Enfoques

La ‘reina de la ciberpornografía’ y su pueblo de abuso infantil

En Filipinas, Eileen Ontong creó junto con familia y vecinos una industria casera de abuso infantil, quienes cobraban hasta 500 dólares por las transmisiones de sexo entre niños, acusan autoridades.
Bloomberg
28 diciembre 2014 19:2 Última actualización 29 diciembre 2014 8:47
ME. Ibabao, un ‘reino’ de ciberpornografía.

La casa de Eileen Ontong en Ibabao, ubicada junto a la de su hijo y nuera. (Bloomberg)

Por los estrechos caminos que conducen a la aldea filipina de Ibabao se ven carteles que anuncian artesanías tradicionales como tortas de cassava, soguería y joyas de conchillas. Lo que no se menciona es un mercado ilegal que se ha desarrollado en la zona en los últimos años: la pornografía infantil.

La zona se ha hecho famosa como centro global de explotación sexual de niños, en buena medida debido a Eileen Ontong, de acuerdo con las autoridades. Durante por lo menos siete años, Ontong, a quien los medios locales han apodado “la reina de la ciberpornografía”, abusó de niños frente a una cámara web a cambio de dinero que se le enviaba por servicios de transferencia internacionales, según las policías de Filipinas y de Estados Unidos.

1
 

Los investigadores dicen que al menos 35 niños, algunos de apenas cinco años, atravesaron el umbral de la casa de hormigón y madera de Ontong, que está adornado con un crucifijo y una imagen de Jesús, para luego pasar a un set improvisado. Ahí se abusaba de los menores, tenían sexo entre ellos o se les exponía frente a una cámara. Los vecinos no tardaron en ofrecer a sus hijos y establecieron después operaciones similares en sus casas, dice la policía.

La casa Nenita Ontong en Ibabao, ubicada junto a la de su hijo y nuera. (Bloomberg)

“Se convirtió en una industria casera en la zona porque todos veían que Eileen Ontong ganaba dinero”, declaró Abdul Jamal Dimaporo, un agente de la Oficina Nacional de Investigaciones de Filipinas (NBI, por sussiglas en inglés). “Es más fácil ganarse la vida haciendo eso que trabajando. No consideran que lo que hacen sea algo malo”.

La policía estima que Ontong ganó alrededor de 200 mil dólares en el transcurso de los años. Las fotos de niños desnudos se vendían a 50 dólares, los desnudos ante la webcam costaban 100, mientras que el sexo entre niños se cobraba en 500; los niños o sus padres obtenían entre 10 y 18 por cada acto. Los miembros de la familia de Ontong participaban a partir de los 11 años, y su esposo, Wilfredo, se ocupaba de la vigilancia, de acuerdo con la policía.

Los Ontong se encuentran actualmente detenidos a 24 kilómetros de su casa, en el Centro Provincial de Cebu de Detención y Rehabilitación, una cárcel ubicada en una colina que tiene capacidad para mil 400 reclusos pero alberga a dos mil 200.

Acusados de pornografía infantil, abuso de menores y violación de la ley de tráfico de personas del país, los Ontong enfrentan una condena de cadena perpetua, según el NBI. Ellos se han declarado inocentes, indicó el NBI; su abogado defensor no contestó numerosos llamados telefónicos ni mensajes de texto para este reportaje.

PRINCIPAL CIBERDELITO

Lejos de las playas y del mar azul que atraen a los turistas a Filipinas, hace mucho que se explota a los niños. En la actualidad, sin embargo, en lugar de prostituirse en las esquinas o en hoteles y discos, los niños de las familias pobres que viven en asentamientos precarios apartados son utilizados para actos sexuales a través de servicios de pedidos de video online.

“Cuando el dinero fluye con facilidad a través de Internet, surgen nuevas formas de explotar a los niños”, dijo Mark Clookie, ex jefe del Servicio Naval de Investigaciones Criminales, que supervisa las investigaciones de la International Justice Mission, un grupo sin fines de lucro que contribuye al procesamiento de los Ontong.

Hace unos cuatro años, la policía local comenzó a recibir información sobre pornografía infantil en línea que se transmitía en vivo desde Filipinas a clientes del mundo entero. Desde entonces, los actos sexuales de menores se han convertido en el ciberdelito número uno del país.

Si bien una ley de 2009 exige que los proveedores de acceso a Internet instalen software que pueda detectar imágenes y transmisión de pornografía, con frecuencia se la ignora porque las compañías consideran que su acatamiento es demasiado caro, dijo Ronald Aguto, quien está al frente de la unidad de ciberdelitos del NBI.

SALAS PRIVADAS

Hasta 2006, Ontang, quien ahora tiene 36 años, trabajó en una fábrica que producía equipos electrónicos en la ciudad vecina de Lapu Lapu. Wilfredo, de 38 años, transportaba a turistas por zonas balnearias, según la madre de Wilfredo, Nenita Ontong de 56 años.

Luego de que un amigo le enseñara a Eileen a usar computadoras, ésta empezó a frecuentar cafés Internet que ofrecen salas privadas por menos de un dólar por hora, dijo Nenita. Ahí, Eileen chateaba con hombres extranjeros y pronto aprendió lo suficiente para comprar su propia computadora y contratar una conexión de alta velocidad para empezar a trabajar en su casa. Varias veces a la semana, Eileen viajaba a locales de transferencia de dinero de Lapu Lapu para retirar fondos enviados a través de Western Union u otros servicios, dice la policía; recibía entre 30 y 500 dólares en cada envío.

“Sabía que Eileen hacía algo relacionado con el uso de Internet y le aconsejé que se detuviera, pero no me hizo caso”, dijo Nenita. “Creo que algunos de nuestros vecinos le pidieron ayuda a Eileen” para establecer sus propias operaciones de ciberpornografía. No dijo si había niños involucrados.

Cerca de 60 mil niños filipinos entran en el comercio sexual cada año y alrededor de 10 mil de ellos han trabajado en la pornografía en línea, de acuerdo con la Fundación Preda, que dirige un albergue para niñas víctimas de abuso. En un país donde el 25 por ciento de la población vive por debajo del umbral de la pobreza, un espectáculo frente a una cámara web puede poner comida en la mesa.

"Por supuesto que quienes lo hacen siempre utilizarán la pobreza como excusa", dijo Adelino Sitoy, alcalde de la Municipalidad de Córdoba, que incluye Ibabao. "Lo que les atrae es dinero fácil. Todo lo que tienes que hacer es decirle a sus hijos que se desnuden".

Un niño testificó en el caso Ontong el 8 de diciembre, y la próxima audiencia se espera para marzo, de acuerdo con la International Justice Mission. Una niña que se encontraba en la casa de Ontong durante los arrestos también ha testificado, pero los otros dos niños que estaban allí huyeron esa noche y no han podido ser localizados, según el NBI.

LOS AMIGOS DE EILEEN

Uno de los amigos extranjeros de Eileen, al menos a través de Internet, fue David Tallman, de 55 años de edad y retirado de la Marina de Estados Unidos y quien le envió más de siete mil 300 dólares en cuatro años; actualmente está cumpliendo una condena de 12 años en Lexington, Kentucky, tras declararse culpable de transportar pornografía infantil.

El 17 de diciembre de 2012, el USNS Laramie, embarcación de Tallman, se detuvo en Norfolk, Virginia, después de navegar por Medio Oriente y África. En el muelle le esperaban cuatro agentes del Departamento de Seguridad Nacional y del Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza.

"Se sentó pensativo por un momento, inclinó su cabeza y admitió que había pornografía infantil en la computadora”, recuerda Paul Wolpert, un agente de Seguridad Nacional que cuestionó Tallman en la sala de personal del barco ese día.

El equipo de Wolpert tomó dos ordenadores de Tallman, tres discos duros externos y el iPhone y los llevó a las oficinas de Seguridad Nacional en el centro de Norfolk. Los investigadores encontraron cuatro mil imágenes de pornografía infantil, así como correos electrónicos y registros de Yahoo! Messenger en el que Tallman negociaba espectáculos sexuales utilizando los alias "Ronin" y "tragic_prelude".

Entre esas comunicaciones había cientos de mensajes y chats con Ontong, señaló Wolpert. Tallman también tenía un folder con los recibos de Western Union y compañías de tarjetas de crédito que detallaban su pago por imágenes y shows en vivo. A cambio de una sentencia reducida, Tallman acordó ayudar a los investigadores a atraparla.

La policía ha identificado al menos 20 personas en Estados Unidos, Reino Unido y Australia que habrían adquirido imágenes o espectáculos de Ontong.