupuesto: una alza en la tasa de inflación, una depreciación en el tipo de cambio que encarece sus compras decembrinas, y un incremento en las tasas de interés que deben pagar por sus pasivos contraídos en forma de crédito durante estas fechas.

Por todo lo anterior, el mejor consejo sobre la manera de enfrentar estos cambios es evitar llegar con una pesada carga financiera a la “cuesta de enero” a través de ejercer prudencia en los gastos, reducir los costos de los pasivos de crédito (particularmente en forma de tarjetas), y crear un fondo de ahorro para contingencias. De esta forma, la planeación y previsión financiera son nuestras mejores herramientas para comenzar un nuevo año.

Finalmente, deseo que estas fiestas navideñas sean llenas de paz y felicidad, y que este nuevo año 2016 traiga prosperidad en cada nuevo proyecto que decidan emprender. ¡Muchas Felicidades!

* Jorge O. Moreno Treviño, Doctorado en Economía en la Universidad de Chicago. Es Profesor-Investigador de la Fa- cultad de Economía de la UANL


Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.