Monterrey

El regreso a clases y el maleficio del corto plazo

OPINIÓN. En otros ámbitos, también he sido testigo de procesos de establecimiento de objetivos anuales, por ejemplo, incrementar ventas, reducir costos, aumentar la participación de mercado, disminuir la cartera vencida, incrementar la productividad, todos ellos a ser alcanzados en el tiempo acordado, nuevamente, objetivos a corto plazo.
Humberto Guevara | Opinión Académica
15 agosto 2016 13:6 Última actualización 15 agosto 2016 13:6
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(Cuartoscuro)


No cabe duda que un nuevo comienzo representa oportunidad renovadas para alcanzar nuestros objetivos; sin embargo, si período tras período repetimos el proceso llegaremos a los mismos resultados. Semestre tras semestre he sido testigo de la euforia que genera el comienzo de un nuevo ciclo escolar.

Los alumnos regresan con “pilas recargadas” dispuestos a convertir el semestre en una oportunidad más en la que “ahora sí” lograrán los objetivos trazados. “Este semestre me irá mejor”, “obtendré mayores calificaciones”, “no reprobaré”, “seré puntual”. Más allá de si logran sus objetivos, este proceso implica establecer objetivos a corto plazo.

En otros ámbitos, también he sido testigo de procesos de establecimiento de objetivos anuales, por ejemplo, incrementar ventas, reducir costos, aumentar la participación de mercado, disminuir la cartera vencida, incrementar la productividad, todos ellos a ser alcanzados en el tiempo acordado, nuevamente, objetivos a corto plazo.

Es interesante observar cómo, procesos tan importantes como la educación y los planes estratégicos de las empresas, son implementados, operados y principalmente evaluados en períodos menores a un año o máximo un año. Condicionando el establecimiento de objetivos a la realización de acciones que impactan el corto plazo.

La toma de decisiones en los mercados financieros no está exenta del fenómeno anterior. La constante controversia relacionada a la supremacía del análisis fundamental sobre el análisis técnico o del técnico sobre el fundamental, en cuanto al establecimiento de criterios que justifican una decisión de compra o venta, no son más que el resultado de la frecuencia o duración del período de evaluación de desempeño.

Pienso que los procesos de evaluación de portafolios que implican rendición de cuentas a corto plazo provocan que los administradores se vean forzados a tomar utilidades o limitar pérdidas, para dar una buena cara del portafolio que manejan, aún y cuando el análisis fundamental pueda llevar a decisiones contrarias. Lo que importa es alcanzar el objetivo a corto plazo.

Si bien es cierto que el largo plazo está compuesto de cortos plazos, es importante introducir indicadores o procesos que evalúen los resultados o desempeño en períodos mayores. De esta manera, los tomadores de decisiones basarán las mismas no sólo en objetivos a corto plazo sino en el impacto de éstas en el largo plazo; aún y cuando en pocos meses puedan estar sentados frente a sus jefes explicándoles sus resultados del mes, del trimestre o del año. La evaluación del desempeño no sólo ponderará los resultados del período, sino también el impacto de éstos en el futuro, sin perder de vista el plan estratégico.

En la medida en que continuemos privilegiando la evaluación de desempeño a corto plazo sin ver su impacto a largo plazo, seguiremos viendo estudiantes de primer semestre cuyo principal objetivo en la clase de cálculo diferencial sea pasar la materia, en estadística… pasar la materia, en economía… pasar la materia y serán los menos quienes buscan aprender economía, estadística y cálculo para conformar un portafolio de inversiones ubicado en la frontera eficiente. Seguiremos viendo administradores de portafolio que toman decisiones basadas en si el precio rompió el soporte o la resistencia y no en la generación futura de valor.

Imagine cómo sería México si TODOS nuestros estudiantes establecieran objetivos a largo plazo y estuvieran conscientes de la importancia de cómo los cursos de cada semestre contribuyen en su formación profesional y personal. Imagine cómo sería México si la obra pública se realizara pensando en el beneficio que generará sin importar quién sea quien la inaugure.

Imagine un México en el que a las personas se les evalúe conforme a su contribución en la generación futura de valor y no únicamente en el resultado inmediato. Imagine un México en el que los extranjeros apuesten por nuestro país a largo plazo, en el que la inversión directa represente más del 80% de la inversión extranjera y no como en el 2014 en el que la inversión a corto plazo representó el 63%, de acuerdo a cifras del Banco de México. Imagine cómo sería México sin el maleficio del corto plazo.

*El autor es es profesor del Departamento Académico de Contabilidad y Finanzas del Campus Monterrey. Su correo es humberto.guevara@itesm.mx

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.
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