Financial Times

Rousseff va contra las viudas del ‘efecto Viagra’

Hasta la semana pasada Brasil tenía algunas de las reglas de jubilación más generosas del mundo, que permitían que los cónyuges de los trabajadores fallecidos recibieran casi toda su pensión por el resto de sus vidas, aunque se volvieran a casar.
Samantha Pearson
06 enero 2015 0:57 Última actualización 06 enero 2015 5:0
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Módulo especial Financial Times ilustración pensiones en Brasil efecto Viagra

Módulo especial Financial Times ilustración pensiones en Brasil efecto Viagra

El sobrecargado sistema de pensiones de Brasil ha luchado durante mucho tiempo con un problema en particular: el de los "viejos ricos", o más precisamente, la situación en la que las mujeres jóvenes se casan con hombres de edad suficiente para ser sus abuelos para así poder reclamar sus pensiones cuando éstos fallecen.

Hasta la semana pasada Brasil tenía algunas de las reglas de jubilación más generosas del mundo, que permitían que los cónyuges de los trabajadores fallecidos recibieran casi toda su pensión por el resto de sus vidas, aunque se volvieran a casar. El sistema hizo que el matrimonio con hombres de edad avanzada fuera algo tan atractivo que los funcionarios se referían a él como el “efecto Viagra”.

Sin embargo, eso podría cambiar después de que la semana pasada la presidenta Dilma Rousseff cortara los beneficios anuales de desempleo y de pensiones por un monto de 18 mil millones de reales (6.7 mil millones de dólares), como parte de un paquete de medidas de austeridad para iniciar su segundo mandato.

Según las normas, los cónyuges recibirán sólo el 50 por ciento de la pensión de su pareja fallecida y las personas menores de 44 años podrán cobrar el pago por tres años solamente.

Los recortes son la decisión más reciente de una serie de medidas favorables al mercado de la presidenta Rousseff, una ex guerrillera de izquierda, para corregir el deterioro de las cuentas fiscales del país, impulsar el crecimiento y evitar una posible rebaja de su calificación de crédito a la categoría de basura.

Los economistas dicen que Brasil podría anunciar su primer déficit presupuestario de la historia para el año calendario 2014, fruto de una combinación tóxica de incentivos fiscales populistas y el intervencionismo estatal del primer mandato de Rousseff.

La economía creció en un 7.5 por ciento en 2010 y probablemente se expandió un 0.1 por ciento el año pasado. “Más que nadie, sé que Brasil necesita comenzar a crecer de nuevo”, dijo Rousseff durante su discurso de inauguración la semana pasada tras su victoria electoral en octubre contra Aécio Neves, del partido pro capitalista PSDB. “Los primeros pasos son para ajustar las cuentas públicas, aumentar el ahorro interno, ampliar las inversiones y aumentar la productividad”, dijo.

Además de recortar los beneficios, Rousseff también está cortejando a los inversores con el nombramiento de ex banquero Joaquim Levy como ministro de Finanzas, subiendo las tasas de interés, y reduciendo a la mitad el vasto programa de intervención cambiaria del banco central, al cual se había acusado de crear distorsiones en la economía.

El mes pasado, Rousseff prometió incluso flotar parte de la Caixa Econômica Federal, el banco estatal responsable de administrar el programa de bienestar social “Bolsa Familia”, sorprendiendo a sus adversarios y partidarios por igual.

Durante su campaña electoral, su Partido de los Trabajadores (PT) hizo todo lo posible para demonizar a los banqueros, incluso sugiriendo que una mayor independencia del sector del control estatal empobrecería a los brasileños comunes. “Con cada nueva medida que se anuncie se hace aún más claro que las recientes elecciones fueron ganadas con mentiras”, escribió Neves en su página de Facebook.

Las medidas también han demostrado ser impopulares con su propio partido, con sólo 6 mil personas asistiendo a la inauguración de la Sra. Rousseff en Brasilia según medios locales, en contraste con los 30 mil que pronosticó el PT.

Mientras que los analistas han acogido con satisfacción las medidas políticamente riesgosas y la aparente voluntad de la presidenta Rousseff de abandonar sus políticas heterodoxas anteriores, dicen que podría tomar años para reparar los daños ocasionados por su primer mandato.

Muchos también dudan de que la Sra. Rousseff tenga la convicción de acogerse a dichas medidas por los próximos cuatro años, especialmente si los necesarios ajustes de las políticas corren el riesgo de aumentar el desempleo.

“En líneas generales, 2015 probablemente marcará el quinto año consecutivo de crecimiento decepcionante y una inflación general por encima del 5.5 por ciento”, dice Alberto Ramos, economista de Goldman Sachs, quien agregó que los desafíos externos – como los precios más bajos de las materias primas – podrían hacer que los retos que enfrenta Brasil sean aún más difíciles de sobrepasar.

Rousseff también puede tener dificultades para obtener el apoyo necesario del Congreso para sacar adelante sus medidas más impopulares, dice João Augusto de Castro Neves, de Eurasia Group. Ante las divisiones en su propio partido y la oposición del PMDB, el aliado más importante del PT, Rousseff no goza del capital político que su popular predecesor, Luiz Inácio Lula da Silva, tuvo en 2003 cuando propuso recortes similares.

Rousseff sólo pudo realizar los recortes de prestaciones y de pensiones de la semana pasada mediante el uso de la llamada “medida provisional” – una controversial herramienta jurídica concebida para situaciones de emergencia que le permite al presidente imponer cambios inmediatos sin la aprobación previa del Congreso. Sin embargo, durante los próximos dos meses el Congreso todavía podrá votar en contra de la nueva normativa y evitar que se convierta en ley.

A pesar de que muchos partidarios del PT y grupos de hombres solteros de edad avanzada tienen la esperanza de que el Congreso hará exactamente eso, los economistas dicen que es necesario defender estas reformas y los otros ajustes fiscales.

“No es una agenda fácil... pero sí es una agenda que contribuirá a reequilibrar la economía y a liberar el potencial ahora reprimido que reviste el crecimiento significativo de la economía”, dice Ramos.