Financial Times

Marina Silva le da un giro a la campaña brasileña

Silva, de 56 años puede parecer una persona frágil, pero ha burlado a la muerte en más de una ocasión y hoy reemplazará a Eduardo Campos en la campaña presidencial como abanderada del Partido Socialista Brasileño.
Samantha Pearson
19 agosto 2014 1:47 Última actualización 19 agosto 2014 5:0
El candidato presidencial Eduardo Campos murió en un accidente aéreo, su compañera de fórmula Marina Silva, asumiría la candidatura. (Reuters)

El candidato presidencial Eduardo Campos murió en un accidente aéreo, su compañera de fórmula Marina Silva, asumirá la candidatura. (Reuters)

Marina Silva tiene la costumbre de escapar de la muerte. Creció en una familia pobre de recolectores de caucho en la selva amazónica, y sobrevivió a los ataques de la malaria y la hepatitis. El agua contaminada también le provocó intoxicación por metales. Como activista contra la deforestación, posteriormente enfrentó amenazas de muerte de los ganaderos, quienes en 1988 asesinaron a Chico Mendes, su amigo cercano y célebre ambientalista de Brasil.

El miércoles de la semana pasada Silva engañó a la muerte otra vez. Debió haber estado en el jet privado que se estrelló cerca de São Paulo, matando a Eduardo Campos, candidato a la presidencia, pero ella había cambiado sus planes en el último minuto.

Las terribles experiencias han convertido a esta mujer de 56 años de edad en una persona de aspecto frágil, un poco encorvada, y a quien a menudo se le ve con oscuras ojeras. Pero sus batallas contra la muerte, así como contra la pobreza y el analfabetismo también, han fortalecido su determinación férrea, transformándola en una probable líder del segundo mayor mercado emergente del mundo.

Los miembros del Partido Socialista Brasileño (PSB) indicaron el fin de semana que Silva, compañera de fórmula de Campos, lo reemplazará en la campaña presidencial, lo cual movilizó a los brasileños y a los inversores extranjeros para tratar de conocer su posición en todos los aspectos, desde el bienestar social hasta la industria petrolera. Aunque Campos sólo tenía el 10 por ciento de apoyo en las últimas encuestas antes de morir, Silva tiene una posibilidad real de vencer a la presidenta Dilma Rousseff y a Aécio Neves del partido centrista PSDB, dicen los analistas.

Según la primera encuesta publicada desde la muerte de Campos, Silva obtendría el 47 por ciento de los votos en la segunda vuelta, frente al 43 por ciento para Rousseff – un empate técnico dado el margen de error de dos por ciento de la encuesta.

"El candidato más peligroso para Dilma siempre ha sido Marina", dice Christopher Garman de Eurasia Group, agregando que ella logró casi el 20 por ciento de los votos cuando se postuló para el Partido Verde en 2010 con muy pocos fondos y tiempo de televisión. Su popularidad, impulsada por todo esto, erosiona la esperanza de Rousseff de ganar la elección completamente en la primera vuelta con el 50 por ciento de los votos.

La lucha de Silva por combatir la deforestación y proteger las comunidades indígenas la ha hecho acreedora de premios internacionales y popularidad entre la élite intelectual y los círculos creativos de Brasil. “Marina ve la posibilidad de un Brasil diferente", escribió Fernando Meirelles, director de películas como ‘Ciudad de Dios’ y ‘El Jardinero Fiel’, en el prefacio de la biografía de Silva en 2010. Para consternación del partido gobernante PT, Silva fue incluso elegida para llevar la bandera olímpica en la ceremonia de apertura de Londres 2012.

Sin embargo, ella ha luchado para conciliar sus ideales con la política. Se desempeñó como ministra del medio ambiente durante el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, el expresidente, de 2003 a 2008. Desilusionada, abandonó el PT para unirse al Partido Verde, pero entonces renunció en 2011. Ella sólo unió fuerzas con Campos el año pasado después de que no logró establecer su propio partido, el Rede Sustentabilidade (Red Sostenible).

En una entrevista de televisión el año pasado, dio las señales más claras de su posición: está en contra de la polémica presa de Belo Monte en Brasil, ve la rápidamente creciente industria petrolera del país como un "mal necesario" y sin dudas no tiene paciencia para ganaderos como los que mataron a su amigo.

Por otra parte, ha mostrado su apoyo a la industria del etanol como biocombustible en el país, agradece mayores inversiones en tecnología por parte de los agricultores y quiere reducir sus gastos de transporte con una mejor infraestructura.

En cuanto a la economía, ha expresado su oposición al creciente poder de las compañías estatales chinas en Brasil y también defendió los tres pilares de la estabilidad macroeconómica establecidos a finales de los 1990: metas de inflación, un tipo de cambio flotante y el mantenimiento de un superávit fiscal primario.

"El problema es que la agenda de Brasil ya no es la misma . . . ahora necesitamos reformas microeconómicas", dice Carlos Melo, politólogo de la escuela de negocios Insper en São Paulo.

Sin embargo, parte del atractivo de Silva es que no habla de nuevas políticas, sino más bien de una nueva forma de hacer política – una idea que podría convencer a muchos de los desencantados brasileños más jóvenes que el año pasado salieron a las calles a protestar contra todo, desde la corrupción hasta los servicios públicos deficientes.

Como cristiana evangélica devota que una vez consideró convertirse en monja, ella también tiene el apoyo de la rápidamente creciente comunidad evangélica del país.

Sin embargo, la mayor incógnita es si Silva será capaz de ganarse a la nueva clase media y a la clase pobre del país que tradicionalmente son leales electores del PT. Sin dudas su historia personal suscita la simpatía de dichas clases. Después de la muerte de su madre comenzó a trabajar como empleada doméstica y luchó para entrar a la universidad, donde comenzó su carrera política.

Aunque la historia similar de transición de la pobreza a la riqueza del Lula da Silva significa que es difícil para ella desempeñar este papel en el espacio electoral, hay cada vez más indicios de que la popularidad del Lula da Silva ya no es suficiente para proteger a su protegida, Rousseff. La presidenta fue abucheada nuevamente el domingo durante el funeral del Campos.

Sin embargo, si la semana pasada en Brasil ha demostrado algo es que "cuando se trata de política, cualquier cosa puede pasar", dice Melo de Insper.