Mercados

Fondos se ponen optimistas y sacan su ‘guardadito’

Los inversionistas están poniendo dinero donde dicen que hay que invertir, pero la percepción alcista presenta un gran riesgo para los mercados de bonos y acciones.
El auge y declive de los bonos de los banqueros

Es sabido que la jugosa paga es lo que atrae a las personas al sector bancario. Gran parte de la remuneración ha provenido históricamente de los bonos anuales. Las ingentes sumas concedidas han estado bajo escrutinio desde la crisis económica de 2008, lo que significa que ya no son intocables en Europa.

Los inversionistas a nivel global han comenzado a invertir parte del efectivo que guardaban hasta antes de las elecciones en Estados Unidos, ante un aumento en las expectativas de ganancias corporativas y un incremento en el precio de las acciones tras el triunfo de Donald Trump.

De acuerdo con la encuesta mensual de Bank of America merrill Lynch entre administradores de fondos, los balances de efectivo cayeron a 4.8 por ciento en diciembre, frente al 5.0 por ciento de noviembre. Eso representa un importante cambio desde el nivel de 5.8 por ciento registrado en octubre, un aumento que no se había visto desde poco después de la votación del Brexit.

Los inversionistas también están poniendo dinero donde dicen que hay que invertir, pero la percepción alcista presenta un gran riesgo para los mercados de bonos y acciones: más de la tercera parte de los participantes en el sondeo estiman que las posiciones largas sobre el dólar estadounidense representan ahora la negociación más popular, y el porcentaje de participantes que creen que la moneda está sobrevaluada se encuentra en el tercer nivel más alto en una década.

La cautela de los inversionistas sobre el dólar está en fuerte contraste con analistas desde Morgan Stanley a Goldman Sachs Group, quienes tienen perspectivas alcistas para la moneda estadounidense el próximo año.

Las expectativas para el crecimiento y la inflación mundial están en máximos de cinco años, el optimismo sobre el panorama para las ganancias corporativas se sitúa en un máximo de seis años, mientras que sólo el seis por ciento de los inversionistas proyectan menores rendimientos para los bonos el próximo año.