Financial Times

El fracaso también puede ser negocio

FUN es el producto de un fracaso y también vive de él: se trata de una plataforma que permite a los empresarios contar sus experiencias cuando fracasaron al intentar emprender un negocio y las lecciones que les dejó. 
Jude Webber Financial Times
01 mayo 2017 19:25 Última actualización 02 mayo 2017 5:0
El fracaso también puede ser negocio.

Revelar y analizar errores empresariales se ha convertido en un buen negocio.(Especial)

Leticia Gasca ha hecho carrera, y ha construido una exitosa marca, con base en el fracaso. Todo empezó compartiendo mezcal, la bebida de los “millennials” mexicanos. Reunida con cuatro amigos una tarde de 2012, la Srta. Gasca — quien se había graduado con un título de administración de empresas, trabajaba en una aceleradora de empresas “startup” y, en aquel entonces, era redactora de la revista empresarial Expansión — dejó escapar la historia de la compañía que había creado cuando era estudiante para empoderar a las mujeres artesanas rurales.

Aunque la compañía logró aumentar los ingresos de las mujeres, nunca pudo pagar a su personal y fracasó en dos años debido a lo que ella llama “muy, muy mala planificación financiera”. Sumergida en una breve depresión, ella reprimió la experiencia durante siete años. Pero, con la lengua aflojada como consecuencia del licor esa noche en Ciudad de México, se encontró compartiendo su historia.

A partir de ese momento de catarsis nació F*ckUp Nights (FUN). Hoy en día, los empresarios de más de 220 ciudades de 72 países se ponen de pie en público cada mes para contar cómo ‘metieron la pata’ en los negocios durante una presentación de siete minutos, al estilo de las de TED, ilustrada con 10 imágenes.

“Nunca deja de impresionarme cómo parecemos estar empeñados en negar la realidad del fracaso; estamos obsesionados con el éxito”, comentó Gasca. “Hay mucho que aprender del fracaso”.

Los primeros eventos de FUN eran asuntos ‘clandestinos’, con la audiencia sentada en bancas improvisadas bebiendo cerveza. Durante los primeros seis meses fue un pasatiempo. “Mantenerlo simple, hacer que suceda”, era el lema. Pero empezó a aumentar después de que una de las asistentes a un evento pidiera poder replicar el concepto en España.

“Ella le escribió a Leti y le preguntó qué tenía que hacer. Tú sabes cómo es cuando realmente no sabes el valor de algo. Leti le respondió que tendría que mandar a uno de ellos a España, pagar miles de euros.

La española le dijo que no había manera de que pudiera pagar pero que le gustaría tomar el concepto y respetarlo, no robarse la idea”, recuerda Fernanda Legaspi, quien tiene un aleccionador fracaso de relaciones públicas en su haber y actualmente coordina los encuentros de FUN en Ciudad de México.

FUN se destiló luego en un manifiesto para hacer que el concepto, en la jerga de los empresarios, fuera “escalable”. La idea se popularizó, llegando a 15 ciudades en dos meses y persuadiendo a Gasca, que ahora tiene 30 años, de que era hora de renunciar a su trabajo y dedicarse al fracaso a tiempo completo. Ella no ha dado vuelta atrás. Tal y como ella escribe en su publicación en línea “F*ckUp Book”: “Y para todos aquellos que todavía temen estar asociados con el fracaso, permítanme decirles: este movimiento global de fracasos es un éxito”.

El número de ciudades que llevan a cabo eventos de FUN está creciendo entre un 10 a 15 por ciento cada mes, y “con 4,000 ciudades en el mundo, creemos que podemos tener una FUN en cada país”, asegura Gasca.

El concepto sigue siendo admirablemente simple: las ciudades que participan en FUN pagan una tarifa “de licencia” mensual de 20 dólares. La marca — la cual mantiene ocho empleados “pero somos una ONG así es que no obtenemos nada extra” — gana más dinero de eventos corporativos. Muchos de ellos tienen lugar en Alemania, donde la Srta. Gasca dice que el fracaso es visto como “una herramienta de cambio gerencial”. Ella está actualmente concentrando sus energías en el más reciente capítulo del concepto: un grupo de investigación dedicado a analizar el fracaso y a destilar sus lecciones.

Mientras que las escuelas de negocios analizan los casos de operaciones exitosas,Gasca las aborda desde el ángulo opuesto, investigando por qué fracasan las empresas. Las investigaciones en el grupo de estudios, el Failure Institute, han sido financiadas por, entre otros, el Banco Interamericano de Desarrollo, el Andean Development Fund, la embotelladora de Coca-Cola Femsa y la aseguradora colombiana Sura, así como por las autoridades mexicanas.

Gasca espera que “otra cosa despierte mi curiosidad” a la larga. Pero, para entonces, ella espera haber dejado su huella. “Espero que en menos de una década veamos que hemos tenido un impacto en la longevidad de las compañías”, declaró.

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