Monterrey

Academia vs. Práctica

OPINIÓN. Indiscutiblemente, necesitamos que las nuevas generaciones sean capaces de hacer. Esto por definición es la “práctica”. Hacer las cosas bien y eficientemente. Los problemas mundiales y locales requieren de algo más que gente con discursos e ideas inaplicables.
OPINIÓN ACADÉMICA TECNOLÓGICO DE MONTERREY
Homero Zambrano
20 noviembre 2017 21:56 Última actualización 21 noviembre 2017 8:0
Homero Zambrano

Homero Zambrano

Usted, como padre de familia, seguramente ha escuchado la ya trillada mención a lo “práctico” en referencia a los planes de estudio para nuestros hijos. Ninguna institución se atreve a mencionar “teoría” sin el contrapeso obligado de “práctica”. Lo “teórico” es en el mejor de los casos, un mal necesario, a juzgar por el contexto en el que aparece mencionado casi siempre.

Indiscutiblemente, necesitamos que las nuevas generaciones sean capaces de hacer. Esto por definición es la “práctica”. Hacer las cosas bien y eficientemente. Los problemas mundiales y locales requieren de algo más que gente con discursos e ideas inaplicables. Pero de eso a hacerle el juego por diversión (o interés) al anti-intelectualismo, hay un tramo muy grande.

Va un ejemplo. En los 70’s, la metodología de valuación de opciones de Black y Scholes era una abstracción de esas que irritan con facilidad a los anti-intelectualistas. En la actualidad, es un “artículo de primera necesidad”, y tenemos más de 200,000 documentos que hacen mención a esa técnica, únicamente en el sitio web de la Securities and Exchange Commission, de Estados Unidos, en buena parte para efectos contractuales. ¿Qué hubiera pasado si algún directivo “pragmatista” hubiera ordenado a Fischer y a Myron dejar de lado sus “especulaciones”?

Desgraciadamente, un buen número de capitanes de empresa tienen la idea de que ellos son los únicos detentores de la visión estratégica (buzzword de clase, inaccesible para los demás). Ya en esta columna hice referencia al artículo “Why Are There More Psychopaths in the Boardroom?” de Psychology Today. Sobre la misma línea ahora refiero también a “The Disturbing Link Between Psychopathy And Leadership” de Forbes, nada más y nada menos. Por eso, la academia debe ser selectiva de las “sugerencias” de parte de esos líderes, porque los resultados no necesariamente favorecerán a la sociedad en su conjunto. Vaya, en ocasiones ni siquiera a la empresa. Para uno de muchos ejemplos tenemos a Televisa, que hasta tuvo que hacer un vergonzoso enroque.

Si la academia abdica de su liderazgo y deja de señalar las nuevas avenidas tecnológicas y sociales, corremos el riesgo como sociedad de estancarnos, o hasta retroceder. Ese es un escenario bien posible, dadas las características convincentes y hasta carismáticas de algunas personas como las que indicamos en el párrafo anterior. Son en casos las mismas que cantan loas a la innovación y a la creatividad, a la vez que desdeñan las áreas humanísticas y artísticas, que pueden proveer inspiración para crear e innovar en otras áreas. Son las mismas que carecen de autoridad moral en un sinnúmero de casos, como en Enron.

¿Cómo creer en liderazgos con intereses monetarios? ¿Cómo aceptar la imposición de planes de largo plazo de parte de quienes tienen como verdadera prioridad el corto plazo y la mezquindad? ¿Cómo creer a quienes tienen y refuerzan superestructuras jerárquicas su supuesto apoyo al desarrollo del pensamiento crítico? ¿Qué tipo de líderes se supone que necesitan en sus organizaciones?

No se trata de dar la espalda a las necesidades de las empresas. Se trata de establecer una comunicación clara, factual, y con consideración del largo plazo y de todos los stakeholders. Cada quien a asumir sus responsabilidades, y dejar las puerilidades como culpar a los profesores por las calificaciones de nuestros hijos, por ejemplo, desentendiéndonos de nuestros deberes en ello. Si la academia supuestamente no responde a las necesidades de la sociedad, debemos hacer un verdadero análisis de causa raíz: Muy seguramente veríamos que si las universidades se están convirtiendo en guarderías para “adolescentes” y los sistemas de evaluación docente en sus formas actuales, que son una especie de concurso de popularidad.

Entre otras cosas, debemos tener cuidado también como consumidores de ideas como las universidades “corporativas”. Indudablemente forman cuadros que inmediatamente reditúan a la organización, por su enfoque tan específico, en el corto plazo. Tienen el peligro de convertirse en una especie de “tienda de raya” de la educación. El individuo no tendrá mucho que hacer en otras empresas, especialmente fuera de su industria o sub-industria. Todo lo contrario a la flexibilidad que se nos ha hecho creer que necesitamos tener en el “mundo actual”, donde “la única constante es el cambio”, y a lo cual, es precisamente una verdadera universidad quien puede responder.

El autor es profesor del departamento Académico de Contabilidad y Finanzas del Campus Monterrey. Su correo electrónico es hzambranom@itesm.mx

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.