Financial Times

El ‘Trumpismo’ ya ganó (aunque Trump no sea candidato)

La extravagancia del éxito de Donald Trump ha allanado el camino para que otros lo intenten. Los vituperios del magnate han alterado el carácter de la política estadounidense. Será difícil cambiarlo.
Edward Luce
24 noviembre 2015 20:24 Última actualización 25 noviembre 2015 9:19
Donald Trump

Los vituperios de Donald Trump han alterado el carácter de la política estadounidense. (El Financiero)

Sinclair Lewis, el novelista estadounidense, supuestamente dijo: “Cuando el fascismo llegue a EU, lo hará envuelto en una bandera y cargando una cruz”. Ha sido durante mucho tiempo fácil — demasiado fácil — descartar a Donald Trump como una celebridad que gusta de autopromocionarse y que tiene pocas posibilidades de ganar la Casa Blanca. Sus posibilidades siguen siendo bajas (Nate Silver, el gurú de los datos electorales, las pone en un 10 por ciento, lo cual es, sin embargo, cinco veces más que cuando empezó). Pero nuestro punto de vista aún es demasiado optimista. Si Trump desafía las probabilidades, o eventualmente se esfuma, no es lo importante. La extravagancia de su éxito ha allanado el camino para que otros lo intenten. Los vituperios de Trump han alterado el carácter de la política estadounidense. Será difícil cambiarlo.

Como prueba de ello, ahí están los rivales “moderados” de Trump en la contienda republicana. En lugar de ofrecer una alternativa, los candidatos principales se están acercando cada vez más al nativismo de Trump. Jeb Bush, el favorito original del “establishment político”, ahora cree que EU sólo debería aceptar refugiados sirios si son cristianos. Este año el Sr. Bush se refirió a los hijos de extranjeros indocumentados como “bebés ancla”: llamados así debido a que los inmigrantes ilegales presuntamente vienen a EU para garantizar que sus nonatos tendrán la ciudadanía. Esto contrasta con lo que dijo en febrero antes de que Trump entrara en la contienda: “Debemos acoger a todos los inmigrantes”, dijo Bush al Chicago Council on Global Affairs. “Nosotros los estadounidenses somos de 34 sabores distintos”.

Chris Christie — ejemplo de moderación dado que gobierna el estado democrático de Nueva Jersey — cree que EU no debería aceptar ningún refugiado sirio en lo absoluto independientemente de su origen religioso, incluso aunque sean “huérfanos de tres años de edad”. En respuesta a la repetidamente falsificada afirmación de Trump de que vio a miles de musulmanes estadounidenses en Nueva Jersey aplaudiendo la caída de las Torres Gemelas el 11 de septiembre, Christie dijo: “Creo que si hubiera sucedido, me acordaría de ello, pero, ya saben, también podría haber cosas que se me olviden”. Mientras tanto, John Kasich, gobernador de Ohio, la semana pasada dijo que EU debe establecer un organismo federal para promover los valores judeo-cristianos. Hasta la llegada de Trump, la mayoría de los republicanos rechazaban la idea de un “choque de civilizaciones” en el mundo. Ahora es lo normal.

Con rivales como éstos, ¿acaso Trump necesita amigos? Será cada vez más difícil para aquellos semejantes a los señores Bush, Christie y Kasich desconocer lo que han dicho. Los tres han intentado calificar sus diferentes lapsos “trumpistas”. Pero semejantes desvaríos están ocurriendo con más frecuencia y pocos notan sus calificaciones. Además, el hecho de que intenten arreglar lo que dijeron refuerza la afirmación de Trump de que el “establishment” republicano está dirigido por un grupo de evasivos que carecen de convicciones. Es una narrativa con un inquietante aroma al debate entre los demagogos y sus detractores en la década de 1930. El Padre Charles Coughlin — el Trump de EU en la década de 1930 — dijo: “Cuando hayamos terminado con los judíos de EU, pensarán que el trato que recibían en Alemania no era nada”. Trump habla de los hacinados refugiados de Siria como “caballos de Troya” para el Estado Islámico.

Una lección del auge de Trump es que los votantes premian la claridad. Después de haber enturbiado las aguas, los moderados no están en condiciones de silenciar a Trump cuando piensan que ha ido demasiado lejos. La semana pasada, Trump dijo que debería haber una base de datos de los musulmanes estadounidenses. Incluso dio a entender que deberían llevar tarjetas de identidad. Muy pocos prestaron atención a las condenas de sus rivales. El “establishment” republicano está paralizado por el miedo. Apaciguarlo lo pone peor. Esto es lo que El Donald escribió en un mensaje de Twitter sobre Kasich cuando visitó el estado natal de este último. “En camino a Ohio, hogar de uno de los peores candidatos presidenciales en la historia: no sabe debatir, ama el Obamacare y es un tonto”. Lo más probable es que Trump se unirá al Padre Coughlin en el Más Allá político. Pero su estilo de política ya ha sido validado.

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