Financial Times

Homeopatía, el sarampión y el reinado de lo absurdo

América del Norte se está dando cuenta de cuán contagioso es el sarampión. Las personas que visitaron Disneyland en California en diciembre empezaron a contagiarse de sarampión.
Michael Skapinker
18 febrero 2015 20:38 Última actualización 19 febrero 2015 5:0
FT. Homeopatía, el sarampión y el reinado de lo absurdo.

Padres enojados ayudan a contrarrestar la falta de confianza en la medicina. (El Financiero)

Leí un libro nuevo lleno de ira esta semana. The Scientist in Wonderland de Edzard Ernst alega que su unidad de la Universidad de Exeter, dedicada a la investigación de la medicina complementaria, fue clausurada porque al Príncipe Carlos no le gustaron sus conclusiones – especialmente su conclusión de que la homeopatía es una farsa.

El libro del Dr. Ernst no está lleno de ira. Habla mucho acerca de su infancia en la Alemania de la posguerra y su amor por el jazz y por su país adoptivo, Gran Bretaña.

Para leer pura ira, es necesario ver el mensaje en Facebook de Jennifer Hibben-White acerca de su visita al médico para pesar a su bebé de 15 días.

La semana pasada, las autoridades de salud pública de Ontario la llamaron por teléfono para decirle que un paciente con sarampión se había sentado en la sala de espera 30 minutos antes de que ella y su bebé lo hicieran.

Asimismo, le dijeron que el sarampión podría permanecer en el aire y en las superficies hasta dos horas después de que la persona infectada abandonara el lugar.

América del Norte se está dando cuenta de cuán contagioso es el sarampión. Las personas que visitaron Disneyland en California en diciembre empezaron a contagiarse de sarampión. Desde entonces, al menos 141 personas en 17 estados de EU y Washington DC se han contagiado. El año pasado hubo 644 casos. En EU se pensaba que habían erradicado el sarampión en 2000, pero las tasas de vacunación han caído desde entonces. Las autoridades canadienses están también viendo nuevos casos de sarampión.

Se le dijo a Hibben-White que mantuviera a su hijo, Griffin, en casa hasta que estuviera claro que no había contraído la enfermedad. “Por lo tanto, Griffin es ahora el bebé de Schrödinger. Simultáneamente con sarampión, y sin él”, escribió. “Si usted ha optado por no vacunarse a sí mismo o a su niño, lo culpo a usted”.

Ella le dijo a aquellos que no vacunan a sus niños: “¿Ustedes piensan que los están protegiendo contra el autismo? No lo están haciendo … Si quieren utilizar Google en lugar de ciencia para ‘demostrar que estoy equivocada’, entonces me complace tildarlos de imbéciles, y también de mal informados”.

“¿Creen que los están protegiendo por medio de extractos, homeopatía, pensamientos positivos y las leyes de la atracción, y bailando a la luz de las velas bajo una luna llena?” ella escribió. “Claro que no”.

El Príncipe Carlos no se opone a la vacunación contra el sarampión, las paperas y la rubéola, que algunos padres falsamente piensan que causan autismo. El año pasado organizó la entrega de cinco millones de vacunas a las Filipinas, donde los efectos del Tifón Haiyan habían dado lugar a un enorme brote de sarampión.

Pero sí encargó un informe acerca de las terapias complementarias, las cuales durante mucho tiempo dijo que deberían integrarse con los cuidados médicos convencionales. Sus investigadores entrevistaron al doctor Ernst, quien se enfureció cuando el informe dijo, entre otras cosas, que la homeopatía podría ser una alternativa a la medicina convencional en el tratamiento del asma.

A ello siguió la disputa entre el personal del Príncipe y el Dr. Ernst sobre si él había filtrado el borrador del informe. Su universidad eventualmente lo exoneró, pero él considera que sus críticas del heredero al trono resultaron en la eliminación de los fondos para sus labores y su jubilación prematura.

El Príncipe Carlos no es el único. Millones de personas usan terapias no probadas, incluyendo la homeopatía, y algunos entre ellos se oponen a la vacunación. El Dr. Ernst examina las causas, incluyendo la desconfianza de muchos de las grandes farmacéuticas, su certeza de que la naturaleza (y por lo tanto los “productos naturales”) es benigna y una tendencia a creer que si la recuperación sigue a un determinado tratamiento, entonces el tratamiento (y no sólo el hecho de que hubo una mejoría) debió causar la recuperación.

Creo que es más que eso. La gente ha perdido fe en toda autoridad. Los escándalos en la industria farmacéutica y en otras han herido gravemente la reputación de la industria. Pocos creen lo que les dicen los gobiernos. Los medios sociales han lanzado falsas “eminencias” para brindar apoyo a cualquier prejuicio.

En su mensaje, Hibben-White escribió: “¿Ustedes saben contra qué protegen las vacunas a sus hijos? Contra el dolor. El sufrimiento. El daño irreparable. La muerte”. El sarampión puede matar: 110 murieron en el brote de las Filipinas el año pasado.

Hibben-White sabe lo que es la muerte. Su hija de cinco años de edad murió, no de sarampión, y no de cualquier cosa contra la cual la hubiera podido vacunar. Si supieran lo que se siente perder un niño, escribió, “se arrastrarían por las calles . . . rogando por la vacuna para inyectarle a sus preciosos bebés”.

Textos accesibles como los del Dr. Ernst ayudan, pero dudo que sus argumentos cambien el punto de vista de los testarudos. Son los padres como la Sra. Hibben-White quienes deben estar a la cabeza de esta lucha.

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