Año Electoral II
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Monterrey

Año Electoral II

OPINIÓN. De acuerdo con la teoría del ciclo político económico, los gobiernos en el poder tienden a tomar medidas para mejorar las condiciones económicas en tiempos electorales para de esta manera influir en el sentimiento de la población y aumentar sus probabilidades de victoria en los comicios.

OPINIÓN ACADÉMICA UANLCesáreo Gámez
19/01/2018

En la entrega anterior comentábamos sobre el efecto que tienen las elecciones en la economía. De acuerdo con la teoría del ciclo político económico, los gobiernos en el poder tienden a tomar medidas para mejorar las condiciones económicas en tiempos electorales para de esta manera influir en el sentimiento de la población y aumentar sus probabilidades de victoria en los comicios.

Muy frecuentemente, el principal vehículo para “mejorar” la economía es el aumento del gasto público, en especial el llamado gasto visible; esto es, el que es directamente perceptible por los posibles electores.

No hay que olvidar que el gasto público es ingreso de alguien y que, ciertamente, aumentar los ingresos de la población, o parte de ella, es una manera efectiva de incrementar la popularidad del partido en el poder.

Este incremento del gasto se transmite a la actividad económica a través del “efecto multiplicador”, lo cual hace que los principales indicadores de actividad registren un crecimiento superior al promedio en tiempos electorales.

Sin embargo, este incremento en la actividad en el último año del sexenio, frecuentemente es seguido por una desaceleración, o contracción de la economía en el primer año del gobierno siguiente, lo que se conoce como “la maldición del primer año”.

Este patrón se observa más claramente en los sectores orientados al mercado interno, como la construcción, el comercio y ciertos servicios.

Lo anterior se observa en los principales indicadores de actividad en México, empezando por el producto interno bruto (PIB). En los últimos cuatro cambios de administración presidencial (de 1994 a 2103) el crecimiento del PIB ha sido superior al promedio en el último año de cada sexenio, y ha sido inferior en el primer año del gobierno siguiente.

El crecimiento promedio en el último año del sexenio en el periodo estudiado fue de 4.0 por ciento, mientras que el promedio en todo el periodo se ubicó en 2.6 puntos porcentuales. Esto cambia en el año siguiente, donde la “maldición” se hace presente, con un crecimiento negativo de -0.5 por ciento en el periodo considerado.

Este patrón es más pronunciado en el sector secundario, o industrial.

Este sector creció a una tasa de 3,1 por ciento en el primer año del periodo considerado, pero se desaceleró a una tasa negativa de -2.2 por ciento en el primer año de la administración siguiente.

Dentro del sector secundario, la actividad más afectada fue la industria de la construcción. La actividad de la construcción se incrementó en 7.5 por ciento en el año final del sexenio. Sin embargo, en el primer año de la administración siguiente, la actividad de la construcción se redujo en -7.3 puntos porcentuales.

La industria manufacturera también se comporta de acuerdo con el patrón establecido por el ciclo político económico. En el último año del sexenio, la actividad manufacturera creció a una tasa promedio de 4.4 por ciento, misma que se redujo a -1.5 por ciento en el primer año del gobierno entrante.

En el sector servicios, las actividades más afectadas son el comercio y los servicios de hotelería y alojamiento. La actividad comercial pasó de tasas de 8.5 a -1.2 por ciento en el cambio de administración, mientras que los servicios de hotelería pasaron de 4.8 a -2.6 por ciento en el periodo considerado.

Por lo pronto, en el corto plazo esto puede significar buenas noticias.

Habrá que observar el comportamiento del gasto público y de los sectores orientados al mercado interno para ver si se comportan como en el pasado.

SIGUE CRECIENDO LA INSEGURIDAD
La percepción de inseguridad en el país sigue alcanzando cifras récord.

Durante diciembre de 2017, tres cuartas partes (el 75.9 por ciento) de la población mexicana de 18 años y más consideraron que vivir en su ciudad es inseguro. Esto fue detectado en la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), realizada por el INEGI.

El dudoso honor de ser la ciudad más insegura del país corresponde a Reynosa, Tamaulipas. De acuerdo con la ENSU, el 95. 6 por ciento de los habitantes adultos de esa ciudad fronteriza manifestaron sentirse inseguros.

En Monterrey, el 71.4 por ciento de la población adulta manifestó vivir en condiciones de inseguridad.

El autor es economista dela UANL, con Doctorado en la Escuela de Graduados de Administración y Dirección de Empresas (EGADE) del ITESM. Es profesor de la Facultad de Economía de la UANL y miembro del SNI-Conacyt.

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Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.