Financial Times

La gran oportunidad que Trump perdió con su plan fiscal

Se pueden sacar estas conclusiones: es un plan regresivo tergiversado como lo contrario; las reducciones en los impuestos de las empresas son enormes; y se ha perdido la oportunidad de lograr una reforma deseable del régimen fiscal corporativo.
Martin Wolf
03 octubre 2017 22:24 Última actualización 04 octubre 2017 5:0
Ismael Angeles

Ismael Angeles

El “marco unificado para corregir nuestro inservible código tributario” de la administración del presidente Trump es un documento impresionantemente delgado.

Pero se pueden sacar conclusiones: es regresivo; las reducciones en los impuestos de las empresas son enormes; y se ha perdido la oportunidad de lograr una reforma deseable del régimen fiscal corporativo.

El Centro de Políticas Tributarias estima que las propuestas reducirían los ingresos federales en 2.4 billones de dólares en los primeros 10 años: US$2.6 billones en recortes en impuestos de corporaciones y otros 240 mil millones perdidos a través de la eliminación de los impuestos de sucesiones y de donaciones, compensados por 470 mil millones en mayores ingresos provenientes del impuesto sobre la renta individual.

En total, el Centro estima: “Los contribuyentes en el 1 por ciento superior (con ingresos por encima de los 730 mil dólares) recibirían alrededor del 50 por ciento del beneficio fiscal total; su ingreso después de impuestos aumentaría en una media del 8.5 por ciento”.

Los que se encuentran en el 0.1 por ciento superior experimentarían ganancias de un 10.2 por ciento. Pero “los contribuyentes en el 95 por ciento inferior de la distribución de ingresos verían sus ingresos medios después de impuestos aumentar entre un 0.5 y un 1.2 por ciento”. Éste es un plan regresivo tergiversado como lo contrario.

El cambio más importante, por mucho, se halla en la tributación corporativa. En la actualidad, EU grava los ingresos mundiales de las corporaciones estadounidenses a una tasa del 35 por ciento, aunque con numerosas deducciones y lagunas fiscales (así como un impuesto estatal medio del 9 por ciento, en sí deducible del impuesto federal).

Éstas son las tasas más altas de cualquier país significativo de altos ingresos. Pero las compañías estadounidenses pagan esta tasa por los ingresos obtenidos en el extranjero (con una deducción por el impuesto extranjero pagado) sólo cuando se repatrian. De acuerdo con el Tesoro de EU, como resultado de esta política, unos 2.5 billones de dólares en beneficios de subsidiarias estadounidenses están parados en el exterior.

En el lenguaje de los expertos en tributación corporativa, EU cuenta con un sistema de impuestos corporativos basado en la residencia. Pero tiene (deliberadamente) ‘fugas’. Una forma de arreglar esto sería reducir la tasa, pero aplicarla a los ingresos mundiales, a medida que se ganan.


Puesto que la administración propone recortar la tasa al 20 por ciento, eso parece ser un camino razonable. La propuesta es, en cambio, pasar a un sistema “territorial” o “basado en la fuente”: sugiere una “exención del 100 por ciento de los dividendos de subsidiarias extranjeras (en las que la matriz estadounidense es dueña de al menos una participación del 10 por ciento)”.

Pero conserva aspectos de un sistema basado en la residencia, ya que continuará gravando las ganancias extranjeras de las compañías multinacionales estadounidenses a una tasa reducida.

Es claro que una reforma es necesaria. A pesar de tener una tasa de impuesto marginal tan alta, EU no genera mucho ingreso según los estándares de otros grandes países de altos ingresos. La combinación de altas tasas, con ingresos débiles y enormes incentivos para dejar el dinero en el extranjero es imposible de defender.

Sin embargo, se está perdiendo una oportunidad para mejorar la tributación de las corporaciones de maneras más fundamentales. EU, en cambio, reforzará el altamente problemático cambio global hacia la tributación territorial. En una economía globalizada, este tipo de impuestos crea un enorme incentivo para cambiar la supuesta producción a jurisdicciones fiscales de bajos niveles (o de cero).

Sin embargo, con una tributación basada en la residencia sobre los ingresos mundiales, en cambio, existe un incentivo para que las empresas cambien su residencia. Eso ha creado “inversiones fiscales”, el cambio artificial de domicilio corporativo.

Para ser justos, la globalización ha complicado enormemente la tributación de las corporaciones: dificulta determinar dónde se genera la ganancia; facilita los cambios del lugar de producción y del domicilio empresarial; y separa la ubicación de las compañías de la de sus accionistas.

Todo esto alienta una carrera competitiva hacia el fondo entre los gobiernos. Además, los avances tecnológicos han creado enormes empresas que poseen poco capital fijo y cuya producción apenas puede localizarse. ¿Dónde está localizado un motor de búsqueda?

Por estas razones, los expertos han propuesto la idea de un “impuesto de destino”, en lugar de uno basado en la fuente o en la residencia. De hecho, esto sería un impuesto sobre el valor agregado (IVA) generado por el capital en las ventas en una jurisdicción dada.

Sin embargo, el planeado cambio estadounidense a un sistema territorial seguramente reforzará la espiral global hacia unos impuestos corporativos cada vez más bajos, estimulados por la competencia de países con bajos impuestos y de paraísos fiscales.

Cuando la desigualdad de ingresos y la “equidad” son cuestiones tan importantes, la percepción de que el ingreso corporativo está cada vez más exento de impuestos está destinada a ser políticamente provocadora. Desafortunadamente, la oportunidad de un cambio radical parece perdida.