Financial Times

¿Quién es responsable en el crimen corporativo?

Cuando los empleados se comportan mal, ¿cómo debe repartirse la responsabilidad entre el delincuente, su empleador y las personas a cargo?
John Kay
05 agosto 2014 20:24 Última actualización 06 agosto 2014 5:0
Billetes. (Bloomberg)

Cuando se trata de la falsificación de informes o de la venta abusiva de seguros de protección de pagos, estas acciones son repetitivas en lugar de ser pasatiempos ocasionales de una persona. (Bloomberg)

En una escena memorable de la película “Casablanca”, Louis Renault, el jefe de la policía francesa, afable pero corrupto, clausura el club de Rick. “Estoy sorprendido de descubrir que hayan juegos de azar aquí”, declama, embolsillando sus ganancias mientras ordena a los clientes a que abandonen el local.

El memorándum de Rebekah Brooks al personal de News of the World se hizo eco de esas palabras, sin duda inconscientemente. “Todos estábamos consternados y conmocionados cuando nos enteramos ayer de esas acusaciones”, escribió, seguido por estas enigmáticas palabras: “Tengo que decir que me asquea que se esté alegando que estos eventos hayan tomado lugar”, agregó. “No sólo porque yo era editora del News of the World en ese momento”. El periódico amarillista de Gran Bretaña cerró en espacio de una semana.

Esta repulsión visceral a los informes de irregularidades también fue experimentada por Bob Diamond, expresidente ejecutivo de Barclays. El Sr. Diamond explicó a la comisión parlamentaria sobre las normas bancarias del Reino Unido que se sentía “físicamente enfermo” cuando se enteró de que los empleados del banco habían hecho presentaciones falsas de tasas en el escándalo Libor. El Sr. Diamond explicó en su memorándum al personal que estaba “decepcionado porque gran parte de este comportamiento ocurrió durante mi guardia”, pero les aseguró que “es mi responsabilidad asegurarme de que no vuelva a suceder”. Se demostró que la responsabilidad fue de otros; unos días más tarde, los reguladores forzaron al Sr. Diamond a renunciar. La Sra. Brooks también dejó su puesto en News International; fue absuelta de los cargos criminales relacionados con la piratería telefónica porque no había pruebas de que estaba al tanto de los acontecimientos que tanto la sorprendieron y horrorizaron hasta que se dieron a conocer públicamente.

¿Quién es finalmente la parte responsable? Cuando los empleados se comportan mal, ¿Cómo debe repartirse la responsabilidad entre el delincuente, su empleador y las personas a cargo? El testimonio del Sr. Diamond ayudó a persuadir a la comisión a recomendar medidas para recalcar la responsabilidad de la gestión personal.

Jed Rakoff, durante muchos años juez federal del Distrito Sur de Nueva York, que abarca Wall Street, cuenta con más experiencia en este tema que la mayoría. Él critica duramente la política de la Comisión de Bolsa y Valores para resolver las alegaciones de conducta ilegal o impropia mediante la negociación de multas con las corporaciones. Ha escrito que “el sólo perseguir a la empresa es técnica y moralmente cuestionable”. Él sostiene que es erróneo castigar a los accionistas de una corporación –JPMorgan ha pagado más de 20 mil millones de dólares en multas– sin perseguir individuos. “El efecto disuasorio de enjuiciar con éxito a individuos es mucho mayor que el beneficio profiláctico de imponer medidas de cumplimiento interno que a menudo son poco más que adornos”, añade.

Pero ¿Qué individuos? Fabrice Tourre de Goldman Sachs se convirtió en el chivo expiatorio de los múltiples abusos relacionados con la titulización de las hipotecas “subprime”. Entre Dick Fuld, el presidente ejecutivo de Lehman Brothers, Joe Cassano de AIG y Angelo Mozilo de Countrywide –quizás los individuos más culpables de la crisis financiera mundial– sólo el Sr. Mozilo ha sufrido alguna penalización y todos siguen siendo ricos y libres. Los reguladores han optado por el mecanismo inservible de imponer sanciones negociadas a las corporaciones, porque creen que es demasiado difícil obtener condenas contra individuos o empresas. Esto se puede cambiar sólo con la “responsabilidad estricta” –los individuos son responsables de lo que ocurre bajo su supervisión, y punto final.

Bajo la responsabilidad estricta es suficiente demostrar que se ha producido un evento culposo. No es necesario investigar el motivo, atribuir culpa o determinar exactamente lo que las personas interesadas sabían. Con la responsabilidad estricta se eliminan los argumentos de la “conmoción y el horror” de la defensa que permite que la persona a cargo exprese ignorancia y horror ante las acciones de sus subordinados.

El jefe ejecutivo de un banco no debería ir a la cárcel porque un cajero robó dinero de la caja. La responsabilidad estricta debería aplicarse únicamente a la conducta de los subordinados que actúan con la autoridad de la institución. Ese concepto diferencia el empleado ladrón de un banco de un comerciante que le vende a un cliente un producto que ella sospecha que fallará. Cuando se trata de la falsificación de informes o de la venta abusiva de seguros de protección de pagos, estas acciones son repetitivas en lugar de ser pasatiempos ocasionales de un individuo, y la culpabilidad de las personas a cargo debe ser automática. El principio debería ser: “si te beneficias, pagarás los platos rotos”.

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