Financial Times

No hay que excluir la riqueza de la ecuación de la felicidad

Carlos Slim, el magnate de telecomunicaciones en México, sugiere que es el tiempo, más que el dinero, es lo que deberíamos valorar. Ha propuesto una semana de tres días laborales. Las personas podrían trabajar tres días de 11 horas y entonces tener tiempo para disfrutar a su familia.
John Authers
27 julio 2014 18:52 Última actualización 28 julio 2014 5:0
Riqueza. (Bloomberg)

Investigaciones revelan que la relación entre la riqueza y la felicidad no sólo es estrecha, sino que es más estrecha de lo que muchos podrían pensar. (Bloomberg)

¿Podemos comprar la felicidad? Esta perenne pregunta regresa al primer lugar de la agenda.

Pharrell Williams, cuya canción pegajosa “Happy” (Feliz) es el más grande éxito internacional en años, declara que eres feliz “si te sientes como un cuarto sin techo”.

Carlos Slim, el magnate de telecomunicaciones en México, quien fue el hombre más rico del mundo por muchos años, sugiere que es el tiempo, más que el dinero, lo que deberíamos valorar. Ha propuesto una semana de tres días laborales. Las personas podrían trabajar tres días de 11 horas y entonces tener tiempo para disfrutar a su familia.

La idea generó muchas reacciones, pero tiene sentido. Los países latinos tienen un día de trabajo con una siesta para comer o estar con la familia. Aunque son más pobres en términos económicos, muchos visitantes estadounidenses y europeos del norte sienten que son más felices.

Los economistas quieren medir esto. La felicidad es, por supuesto, subjetiva y difícil de medir. Pero en las encuestas se ha preguntado acerca de este tema por décadas, mientras que los economistas interpretan los datos.

Las investigaciones hechas durante los años setenta sugerían que dentro de un país, los ricos eran más felices que los pobres. Esto tiende a confirmar la creencia de que como humanos estamos programados a competir. Pero también se encontró que los países no crecían en felicidad conforme crecían en riqueza, y que los países ricos no eran más felices que los países pobres.

Como muchos asumen que la vida es sobre “la búsqueda de la felicidad,” y que el objetivo de la política económica es maximizar el PIB, esto crea un problema. Llevado a su extremo lógico, implica que no hay necesidad de darle prioridad al crecimiento económico.

En años recientes, Justin Wolfers, un economista que trabaja ahora en la Brookings Institution, armado con nuevos datos de encuestas, ha tratado de mostrar que no hay ninguna paradoja. Resumió sus conclusiones en un discurso al CFA Institute la semana pasada en Chicago.

Sus datos incluyen encuestas internacionales llevadas a cabo por World Values Survey, que ha estado en operación desde 1981, Gallup Poll, que inicio en 2005 y Pew Global Attitudes Survey, que ha hecho investigaciones desde 2002.

Estas investigaciones revelan que la relación entre la riqueza y la felicidad no sólo es estrecha, sino que es más estrecha de lo que muchos podrían pensar. En los países, los individuos son más felices conforme suben en la escala económica, ya que las investigaciones muestran que el 100 por ciento de aquellos que ganan más de 500 mil dólares anuales son felices.

El tamaño de su muestra es demasiado pequeño: seguramente algunas personas muy ricas son infelices, pero evitaron participar. El resultado parece ser que a cualquier nivel de ingresos, la mejor manera de hacerte feliz es darte más dinero.

También hay algunas señales, obtenidas de lo que aún son datos muy limitados, de que la riqueza creciente tiende a hacer más felices a los países –y al revés. Los estadounidenses estuvieron bastante menos felices después de que su economía entró en una recesión en 2008. Y los que viven en los países ricos son más felices que aquellos que viven en los países pobres.

Si hay algo que nos sorprende dentro de todo esto, es que la riqueza es más importante para la felicidad que lo que muchos pensaríamos, no menos. La vida más sencilla y menos complicada en los países pobres no compensa el dinero que pueden ganar las personas que viven vidas más complicadas y estresantes en economías más exitosas. Y de hecho el Sr. Wolfers apunta a encuestas que sugieren que colectivamente no tenemos una necesidad de competir con nuestros vecinos. Las personas no se comparan con los demás.

Las encuestas han tratado de desglosar los componentes de la felicidad. Y de hecho, el Sr. Wolfers demuestra que las personas que viven en los países más ricos son más propensas a quejarse de estrés o de sentirse preocupadas.

Pero estas correlaciones no son fuertes. Mientras tanto, según un cúmulo de medidas, las personas en los países ricos tienen una mayor oportunidad de ser felices: es menos probable que hayan experimentado dolor físico recientemente (presumiblemente porque es menos probable que hagan trabajos manuales); menos probable (sorprendentemente) que hayan sufrido depresión; más probable que hayan disfrutado una buena comida; más probable que se sonrían y se rían mucho; y más probable que sean tratados con respeto. Es menos probable que estén enojados o aburridos, y más probable que se sientan bien descansados.

¿Cuáles son las implicaciones de todo esto? Primero, el crecimiento económico debería ser un imperativo después de todo. Tal vez deberíamos de estar trabajando a tope al estilo occidental, a pesar de las sugerencias del Sr. Slim.

Y por lo tanto algunas implicaciones paradójicas de investigaciones anteriores se desvanecen. Dejar que algunas personas sean más ricas que otras no es un problema –la clave es elevar los ingresos para todos, y no preocuparse de si a alguien le va mejor.

Para empleadores, tal vez valga la pena seguir la sugerencia del Sr. Slim, pero la verdad incómoda es que la mejor manera de mantener feliz a la fuerza laboral es pagarle mejor.

Si esta evidencia y sus implicaciones no nos convencen, siempre podemos seguir a Pharrell Williams. Los economistas podrían pedirnos a todos que “aplaudamos si sabemos lo que la felicidad puede hacer por nosotros”.

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