Financial Times

El precio de la vanidad de Trump

Se vuelve casi imposible no concluir que el peligro inminente para la paz y la seguridad internacionales es la previsible colisión entre el narcisismo de un enfurecido y confundido Donald Trump y los límites del poder estadounidense.
Philip Stephens
19 octubre 2017 22:14 Última actualización 20 octubre 2017 8:44
Ismael Angeles

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La ira en la Casa Blanca no tiene límites. El líder norcoreano Kim Jong Un -el “pequeño hombre cohete”, como lo llama el presidente estadounidense- debe ser destruido.

El acuerdo nuclear internacional con Irán es el peor acuerdo de la historia. El libre comercio es una conspiración contra EU. Los aliados de EU son unos parásitos. Es casi imposible no concluir que el peligro real e inminente para la paz y para la seguridad internacionales actualmente es la previsible colisión entre el narcisismo de Donald Trump y los límites del poder estadounidense.

Como candidato, Trump prometió enterrar el internacionalismo liberal. Él se desharía de los ‘enredos’ globales a favor de darle prioridad al nacionalismo de “EU primero”. Como presidente, él ahora quiere que el mundo haga lo que él dice, o lo que él tuitea.

Trump no está acostumbrado a que lo desafíen, particularmente cuando los desafíos provienen de aquellos con nombres que suenan extranjeros de lugares desconocidos en el mapa. Al amenazar con aniquilar a Pyongyang o con desautorizar el acuerdo nuclear con Teherán, el presidente no es más que un enfurecido ególatra confundido por la imposibilidad de salirse con la suya.

Los arrebatos acarrean consecuencias, algo que se me hizo de nuevo evidente durante unos días transcurridos esta semana en Seúl. Los tambores de guerra suenan más amenazantes cuando estás al alcance de las baterías de artillería de Corea del Norte. No tanto porque los surcoreanos viven con miedo permanente.

Ellos son estoicos y están acostumbrados a la amenaza del norte. Más bien porque, en Kim, Pyongyang cuenta con un líder tan volátil como el presidente estadounidense. Las reglas de contención, de disuasión y todas las demás dependen de una cierta previsibilidad de ambas partes.

Las viejas heridas nunca se han cerrado adecuadamente en Asia Oriental, inyectando una cualidad visceral en los nacionalismos rivales.

Para Europa, el sistema liderado por EU después de 1945 proporcionó una arquitectura de seguridad colectiva para promover la reconciliación y la integración. Sin embargo, Asia Oriental ha tenido que arreglárselas con un acuerdo de “tipo centro-periferia” que deja a cada aliado individualmente comprometido con EU, según Hahm Chaibong, el director del Instituto Asan, un centro de estudios de Seúl.

Cuando el presidente Trump habla de ir a la guerra para detener el programa nuclear de Pyongyang, los intereses de la región se dejan de lado. Lo que importa es que Kim pronto pudiera contar con un misil capaz de llegar a la costa oeste de EU. Seúl rara vez recibe mención alguna, aunque enfrentaría devastadoras represalias. Cuando el presidente dice que puede asestar un “golpe de nocaut” a Corea del Norte, él descarta la posible pérdida de incontables miles de vidas surcoreanas.

La tentación es ignorar los delirios del presidente. Nueve meses de lidiar con una caprichosa Casa Blanca han visto a los aliados recurrir a una política de “solución alternativa”: ignorar las tormentas de Twitter, tratar con los adultos, particularmente con el secretario de Defensa estadounidense Jim Mattis, y esperar que se pueda preservar algo del antiguo sistema multilateral más allá del día de la partida de Trump.
Pero la estrategia se está quedando sin posibilidades.

La desautorización del acuerdo nuclear de Irán por parte de Trump amenaza con acabar con el ejercicio más exitoso en asuntos de seguridad colectiva durante una generación. En el mejor de los casos, destruye la credibilidad de EU en los esfuerzos internacionales de forma pacífica para evitar una mayor proliferación nuclear. 

Trump bien pudiera haber colgado un letrero en la Casa Blanca que declarara que ya ni los amigos ni los adversarios pueden confiar en Washington.

En el peor de los casos, volverá a colocar a Irán en el camino hacia un programa de armas nucleares, con todos los inmensos riesgos que implicaría para la paz regional y mundial. El Congreso pudiera evitar una ruptura con los aliados de EU negándose a reintroducir sanciones contra Teherán. El daño a la posición de EU, sin embargo, ya está hecho.