Financial Times

Mercados emergentes ven la moneda china como alternativa

Con un poco de esfuerzo, es posible discernir el contorno de una futura “zona renminbi” que puede llegar a ser rival de la “zona dólar” que ha dominado el sistema financiero mundial desde el fin de la segunda guerra mundial.
James Kynge
30 septiembre 2014 20:46 Última actualización 01 octubre 2014 5:0
 [Bloomberg] Nikos Anastasiadis se reunirá con el presidente del BCE, Mario Draghi, y la directora gerente del FMI Christine Lagarde. 

El FMI, por ejemplo, asigna sólo el 10.3 por ciento de sus derechos de voto a los países BRICS a pesar de que han más que duplicado su participación en el PIB mundial hasta el 21 por ciento en 2013, desde menos del 10 por ciento en 2000. (Bloomberg)

Con un poco de esfuerzo, es posible discernir el contorno de una futura “zona renminbi” que puede llegar a ser rival de la “zona dólar” que ha dominado el sistema financiero mundial desde el fin de la segunda guerra mundial.

Aunque todavía borrosos, los contornos de esta nueva contingencia de divisas están mucho más definidos entre los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), a raíz de la decisión de crear un banco BRICS en julio.

Las dos entidades principales del banco – un Nuevo Banco de Desarrollo (NDB) y un Acuerdo de Reserva de Contingencia (CRA) – están diseñadas para formar una alternativa para el mundo en desarrollo a los dos baluartes institucionales de la “zona dólar”, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El banco BRICS no ha revelado qué monedas tiene la intención de utilizar para desembolsar los fondos de desarrollo (a través del NDB) y apoyo contra las presiones de liquidez a corto plazo (a través del CRA), pero dado el estatus de China como la segunda mayor economía del mundo se espera que prevalezca el renminbi, según funcionarios y analistas.

Así que la visión de una futura “zona renminbi” comienza a tomar forma: la financiación en renminbi será desembolsada desde una organización multilateral con sede en Shanghái hacia los destinatarios de las economías emergentes para financiar proyectos de infraestructura y ayudar a los gobiernos cuando existan crisis de liquidez.

Si este futuro se materializa, significará un reequilibrio en los poderes de gobernanza mundial hacia China y lejos del “consenso de Washington”. De cierta forma, el mundo occidental es el único culpable. El banco – que tendrá un capital inicial de 50 mil millones de dólares y un capital máximo permitido de 100 mil millones de dólares – se formó en respuesta a la reticencia de Occidente a delegar influencia en las potencias emergentes.

El FMI, por ejemplo, asigna sólo el 10.3 por ciento de sus derechos de voto a los países BRICS a pesar de que han más que duplicado su participación en el PIB mundial hasta el 21 por ciento en 2013, desde menos del 10 por ciento en 2000. Los países europeos, por el contrario, controlan el 27.5 por ciento de los derechos de voto con sólo el 18 por ciento de la producción mundial. Para empeorar al desequilibrio, la presidencia del FMI está reservada para un europeo, mientras que la del Banco Mundial se le asigna habitualmente a un estadounidense.

Desde otra perspectiva, el banco BRICS puede evolucionar hasta impugnar la condicionalidad – o efectivo para resultados – que el FMI y el Banco Mundial han tratado de inculcar en todo el mundo.

Teniendo en cuenta el estimado de 8 billones de dólares necesarios para financiar los planes de desarrollo de infraestructura en la región Asia-Pacífico entre 2010 y 2020, según una estimación del Banco Asiático de Desarrollo, el banco BRICS tendrá una gran oportunidad para hacerse sentir.

La creación de otra organización, el Banco Asiático de Inversión en la Infraestructura (AIIB) impulsado por China, subraya aún más el intento de Beijing de impulsar su “poder blando” financiero en el mundo en desarrollo.

Pero aunque los bancos representan conductos clave para la proyección del poder financiero chino, los determinantes más inmediatos del lugar del renminbi en el mundo dependen del atractivo – o falta de éste – de la moneda china como unidad para el comercio, reserva de valor y para inversiones de cartera.

En todas estas categorías, el renminbi sigue siendo un pez pequeño en comparación con el dólar estadounidense. Más de 50 bancos centrales de todo el mundo han expresado la intención de invertir parte de sus reservas de divisas en renminbi, según Jukka Pihlman, jefe global de bancos centrales y fondos soberanos de Standard Chartered. La penetración es más fuerte entre los países BRICS y en partes de Asia, África y América Latina que tienen un rápido crecimiento de vínculos comerciales y de inversión con China.

“Aunque es poco probable que el renminbi desafíe el predominio del dólar estadounidense como divisa de reserva mundial en el futuro inmediato, el sistema monetario internacional se está convirtiendo rápidamente en ‘multipolar’, mientras el renminbi gana protagonismo como divisa de reserva y transacción”, dice el Sr. Pihlman.

Bajo las reglas del FMI, el renminbi no puede ser incluido oficialmente en los totales de reservas reportados de los bancos centrales porque no es de “libre uso”. Sin embargo, de todos modos, algunos bancos centrales han comenzado a reportar como reservas oficiales sus inversiones en renminbi domésticas y en el exterior, dice el Sr. Pihlman, lo que indica un mayor alejamiento de la influencia del FMI.

Sin embargo, si el FMI incluyera el renminbi como activo de reserva de Derechos Especiales de Giro – lo cual se va a revisar el próximo año – actuaría como un importante impulsor de la internacionalización del renminbi, dice el Sr. Pihlman.

La oportunidad más grande para el renminbi, sin embargo, se encuentra con los posibles cambios en los flujos de inversiones de cartera, dice Jan Dehn, jefe de investigación de Ashmore, un grupo gestor de inversiones en mercados emergentes. Un pico inflacionario en la zona del dólar estadounidense, que podría venir después de la actual recuperación de la demanda estadounidense, podría provocar un fuerte aumento en el relativo atractivo de los activos en renminbi (siempre y cuando la inflación no golpee a China también), argumenta el Sr. Dehn.

“Así que la progresiva internacionalización del renminbi puede ser sucedida por la posibilidad de un aumento mayor, conforme la gente intenta protegerse de la inflación en los mercados desarrollados”, dice el Sr. Dehn.

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