Monterrey

Autonomía vs. alineación: La encrucijada del Banco de México

OPINIÓN. Podría representar una mala señal para nosotros como ciudadanos en términos de la autonomía del Banco Central en la toma de decisiones trascendentales para el funcionamiento del sistema económico,
OPINIÓN
ACADÉMICA
UANL

JORGE O.
MORENO
TREVIÑO
04 marzo 2016 10:10 Última actualización 04 marzo 2016 10:19
Jorge O. Moreno Treviño

Jorge O. Moreno Treviño

Hace un par de semanas, en un evento poco común de observar, las dos autoridades financieras del país, representadas por el Secretario de Hacienda, Luis Videgaray, y el Gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, rindieron una rueda de prensa para informar las medidas de política pública que habrían de implementarse para garantizar el funcionamiento correcto de la economía mexicana, minimizar los efectos del riesgo de contagio internacional y proveer la estabilidad necesaria al sistema financiero.

Por una parte, la SCHP se comprometió a controlar su déficit fiscal reduciendo los niveles de gasto público corriente, y de esta forma, esta disciplina permita aminorar la presión que la emisión de más deuda pública podría tener sobre el mercado de crédito. Por contraparte, Banxico anunció el incremento en medio punto base de la tasa de interés que sirve como referencia de la política monetaria para ubicarla en 3.75 por ciento, lo anterior para reducir la fuerte presión en la depreciación observada en el tipo de cambio como resultado del incremento en el diferencial entre la inflación esperada de México con respecto a Estados Unidos, así como las presiones de los cambios en otras divisas internacionales.

Esta aparente alineación entre objetivos de política monetaria y política fiscal, no obstante, podría representar una mala señal para nosotros como ciudadanos en términos de la autonomía del Banco Central en la toma de decisiones trascendentales para el funcionamiento del sistema económico, en particular de los mecanismos de intervención en el mercado cambiario.

La autonomía del Banco Central es uno de los pilares de una economía de mercado desarrollada, necesaria para garantizar que la estabilidad en los precios a través del control de la inflación, el buen funcionamiento del sistema financiero, y la estabilidad en los mercados cambiarios, sean independientes de los ciclos políticos y del gobierno en turno. Y es que, a pesar de que está demostrado que el famoso paradigma de la “Curva de Phillips”, esto es el intercambio de corto plazo entre inflación y desempleo, es un fenómeno que históricamente se rechaza como resultado de las expectativas racionales de los agentes, aún existe en la mente de muchos de nuestros políticos la idea de usar la inflación como un instrumento para generar empleo, y depreciar el valor de la deuda pública como resultado de un menor valor del dinero. Esto es, existe la tentación de usar la capacidad del Banco Central y su instrumento de “señoreaje” en la emisión de dinero, para crear un impuesto inflacionario el cual se ha demostrado es “regresivo” al afectar en mayor proporción a las familias de escasos recursos que carecen de instrumentos para proteger el valor de su ingreso.

Hasta ahora, el mandato de Banco de México, es decir, sus objetivos como institución pública, son garantizar la estabilidad en los precios, el sistema financiero, y el tipo de cambio. Estas funciones dependen de manera importante en la confianza depositada en esta institución, y de que las autoridades ejercerán con autonomía las medidas pertinentes para preservar dicho mandato, independientemente de los intereses del gobierno federal en turno.

Sin embargo, como en toda relación, la confianza que se ha construido durante años puede verse mermada si se percibe que dicha autonomía se ve amenazada. Un ejemplo de esto lo representa el cambio en los mecanismos de ajuste para enfrentar amenazas en la depreciación del tipo de cambio. Si bien la teoría ortodoxa dicta que el tipo de cambio no debe ser intervenido, hasta antes de los cambios anunciados Banxico reducía las presiones cambiarias a través de un mecanismo de subastas que inyectaban liquidez cuando la depreciación alcanzaba desviaciones que fueran percibidas como extraordinarias. No obstante, este mecanismo ha sido abandonado para dar pie a una política de intervención más discrecional, en función de lo que acuerde la comisión de tipo de cambio, y en la cual el Secretario de Hacienda preside teniendo voz y voto.

Esta nueva política cambiaria discrecional y relativamente más “acomodada” a los intereses del gobierno federal, en conjunto con otros cambios resultado de la recientemente implementada reforma financiera enfocadas en el potencial control de los canales de crédito bancario, introducen ruido innecesario y una percepción de intervención en el mercado financiero. Esperemos que la sana distancia prevalezca de Banco de México, y que la autonomía siga garantizando la estabilidad que ha distinguido a nuestro país como uno de los líderes a nivel internacional en términos de regulación financiera y control inflacionario.

* Doctorado en Economía en la Universidad de Chicago. Es Profesor-Investigador de la Facultad de Economía de la UANL y miembro del SNI-CONACYT Nivel 1.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.