Monterrey

De la "dictadura perfecta" a nuestra democracia imperfecta

OPINIÓN. Hoy, a 16 años de la transición a la democracia en México, los valores de la llamada “dictadura perfecta” no solo nos amenazan, sino que están más vivos que nunca en nuestra democracia imperfecta.
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SERGIO
LÓPEZ
RAMOS
24 mayo 2016 9:54 Última actualización 24 mayo 2016 10:11
Sergio  López Ramos

Sergio López Ramos

Por décadas, México luchó por ser un país democrático con instituciones y con ciudadanos lo suficientemente responsables para vivir y practicar una serie de valores esenciales como la libertad, la justicia, la tolerancia y la igualdad. Gracias al esfuerzo y trabajo de hombres y mujeres como Rosario Ibarra y Luis H. Álvarez; nuestro país cuenta con instituciones que corresponden a un sistema democrático. Desafortunadamente, estas instituciones no han incentivado que los ciudadanos estemos convencidos y practiquemos los valores democráticos que son indispensables para vivir en comunidad.

La iniciativa del Presidente Peña de legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo, reconocer su derecho de adoptar hijos y darle reconocimiento legal a los transexuales, debe ser valorada como el reconocimiento a una larga batalla por los derechos LGBT. Sin embargo, es decepcionante leer las opiniones de miles de ciudadanos en redes sociales y en otros medios sobre su desaprobación y desconcierto por esta propuesta de ley.

Pareciera que muchos neoloneses solo quieren elegir a sus gobernantes, pero no comulgan con la idea de que el Estado puede y debe ampliar los derechos que les corresponden a los grupos marginados en el país. Los adjetivos calificativos abundan en una sociedad bastante escasa de empatía y de solidaridad con aquellos que son “diferentes.” Queda claro que, el cambio de partido en el gobierno de Nuevo León y de México, no se ha traducido en un cambio en la cultura ciudadana.

Para Agustín Basave, la democracia en México tiene tres tareas pendientes: la democratización regional, la incorporación de la izquierda como opción real de poder y la introducción de instrumentos de democracia participativa. Me atrevería a proponer una cuarta tarea pendiente: la necesidad de vivir y practicar los valores de una cultura democrática.

Sin tolerancia, dialogo y respeto al otro, nuestra democracia corre el riesgo de comenzar y terminar en las urnas cada 3 años. Necesitamos que las nuevas generaciones de neoloneses y mexicanos asuman el compromiso de practicar los valores de una democracia del siglo XXI.
Así como Álvarez e Ibarra lucharon y construyeron una democracia electoral, es tarea indispensable construir una nueva etapa de nuestra democracia en la que se elimine la homofobia, la violencia contra la mujer, y la desigualdad económica y social.

José Martí escribió en su texto “Nuestra América” que el problema de la independencia de las colonias americanas de España no era el cambio de formas, sino el cambio de espíritu y que, a pesar de la consumación de la independencia, la colonia continuó viviendo en las nuevas repúblicas.

Hoy, a 16 años de la transición a la democracia en México, los valores de la llamada “dictadura perfecta” no solo nos amenazan, sino que están más vivos que nunca en nuestra democracia imperfecta. Datos del Informe de Crímenes de Odio por Homofobia de la organización civil “Letra Ese;” señalan que entre 1995 y el 2015 fueron asesinados mil 310 mexicanos por homofobia. En este lapso, han sido asesinados 81 homosexuales, transexuales y lesbianas en Nuevo León, ubicando a nuestra entidad como el cuarto estado con mayor número de asesinatos y crímenes de odio por homofobia.

En estos cincos años de administración estatal, sabremos con acciones si el gobierno decide ser independiente de los ciudadanos o de las costumbres de la “dictadura perfecta”.

* El autor es politólogo por el Tecnológico de Monterrey; consultor político de la firma internacional Global Nexus y cursa sus estudios de posgrado en la Universidad de Wisconsin.


Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.