Enfoques

La dinámica familiar en México ha sufrido modificaciones

En 1970, seis de cada diez mujeres se casaban por lo civil y por la iglesia; en los últimos años la cohabitación o unión libre pasó de 15.5% a 28.6%.
Redacción
05 junio 2014 22:56 Última actualización 06 junio 2014 5:0
Ilustración enfoques familia

Ilustración enfoques familia

CIUDAD DE MÉXICO. El modelo de familia patriarcal ya no responde a la realidad que viven varias regiones del país. Hoy en día lo más común es encontrar hijos al margen del matrimonio, nuevas nupcias y uniones informales.

Estas dinámicas están directamente relacionadas con temas como la fecundidad y la nupcialidad, esta última entendida como “un fenómeno demográfico, en el sentido de que impacta en el crecimiento de la población, y actúa sobre lo que se conoce como ecuación demográfica, que tiene que ver con los nacimientos y defunciones que ocurren en una población dada”, dijo en entrevista Julieta Quilodrán Salgado.

La investigadora de El Colegio de México, quien es además integrante de la Academia Mexicana de Ciencias, ha estudiado fenómenos sociales de este tipo durante varias décadas. En lo referente al ámbito de las familias en el país, observa que se ha registrado un descenso en el número de hijos y que se han producido cambios en la formación y estabilidad de las parejas conyugales.

Para ponerlo en números, la investigadora explicó con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y otras fuentes oficiales, que “la situación conyugal de mujeres entre 15 y 59 años se modificó en el periodo de 1930 a 2010, y con ello las dinámicas familiares; en 1970, seis de cada diez mujeres (61.4 por ciento) se casaban por lo civil y por la iglesia (con ritual religioso), mientras que en 2010 esta modalidad se redujo, ya que por ambas vías lo hicieron cuatro de cada diez mujeres (43.6 por ciento)”.

En estos mismos años la cohabitación o unión libre pasó de 15.5 por ciento a 28.6 por ciento, respectivamente; es decir, en un lapso de 30 años es mayor el número de mujeres que están en relaciones que no implican ni un contrato civil o un ritual religioso.

“Observo que hay nuevas formas de ir en pareja, de hacer la vida marital y esta variedad conlleva algunas problemáticas, incluso la necesidad de adaptaciones legales para hacerles frente, porque hay que saber qué van a significar ahora los conceptos, como ser soltero, por ejemplo”, explicó Quilodrán Salgado.

A los divorciados o separados en Europa se les dice solitarios, y la investigadora ha empezado a usar este término para la población mexicana.

Entre las preguntas que busca resolver la investigadora se encuentran, por ejemplo, las que aparecen cuando una mujer dice: “soy madre soltera” ¿A qué se refiere?, ¿acaso se trata de una madre que nunca tuvo como pareja al padre del hijo, ni su respaldo? ¿qué significa ser madre soltera en una sociedad como la actual?, cuestiona.

Las nuevas dinámicas

La investigadora indica que aunque las necesidades que impone la reproducción humana son básicamente las mismas, cada sociedad tiene su propia manera de satisfacerlas, de ahí las variaciones en los modelos de familia a través del tiempo y del espacio. La época actual se caracteriza por la velocidad con que ocurren los cambios en todos los órdenes de la vida social.

Como ejemplo de lo anterior, la especialista explicó que la transición demográfica que duró dos siglos en los países de Europa está ocurriendo en menos de uno en los que iniciaron esta transición apenas entrando el siglo XX. Después de la Segunda Guerra Mundial se instaló en Europa, y en general en los países más desarrollados, un nuevo régimen demográfico determinado por una fecundidad y una mortalidad equiparables, pero en bajos niveles.

De ahí la importancia, consideró Quilodrán, de estudiar si las personas “deciden tener o no hijos, tenerlos dentro o fuera de un matrimonio, prolongar la soltería y disponer aún de tiempo suficiente para lograr los dos hijos que la gran mayoría manifiesta desear; equivocarse en la elección de la pareja y contar todavía con tiempo para rehacer la vida conyugal, etcétera, porque ponen de manifiesto las variadas opciones de organización familiar que posibilita una esperanza de vida prolongada”.

Entonces, el advenimiento de la anticoncepción, los cambios en la formación y la estabilidad de las parejas conyugales, la soltería prolongada, la interrupción de las uniones, la desinstitucionalización del matrimonio y la elección del cónyuge, son temas importantes en una sociedad por su impacto en la organización familiar, la economía de los países y los retos a los que una sociedad se enfrenta.

Algunas conclusiones a las que la investigadora ha llegado en su conocimiento sobre las nuevas dinámicas familiares tienen que ver con “concebir los efectos negativos que se derivan de los cambios que está experimentando la familia como problemas que atañen a la sociedad en su conjunto; y entender que la reproducción social, cuya responsabilidad recae en gran parte en la institución familiar, representa un reto cuyo manejo rebasa a la propia sociedad”.

Aunque la fecundidad en México no ha descendido, todavía por debajo de los niveles de reemplazo, las uniones libres, la disolución de las uniones, la proporción de hijos nacidos al margen del matrimonio son fenómenos que hay que analizar con detenimiento, advierte la especialista, ya que desde siempre han estado presentes en la región.

Explicó que la institucionalización del proceso de formación y disolución de las parejas (pasar por el registro civil) nunca se universalizó en México, de modo que la situación actual, de elegir la unión libre como la opción mayoritaria para vivir en pareja, no puede ser considerada una desinstitucionalización al estilo de la que están experimentando las sociedades desarrolladas hoy. “Se trata en realidad de la coexistencia de dos modelos: el derivado de la situación tradicional de semi-institucionalización, y el otro cercano al imperante en los países avanzados”.