Mercados

A México ‘ya no
le preocupa’ la caída
del peso

En los últimos 12 meses, el dominio del peso sobre la inflación se quebró, lo que protege el poder adquisitivo de los consumidores
y evita tener que elevar las tasas de interés y asfixiar el crecimiento económico.
Bloomberg /Ben Bain Y Eric Martin
24 noviembre 2015 21:38 Última actualización 25 noviembre 2015 5:0
 [En los últimos días el tipo de cambio a operado en un rango de entre 12.98 y 13.16 pesos por dólar, al mayoreo. / Bloomberg / Archivo] 

[En los últimos días el tipo de cambio a operado en un rango de entre 16.8 y 17.30 pesos por dólar, al mayoreo. / Bloomberg / Archivo]

Según la mayoría de los indicadores económicos, en este momento son pocas las cosas que están bien en México. El crecimiento es flojo, las exportaciones petroleras están cayendo y los mercados de crédito han comenzado a secarse.

Sin embargo, por debajo de la superficie, una transformación sorprendente y poco comprendida está introduciendo uno de los hechos más sorprendentes del país en años: se quebró el antiguo dominio del peso sobre la inflación. Una caída de su valor ya no genera automáticamente un aumento de los precios al consumidor. De hecho, la mayoría de los datos recientes indica que prácticamente no provoca en absoluto inflación.

Quizá parezca un tema oscuro e inconsistente –“traspaso” es el término que usan los analistas- pero es difícil subestimar el significado que tiene en un país como México, un mercado emergente que intenta treparse a las filas de las economías desarrolladas del mundo.

Primero, protege el poder adquisitivo de los consumidores en un país donde aproximadamente la mitad de la población vive por debajo de la línea de pobreza. Más aún, da a los banqueros centrales un tipo de flexibilidad en la política que nunca habían tenido anteriormente.

Sin tener que preocuparse por la inflación, pueden evitar la clásica trampa que aflige a tantos países en desarrollo: tener que elevar las tasas de interés y asfixiar el crecimiento económico cada vez que una turbulencia financiera desata una liquidación de la moneda.

Es una transformación de la cual los altos funcionarios de México comenzaron a jactarse hace un año. Los economistas e inversores, sin embargo, eran escépticos. Como dice Alonso Cervera de Credit Suisse Group AG “teníamos que ver para creer”. Ahora lo hicieron.


En los últimos 12 meses, mientras el peso se desplomaba 17 por ciento frente al dólar, la tasa de inflación anual de México cayó desde 4.2 por ciento hasta un mínimo récord de 2.3 por ciento. Bank of America dice que el impacto actual de la moneda es casi imperceptible, en tanto cada caída de 1 por ciento en su valor impulsa menos de 0.05 por ciento de inflación. Dos decenios atrás –cuando los precios al consumidor aumentaron más de 20 por ciento en apenas cuatro meses después de que el gobierno devaluó el tipo de cambio- el ratio peso/inflación era 10 veces más alto, estima el banco.


“Mataron al dragón de la inflación”, dijo Alberto Ramos de Goldman Sachs.

Abundan las teorías respecto de la causa del cambio. Muchas se inclinan hacia lo etéreo y lo conceptual: es el resultado de la credibilidad inflacionaria ganada con esfuerzo por México en las últimas dos décadas; o porque el país no tiene como objetivo un nivel de tipo de cambio, lo cual permite que el peso se mueva libremente en ambos sentidos; o porque al banco central se independizó del gobierno.

Otras son un poco más tangibles: una mayor competencia en el sector minorista está dificultando a las empresas trasladar el costo más alto de las importaciones a los consumidores; la demanda floja de los consumidores en el país y la expansión económica general débil, están acentuando dicha tendencia. El Producto Interno Bruto creció a un ritmo anual inferior al 3 por ciento este año, ni siquiera la mitad de la meta a largo plazo que estableció el presidente Enrique Peña Nieto cuando impulsó la legislación para abrir los sectores de energía y telecomunicaciones.