Financial Times

El triste ocaso de la presidencia de Barack Obama

La historia racial de EU no terminó con la elección de Obama. Simplemente comenzó un nuevo capítulo. Parece que las naciones sufren de los mismos trastornos que los humanos; lo que sucede en sus años formativos forma su carácter para siempre.
Edward Luce
06 marzo 2016 20:59 Última actualización 07 marzo 2016 5:0
FT. El triste ocaso de la presidencia de Barack Obama.

La historia racial de EU no terminó con su elección como muestran pautas de votación actuales. (El Financiero)

Podría considerarse la maldición de expectaciones altas. Cuando Barack Obama comenzó su presidencia, el mundo estaba en éxtasis, EU exhaló y los expertos declararon el fin de siglos de división racial. Al observar a 1.5 millones de personas que se expusieron al frío para evidenciar la inauguración de Obama, Steven Spielberg dijo que sería casi imposible duplicar la escena en una película.

Eso era entonces. Ahora el primer presidente no blanco está terminando su mandato en el momento más tenso de polarización racial que el país ha visto en muchas décadas. Gracias a Donald Trump, el Ku Klux Klan está en los titulares de nuevo. Dudo que Trump suceda a Obama como presidente pero ha inyectado veneno en la corriente sanguínea del país. A pesar de las esperanzas del Sr. Obama, el temor es nueva “moneda” dominante.

La historia racial de EU no terminó con la elección de Obama. Simplemente comenzó un nuevo capítulo. Parece que las naciones sufren de los mismos trastornos que los humanos; lo que sucede en sus años formativos forma su carácter para siempre. Al igual que India considera a los inversionistas extranjeros como colonizadores potenciales, y Gran Bretaña confunde a Bruselas con el Papado, EU está encadenado a su pecado original: la esclavitud. EU sigue con un pie plantado en el pasado más de medio milenio después de que los primeros africanos fueron transportados a través del Océano Atlántico.

Sólo hay que escuchar a los seguidores de Trump. Según las encuestas de salida en Carolina del Sur, donde Trump ganó fácilmente el mes pasado, una quinta parte de los que votaron por él pensaban que Abraham Lincoln se equivocó cuando emancipó a los esclavos. Ted Cruz, quien parece ser el único rival viable de Trump obtuvo números similares. Setenta por ciento deseaban que la bandera confederada aún siguiera volando encima del capitolio del estado. Fue retirada el año pasado después de la masacre de nueve feligreses negros por un “confederado” autodeclarado. “El pasado nunca se muere,” dijo William Faulkner. “Ni siquiera es pasado”.

¿Qué puede hacer Obama al respecto? Hace nueve años lanzó su campaña desde el mismo sitio en Springfield, Illinois, donde el Abraham Lincoln alcanzó su prominencia. Obama citó al famoso presidente: “Una casa dividida contra sí misma no puede sostenerse”. Obama prometió instaurar nuevas políticas que transcenderían el golfo entre los estados rojos y los estados azules. El subtexto era que al elegir un afroamericano, EEUU también podría sanar una división antigua. Esas promesas han sido desmentidas por el auge de Trump. La política en EEUU no ha estado tan paralizada desde la Guerra Civil Estadounidense.

Durante décadas, los principales estrategas republicanos han utilizado un “susurro codificado” para estimular los temores raciales. No debería sorprenderles que alguien como Trump utilice un megáfono.

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