Financial Times

Una gráfica marca el destino de España

El gobierno de Mariano Rajoy también se ha visto sacudido por su primera renuncia. Alberto Ruiz-Gallardón, el ministro de Justicia y un peso pesado del partido, se retiró el mes pasado después de que su jefe decidió desechar una polémica ley para hacer más riguroso el régimen del aborto del país.
Tobias Buck
13 octubre 2014 19:43 Última actualización 14 octubre 2014 5:0
FT.

La decisión de eliminar la ley fue claramente tardía. (Bloomberg)

Hay una pequeña y simple gráfica que se está volviendo muy popular en Moncloa, el complejo gubernamental en las afueras de Madrid. Los funcionarios la llaman el ‘pez’.

El nombre proviene de la forma creada por las líneas rojas y azules que trazan los altibajos de la economía española entre 2011 y 2015. Dichas líneas cuentan una historia agradablemente optimista: después de una devastadora sacudida hacia arriba, el desempleo desciende bruscamente desde ahora hasta el final del próximo año. La producción nacional se desploma durante gran parte de la gráfica – pero luego se dispara hacia arriba este año y el próximo. A medida que avanzan hacia noviembre de 2015, la fecha de las próximas elecciones generales, las dos líneas se separan cada vez más, hasta terminar en una aleta nítida.

Los funcionarios creen que la gráfica capta un hecho crucial. Los ciclos políticos y económicos de España, dicen, están extraordinariamente alineados. Si todo sale como se espera, Mariano Rajoy pedirá un segundo mandato como primer ministro en el preciso momento en que la recuperación del país esté en pleno apogeo y esté produciendo beneficios obvios para los votantes, incluyendo más empleos y menos impuestos.

Queda por ver si el pez puede mantener su forma en los próximos meses. Algunos temen que la desaceleración más amplia en Europa obligará al gobierno a revisar a la baja sus previsiones económicas y a moderar sus expectativas para la creación de empleos. En el ínterin, sin embargo, los mayores problemas del Sr. Rajoy están claramente ubicados en el campo de la política, no de la economía. En las últimas semanas se han producido una serie de reveses que tienen el potencial de debilitar la posición del primer ministro, incluso si la recuperación continúa como esperaba Madrid.

El último golpe, pequeño pero amenazante, llegó en la forma del mortal virus del ébola. Este mes, funcionarios de salud revelaron que España se había convertido en el primer país fuera de África Occidental en registrar una infección del Ébola, después de que una enfermera en Madrid contrajera el virus de un paciente llevado a España desde Sierra Leona para ser tratado.

No está claro quién exactamente es el culpable de la infección (que los expertos dicen que no debería haber ocurrido en un sofisticado hospital occidental). Pero la respuesta del gobierno al brote estuvo lejos de ser firme, y los críticos se ensañaron especialmente en la impopular ministra de Salud, Ana Mato. El caso fue noticia en todo el mundo, y atrajo la clase de atención que la industria turística de España – y el país en general – seguramente no necesitan.

En el frente interno, el gobierno de Rajoy también se ha visto sacudido por su primera renuncia. Alberto Ruiz-Gallardón, el ministro de Justicia y un peso pesado del partido, se retiró el mes pasado después de que su jefe decidió desechar una polémica ley para hacer más riguroso el régimen del aborto del país.

La decisión de eliminar la ley fue claramente tardía: era impopular incluso en las filas del Partido Popular (PP) de centro-derecha del Sr. Rajoy, y extensamente odiada por los votantes liberales. Pero el cambio de dirección del gobierno conllevó un precio político de todos modos. Enojó a los conservadores y a los grupos anti-aborto, que juegan un papel importante durante las campañas del PP. Al mismo tiempo, el retroceso llegó demasiado tarde para recuperar a los votantes moderados horrorizados por la propuesta inicial.

Sin embargo, el mayor desafío político para el Sr. Rajoy aún se encuentra en Cataluña, la región española sacudida por el sentimiento separatista. Los líderes políticos en Barcelona dicen que quieren llevar a cabo un referéndum sobre la independencia el próximo mes. Si ese plan falla, el resultado más probable es una pronta elección regional que serviría como barómetro del apoyo catalán a una ruptura con España. De una forma u otra, el conflicto se cierne sobre la campaña de las elecciones generales españolas el próximo año.

Por supuesto, por el momento no hay evidencia para sugerir que la línea dura madrileña contra el independentismo catalán esté alejando a los votantes a nivel nacional. El PP puede haberse convertido en un partido escindido en la propia región, pero sabe que tiene mucho más que perder en el resto del país – donde su mensaje está acorde a la opinión popular – que lo que tiene que ganar en Cataluña.

Es un equilibrio delicado, y que podría no durar mucho tiempo. Es difícil ignorar la amenaza de una escalada. Entre los analistas se habla una vez más del riesgo político y la amenaza de inestabilidad.

El Sr. Rajoy y sus asesores están apostando claramente por la recuperación económica de España para asegurar un segundo mandato. En igualdad de condiciones, parece una apuesta razonable. El problema, como lo han demostrado las últimas semanas, es que en la política española las cosas rara vez permanecen iguales durante mucho tiempo.

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