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¿Por qué se parece tanto la economía actual a la de la década de los 30? 

De acuerdo con un estudio de Morgan Stanley, la economía mundial tiene condiciones muy similares a las que se observaron en la década de 1930 y se corre el riesgo de repetir los mismos errores.
Bloomberg
17 junio 2016 12:7 Última actualización 17 junio 2016 14:10
Janet Yellen, presidenta de la Reserva Federal.

Janet Yellen, presidenta de la Reserva Federal.

Para entender el actual entorno de la economía global hay que retroceder 80 años.

Al igual que en la década de los años 30, el crecimiento se ve limitado como consecuencia de que las compañías están renuentes a gastar, expectativas inflacionarias a la baja y gobiernos que retiran los estímulos fiscales.

El detonante del malestar actual fue la crisis financiera, que dejó una pila de deudas y desapalancamientos en un contexto de regulaciones bancarias más estrictas que exacerban las presiones deflacionarias.

La situación es similar al tipo de conmoción que siguió a la depresión de los años 30, según un análisis de economistas de Morgan Stanley que dirigió Chetan Ahya en Hong Kong.

“Pensamos que el contexto macroeconómico actual presenta una serie de importantes similitudes con la década de 1930, y las experiencias de ese momento tienen especial relevancia para el presente”, escribieron.

“La similitud más importante entre los años 30 y el ciclo que inició en 2008 es que la conmoción financiera y los niveles relativamente altos de endeudamiento cambiaron la actitud del sector privado en relación con el riesgo y lo llevaron a concentrarse en la recomposición de sus balances”.

Como entonces, el resultado final podría ser un prolongado periodo de debilidad (económica) y menores expectativas de inflación, con el riesgo de que esos pronósticos de precios no tengan bases firmes.

El peligro es que los bancos centrales se apresuren a subir las tasas de interés o que los gobiernos reduzcan el gasto, todo lo cual desencadenaría una desaceleración aún mayor.

“Entre 1936 y 1937, el endurecimiento prematuro y drástico de las políticas (monetarias) derivó en una doble recesión en la economía de los Estados Unidos, un regreso a la recesión y la deflación en 1938”, escribieron los analistas.

“De manera similar que en el ciclo actual, las autoridades procedieron a endurecer la política fiscal cuando el crecimiento se recuperaba, lo que ha contribuido a una desaceleración de la economía en los últimos trimestres”.

MENORES EXPECTIVAS DE CRECIMIENTO GLOBAL

De todos modos, no todos los países se disponen a endurecer la política dado el pesimismo respecto del crecimiento global.

El Banco Mundial rebajó este mes su perspectiva de crecimiento global en tanto el gasto empresarial declina en las economías avanzadas, incluidos los Estados Unidos, mientras que a los exportadores de materias primas en los mercados emergentes les cuesta adaptarse a los bajos precios.

El Producto Interno Bruto (PIB) mundial crecerá 2.4 por ciento este año, un ritmo que no cambia desde 2015 y menos que el 2.9 por ciento que se había pronosticado en enero.

Estas perspectivas sombrías alientan el debate sobre cómo responden las políticas implementadas por los bancos centrales.

Un ejemplo es Estados Unidos, donde el aumento de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal (Fed) de diciembre, la primera en nueve años, despertó críticas en el sentido de que el incremento había sido prematuro dadas las escasas perspectivas de inflación.

El exsecretario del Tesoro de los Estados Unidos, Lawrence Summers, ha sostenido que la Fed no debe subir las tasas de interés mientras no tenga certezas respecto de la inflación.

Al mismo tiempo, los ministros de Hacienda de las principales economías del mundo prometieron en febrero que sus gobiernos harían más por impulsar la demanda; desde entonces, sin embargo, han sido los bancos centrales los que han seguido impulsando el crecimiento mediante la flexibilización monetaria.

Para evitar una nueva espiral descendente, los gobiernos tendrán que intervenir, según los analistas de Morgan Stanley.

“Activar la política fiscal, en especial en momentos en que la política monetaria sigue siendo flexible, podría llevar a un círculo virtuoso en el cual el sector empresarial aumente la inversión privada y sostenga la creación de empleo y el crecimiento del ingreso”, escribieron.