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Criptosporidiosis, trastorno intestinal por beber agua sucia

Un problema de salud pública cuyo impacto real aún se desconoce, afirman investigadores de la UNAM; en México se registraron 2.1 millones de padecimientos infecciosos intestinales durante 2013.
Rosalía Servín
01 julio 2014 23:18 Última actualización 02 julio 2014 5:0
Agua para beber CUARTOSCURO

Son necesarios estudios de evaluación de la calidad del agua para consumo humano. (Cuartoscuro)

CIUDAD DE MÉXICO. Aunque poco conocida, la Criptosporidiosis es una enfermedad intestinal que en México representa un problema de salud pública, no sólo por la baja cantidad de parásitos que pueden producir una infección, sino por su alta presencia en agua de uso y consumo humano y su elevada resistencia a tratamientos comunes de potabilización del agua, que hacen latente el riesgo.

Se trata de un padecimiento adquirido por la ingesta de los denominados ooquistes de Cryptosporidium, patógenos presentes en el agua, los alimentos e incluso transmitirse de humano a humano.

Se manifiesta con diarrea profusa. En niños puede haber deshidratación y fiebre y en las personas inmunocompetentes, puede acompañarse también de dolor abdominal, náuseas, vómito, fatiga, pérdida del apetito y de peso o afectar conductos biliares y pancreáticos, estómago y tracto respiratorio.

En entrevista Teresa Uribarren Berrueta, investigadora del departamento de Microbiología y Parasitología de la Facultad de Medicina de la UNAM, señala que en los países en vías de desarrollo es difícil estimar la prevalencia de Criptosporidiosis, debido a que la infección no es de notificación obligatoria y los datos epidemiológicos existentes son escasos.

“En México se desconoce el impacto real de Cryptosporidium”, comenta al explicar que la clasificación que se hace de los organismos, impide identificar los casos.

El número de casos de Criptosporidiosis, dice, se pierde en el reporte de otras infecciones de vigilancia convencional, tales como aquellas catalogadas como “otras infecciones debidas a protozoarios”, entre las que entra esta enfermedad.

El Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica agrupa a las enfermedades infecciosas y parasitarias del aparato digestivo en 15 grupos, donde la Criptosporidiosis se ubica, junto con otras 12 patologías, dentro del rubro de las enfermedades infecciosas intestinales.

En 2013 se registraron dos millones 103 mil 507 casos de enfermedades infecciosas intestinales.

Los especialistas advierten que la problemática de esta enfermedad es seria, toda vez que los brotes se dan por transmisión hídrica, asociados a aguas potables contaminadas, pozos, aguas superficiales y de la red de abastecimiento público, incluso aguas filtradas y tratadas.

“Los resultados de varios estudios ponen en evidencia que el agua de uso y consumo humano está contaminada con ooquistes de Cryptosporidium”, asegura la doctora Uribarren, para quien esto representa un riesgo para la salud, dada la baja cantidad de ooquistes necesaria para que se produzca una infección.

Explica que se requieren entre 10 y 30 ooquistes para que una Criptosporidiosis, lo cual aumenta la posibilidad de infección y diseminación, dado que en una sola evacuación son eliminados 108 ooquistes.

MUY RESISTENTES A DESINFECTANTES

Para eliminar este parásito del agua, se requiere una concentración mayor de 80 mg/L de cloro libre, pero dicha concentración es 400 veces la máxima permitida en agua para consumo humano.

En México, las regulaciones establecen una concentración de cloro libre del 0.2–1.5 mg. La NOM-127-SSA1-1994, sobre salud ambiental, agua para uso y consumo humano, especifica que coliformes fecales u organismos termotolerantes, deben estar ausentes o no detectables; sin embargo, no hay una legislación para Cryptosporidium o Giardia.

A esto se añade el hecho de que Cryptosporidium y otros patógenos gastrointestinales que se eliminan con las heces de humanos y animales, contaminan el suelo y las fuentes de agua por arrastre, con la lluvia, y las aguas subterráneas, por filtraciones; de ahí que en época de lluvias pueda intensificarse.

Asimismo, debe considerarse el uso del riego de suelos agrícolas con aguas residuales no tratadas.

En un estudio reciente, realizado por el doctor Luis Quihui Cota, del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), en Cananea, Sonora, sobre la presencia de Cryptosporidium parvum, se encontró una prevalencia de este parásito del 14.2 por ciento en muestras de agua de los 12 pozos que abastecen a la población.

Para la especialista de la UNAM, son necesarios estudios de evaluación de la calidad del agua para consumo humano a fin de detectar patógenos como Giardia y Cryptosporidium.