Monterrey

El paradigma de la empresa familiar

OPINIÓN. Requiere que a nivel de familia se trabaje arduamente (especialmente al paso de las generaciones) en mantener e incrementar la unión, esperanza, confianza y compromiso entre sus miembros.
EMPRESAS
FAMILIARES

ROSA NELLY
TREVINYO
RODRIGUEZ
01 junio 2016 9:37 Última actualización 01 junio 2016 9:42
Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez

Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez

En la cultura latina, la herencia es percibida como un derecho innato de las siguientes generaciones. Tanto es así, que los padres y los propios hijos tienen—consciente o inconscientemente—, la expectativa de dar y recibir fortuna (y poder). Y es que pareciera que el lazo consanguíneo implica per se una obligación patrimonial (y de privilegios).

Evidentemente, cuando hablamos de por qué se acaban las empresas familiares, razones hay muchas…Comenzando por los temas familiares-emocionales—i.e. rivalidades entre los miembros de la familia, falta de objetividad en la toma de decisiones empresariales; pasando por la falta de planificación patrimonial—i.e. no realizar testamento; no planificar la sucesión; y terminando con la falta de profesionalización e institucionalización (entre otras). Sin embargo, la principal y más importante razón es que no cambiamos, ni preparamos a las siguientes generaciones para que rompan el Paradigma de la Empresa Familiar.

Un paradigma es un patrón de conducta que se interioriza—en base a lo visto y aprendido—y se sigue continuamente. En este sentido, el Paradigma de la Empresa Familiar tiene que ver con la percepción—tanto de los padres como de los hijos—de que la herencia es un derecho inherente (es mío; lo merezco), y no una obligación ganada (es nuestro; lo hemos creado y simboliza un compromiso entre generaciones).

Y es que, existe la creencia, de que el negocio que heredamos debe darnos—porque así lo merecemos—para que vivamos (…y bien) todos—independientemente del número de miembros de la familia que seamos. Obviamente, en este escenario donde la familia crece exponencialmente y la empresa aritméticamente, no hay empresa familiar que aguante—por más noble y rentable que sea.

Y entonces, ¿qué hacer?...Para empezar, cambiar el paradigma actual de la empresa familiar. Hay que crear un nuevo paradigma que impulse a los hijos no sólo a ser merecedores, sino también generadores de riqueza—es decir, a que emprendan; a que agreguen valor al patrimonio. Hay que convertirnos en familias empresarias: Familias que crean nuevos negocios y gestionan patrimonios empresariales a lo largo de las generaciones.

Lo anterior implica que las siguientes generaciones estén preparadas para emprender dentro o fuera del negocio; se preparen para ser buenos consejeros y/o accionistas del negocio original, y mantengan el orgullo y la tradición que conlleva ser parte de la familia propietaria. De la misma forma, requiere que a nivel de familia se trabaje arduamente (especialmente al paso de las generaciones) en mantener e incrementar la unión, esperanza, confianza y compromiso entre sus miembros.

La transición de un paradigma a otro—del paradigma que ve a la empresa familiar como medio para obtener ingresos (exprimir el negocio); a la empresa familiar como plataforma multigeneracional para crear nuevos negocios y gestionar patrimonios empresariales (ser generadores de riqueza)—es el patrón de desarrollo y evolución que permitirá no sólo la supervivencia del negocio, sino también la creación de un patrimonio familiar multigeneracional.

¡Hay que cambiar el chip!

* La autora es socia de Trevinyo-Rodríguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Minero, Petrolero y de Retail.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.