Mercados

Rincón del experto: Así ha sido el desarrollo de los bonos verdes

El mercado de bonos verdes cumple 10 años y se está consolidando como una fuente importante de capitales para financiar proyectos relacionados con el medio ambiente... pero aún le falta transparencia y consistencia.
Rincón Del Experto
Yamur Muñoz, director de Capital Financing, HSBC México
25 julio 2017 5:0
Emprendedores verdes (Especial)

Emprendedores verdes (Especial)

El mercado de bonos verdes cumple 10 años y rápidamente se encamina hacia la mayoría de edad. Conforme madura, este mercado es cada vez más una fuente importante de capital para proyectos que ayudarán a la economía global a mitigar el impacto del cambio climático.

Hasta ahora, no ha sido una ‘niñez’ del todo sencilla. Al primer “bono verde”, una emisión de 600 millones de euros en julio de 2007, no le siguieron más durante varios años.

Fue hasta el 2013 que la emisión de bonos verdes rebasó el monto de 10 mil millones de dólares por año; pero incluso éste es un monto pequeño, comparado con el mercado global de bonos.
Sin embargo, una década después, el bebé de los mercados de capital ha crecido de forma considerable.

El año pasado se recabaron más de 90 mil millones de dólares mediante bonos verdes, más del doble que en 2015. Esto incluye el primer bono verde soberano, una emisión por 750 millones de euros emitida por Polonia.

En enero de 2017, Francia emitió un bono verde a 22 años por siete mil millones de euros, todo un hito en términos de su tamaño y largo plazo, y aún más notable porque la demanda de los inversionistas, por más de 23 mil millones de euros, superó por mucho el tamaño de la oferta.

Cierto, aún prevalece un escepticismo sobre lo “verde” de algunos bonos en específico. ¿Realmente se despliegan las utilidades para financiar proyectos relacionados con el clima o con el medio ambiente? ¿O se dirigen hacia los proyectos o empresas cuyo “carácter verde” es debatible? ¿Quién evalúa si una emisión en particular es tan “verde” como otra?

Algunos inversionistas los frena la ocasional falta de consistencia y transparencia en estos frentes, mientras que algunos emisores no están aún convencidos de que el trabajo y costo extra que conlleva la certificación verde traiga consigo beneficios sustanciales.

Sin embargo, actualmente se avanza ya en la estandarización y monitoreo. Por ejemplo, en abril Standard & Poor’s lanzó una herramienta diseñada para evaluar no sólo si un bono es verde, sino qué tan verde es.

El lanzamiento de un bono verde permite a un emisor demostrar que está consciente y preparado para los retos de largo plazo que implica el calentamiento global. Y, al requerirles que identifiquen, minimicen y monitoreen su perfil de riesgo climático, puede ayudarles a incorporar la idea de una baja emisión de carbono en su cultura corporativa y estrategia de negocios.

En el largo plazo, esto pudiera crear una ventaja en términos de valuación y prospecto de negocio sobre compañías menos preparadas en este frente. Dado lo que hay en riesgo, la continua madurez en el mercado de bonos verdes es gratamente bienvenida.