Financial Times

Una radiografía laboral del mundo

Contar el número de empleos no proporciona información sobre su calidad, su seguridad y sus perspectivas, es por eso que pese a que las previsiones de la OCDE muestran un aumento en las cifras de trabajo, los economistas aún notan un descontento popular.
Sara O' Connor
13 junio 2017 23:24 Última actualización 14 junio 2017 4:55
Financial Times (EF)

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Todo el mundo sabe que un alto nivel de desempleo indica un mercado laboral poco saludable. ¿Pero, quiere decir que un alto nivel de empleo indica un mercado saludable?

Más personas están empleadas en el mundo desarrollado este año que en 2007, antes de la crisis financiera. Las previsiones para el próximo año muestran un aumento del nivel de empleo en casi todos los países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE).

Sin embargo, hay una oleada de descontento popular con respecto a la economía y cómo funciona. Los economistas están preocupados por la disonancia entre sus estadísticas y el estado de ánimo en las calles.

Organizaciones como la OCDE utilizan las tasas de desempleo y empleo para evaluar el desempeño del mercado de trabajo; son fáciles de medir y fáciles de comparar entre países. Pero contar el número de empleos no proporciona información sobre su calidad, su seguridad, sus perspectivas o su equidad.

Este año, la OCDE ha elaborado un nuevo barómetro para medir el éxito del mercado de trabajo. Tiene nueve indicadores: tres para la cantidad de trabajos, tres para su calidad y tres para su inclusividad.

Uno puede estar en desacuerdo, pero las métricas son rigurosas y precisas y los resultados reveladores. Es como observar a los mercados laborales del mundo en tres dimensiones en lugar de dos.

Algunos de los nuevos indicadores son perspicaces. El primero es la conexión entre las tasas de empleo y los bajos ingresos, definidas por la OCDE como la proporción de personas en edad de trabajar que perciben menos de la mitad del ingreso promedio.


CONTRASTE EN INGRESOS

La organización la ha convertido en una de sus métricas de “inclusividad”, argumentando que un país con un mercado laboral saludable no tendría un gran número de personas agrupadas en la parte inferior.

Como es de esperarse, la tasa de bajos ingresos varía notablemente en los 35 países de la OCDE. Islandia está en un extremo del rango (4.6 por ciento) y España en el otro (16.5 por ciento). Y existe una fuerte correlación negativa entre las tasas de bajos ingresos y las tasas de empleo. En general, los países con muchas personas empleadas tienen menos personas de ingresos bajos.

Un empleo puede ser una buena cura para la pobreza. Pero no en todas partes. Estados Unidos tiene niveles de empleo equiparables a los de Finlandia, pero niveles de bajos ingresos equiparables a los griegos. Ésa es una estadística atemorizante para los políticos estadounidenses.

España y Grecia sufrieron un alto nivel de desempleo después de la crisis de la eurozona, que está empezando a disiparse: tienen que ponerse al corriente.

Por el contrario, el motor de los empleos de Estados Unidos está creciendo a un nivel decente, pero no ha logrado sacar a una cantidad considerable de trabajadores de la pobreza relativa; no es de extrañar que el impulso por salarios mínimos más altos en Estados Unidos ha aumentado.

La tasa promedio de hogares de ingresos bajos entre los países de la OCDE es de alrededor del 7 por ciento. En Estados Unidos es casi 12 por ciento. Los trabajos pueden ser necesarios para sacar a la gente de la pobreza relativa, pero no son necesariamente suficientes.

El patrón es válido también para la calidad del empleo. Existe una correlación aproximada entre las economías con altos niveles de empleo y los empleos decentes. Pero también hay muchas excepciones. De hecho, los trabajos que son de alta calidad en un aspecto pueden ser terribles en otros.

El Reino Unido y Japón clasifican bastante bien en las tasas de empleo, pero difieren en la calidad del empleo. Resulta que los trabajadores japoneses tienen mayor seguridad que los británicos: se enfrentan a un golpe de ingresos mucho menor si quedan desempleados.

Pero trabajan en peores entornos laborales. Alrededor de la mitad de ellos están “bajo tensión”, enfrentando altas demandas de trabajo con pocos recursos para satisfacerlos. Esto ocurre sólo en un tercio de los trabajadores del Reino Unido.

El tercer mensaje es que no hay que sacrificar la calidad por la cantidad de empleos. Es cierto que un alto nivel de empleo no siempre significa que todo va bien. Sólo hay que recordar a los trabajadores estresados de Japón, o a aquellos empobrecidos en Estados Unidos.

Los mercados laborales de Islandia, Suecia, Noruega y Dinamarca tienen algunas de las tasas de empleo más elevadas, y su desempeño es igualmente alto con respecto a las otras métricas.

Parafraseando a Tolstoy: todos los mercados laborales saludables son iguales; cada mercado laboral poco saludable es poco saludable a su manera.