Enfoques

Darfur, donde la violación es un arma

En la ciudad de Tabit, Human Rights Watch documentó una violación masiva en la que 221 mujeres fueron ultrajadas por soldados sudaneses. 
NYT
27 febrero 2015 0:0 Última actualización 27 febrero 2015 5:0
Satellite Sentinel, es una organización cofundada por George Clooney, que documenta desde satélites las atrocidades cometidas en Sudán, especialmente en contra de las mujeres. (Reuters)

Satellite Sentinel, es una organización cofundada por George Clooney, que documenta desde satélites las atrocidades cometidas en Sudán, especialmente en contra de las mujeres y los niños. (Reuters)

En los primeros años de este siglo, un brutal conflicto en el oeste de Sudán entre el gobierno y los rebeldes provocó la muerte de cientos de miles de personas en Darfur, con millones de refugiados desplazados. En 2004, Estados Unidos declaró que las acciones de Sudán eran un genocidio.

Después de esa llamada, el mundo se ha olvidado de Darfur. Por desgracia, el gobierno de Sudán no.

Dado que el gobierno sudanés rutinariamente impide la entrada de periodistas a la región y restringe el acceso de trabajadores humanitarios, cualquier mirada a la vida en esa zona es limitada. El gobierno ha silenciado la defensa de los derechos humanos de la misión de paz conjunta de Naciones Unidas y la Unión Africana cerrando su oficina en la capital, Jartum, dificultando las investigaciones de supuestas violaciones de los derechos humanos y forzando la retirada de las fuerzas de paz.

Apenas la semana pasada, el régimen convenció a las tropas de paz para retirarse de las zonas que considera estables. Como resultado, las atrocidades continúan ocurriendo en Darfur sin ningún testigo externo. Los mismo ocurre en Nilo Azul y los Montes Nuba, dos regiones del sur devastadas por las tácticas de tierra arrasada emprendidas por el gobierno.

De vez en cuando, sin embargo, emerge un pequeño haz de evidencia. En los últimos años, periodistas ciudadanos y defensores de derechos humanos de Darfur y los Montes Nuba han logrado sacar de contrabando videos que muestran bombardeos y quema de aldeas.

Las imágenes captadas por el proyecto Satellite Sentinel confirmaron el ataque sistemático con bombas sobre al menos media docena de aldeas en la zona de Jebel Marra el año pasado.

Para evitar el escrutinio, el gobierno ha gastado millones de dólares proporcionados por Qatar para crear “aldeas modelo”, animando a la población darfurí desplazada por la violencia a asentarse en esos sitios. Human Rights Watch documentó recientemente un aterrador incidente de violación masiva en uno de estos pueblos, Tabit.

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Imágenes de 2014 evidencian ataques contra casas y un mercado. (Cortesía Digital Globe)
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Imágenes de 2014 evidencian ataques contra casas y un mercado. (Cortesía Digital Globe)


Tras recabar más de 130 testimonios de testigos y sobrevivientes vía telefónica, los investigadores concluyeron que al menos 221 mujeres fueron violadas por soldados sudaneses durante un lapso de 36 horas en octubre. Los intentos de las fuerzas de paz para investigar fueron obstruidos por el gobierno, y sus breves entrevistas con los habitantes se llevaron a cabo en un ambiente de intimidación.

El ejército estaba en control de la aldea desde 2011, con una base en la periferia, y no estaba tratando de expulsar a la población para ganar territorio. La violencia sexual no tiene ningún objetivo militar; es más bien una táctica de control social, de dominación étnica y cambio demográfico. Al actuar con impunidad, las fuerzas gubernamentales victimizan a toda la comunidad. La subordinación racial es también un mensaje subyacente, pues los grupos no árabes son objeto especial de abuso.

Los tribunales de derechos humanos de todo el mundo han determinado que las violaciones a manos de uniformados pueden constituir tortura. Al emitir sus conclusiones sobre los crímenes cometidos en Bosnia, el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia determinó que las violaciones de mujeres en dos campamentos fueron actos de tortura ya que la violencia sexual fue usada como instrumento de terror. Las violaciones masivas en Tabit siguen el mismo patrón.

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Una mujer se protege del sol en una de las villas al norte de Darfur. (Reuters)


Durante nuestras visitas a Darfur, Montes Nuba y campos de refugiados en los países vecinos, hemos escuchado un sinfín de historias como las de Tabit. Estas “violaciones de tortura” son sólo una herramienta del arsenal criminal de Sudán, que también incluye bombardeos aéreos a hospitales y campos agrícolas, quema de aldeas y la negación de ayuda alimentaria.

Con el tiempo, la indignación internacional se ha alejado de Darfur; es la norma para todo lugar que parece no tener importancia estratégica. Sin embargo, en los últimos dos años, Darfur se volvió importante para el gobierno sudanés al descubrirse grandes reservas de oro.

Cuando Sudán del Sur obtuvo su independencia en 2011, el resto de Sudán perdió su principal fuente de ingresos: el petróleo. Así que el oro se ha convertido en el nuevo petróleo para Sudán.

Según el FMI, las ventas de oro le reportaron a Sudán mil 170 millones de dólares el año pasado. Gran parte de ese metal proviene de zonas en conflicto. El gobierno ha tratado de consolidar su control sobre las minas valiéndose en parte de una violenta limpieza étnica.

Desafortunadamente, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas está demasiado dividido para responder a los crímenes que se cometen en Darfur y en otras partes de Sudán. Rusia y China, que tienen vínculos comerciales con el gobierno sudanés a través de la venta de armas y acuerdos petroleros, no están dispuestas a aplicar una presión que pueda alterar los cálculos del gobierno de Jartum. Pero eso no significa que la comunidad internacional no pueda influir.

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Aldea de Darfur. (Reuters)


En primer lugar, los bancos internacionales, las refinerías de oro y las asociaciones como el Dubai Multi Commodities Center y la London Bullion Market Association deben emitir alertas para el oro sudanés y emprender auditorías para rastrearlo a su mina de origen a fin de asegurarse que esas compras no estén alimentando los crímenes de guerra. La industria del oro ya ha adoptado un enfoque similar con los proveedores de la República Democrática del Congo.

En segundo lugar, la comunidad internacional ha impuesto sanciones de manera desigual y con un deficiente mecanismo de cumplimiento. Estados Unidos y otros países deben ampliar las sanciones y reforzar su cumplimiento para presionar a Sudán a que respete los derechos humanos y negocie la paz. Y más importante, la nueva ola de sanciones estadounidenses debe dirigirse contra los facilitadores, incluidos los bancos, que hacen negocios con el régimen.

Las “violaciones de tortura” en Tabit constituyen un recordatorio de que en nada han cambiado las condiciones que llevaron a Estados Unidos a declarar un genocidio en Darfur. No debemos olvidar a los sobrevivientes y debemos imponer costos disuasorios sobre los orquestadores y sus facilitadores.