Financial Times

Latinoamérica, sumida nuevamente en violencia y corrupción

No hay una solución única para la delincuencia y la corrupción que asola a México y Centroamérica. Pero los recientes escándalos de México han alertado al gobierno sobre la necesidad de fortalecer sus instituciones.
Jude Webber
04 mayo 2015 19:45 Última actualización 07 mayo 2015 7:35
FT. El pasado vuelve para asediar a los líderes latinoamericanos.

No hay una solución única para la delincuencia y la corrupción que asola a Centroamérica y México. (El Financiero)

Corrupción, caudillos y conflictos: este año se perfila para brindarnos una América Latina sacada directamente de Hollywood. Hay un escándalo de corrupción gubernamental en Guatemala; un operador político inteligente busca la potencial reelección indefinida en Honduras; y la violencia arrecia en El Salvador casi un cuarto de siglo después del fin de la guerra civil del país.

El Primero de Mayo en Guatemala se caracterizó por una (segunda) gran manifestación contra el gobierno de Otto Pérez Molina, el cual ha sido afectado por un escándalo de corrupción conocido como “La Línea” por el número de teléfono dado a los importadores que buscan evadir los derechos de aduana a cambio de sobornos. El problema parece que va a ser tema dominante en el período previo a las elecciones de septiembre.

Los manifestantes en Guatemala, tanto en las calles como a través de las redes sociales, han exigido la dimisión del presidente, así como la de su vicepresidenta, Roxana Baldetti. El secretario privado de esta última está acusado de haber sido uno de los cabecillas de La Línea y ahora está prófugo y con una orden de arresto en su contra. Si lo atrapan, se uniría a 21 personas ya detenidas, entre ellas el jefe de la agencia tributaria del país.

“Estás despedido. Tus jefes, el pueblo guatemalteco, te notifican que, a partir de este momento, ya no necesitamos tus servicios ineficientes y patéticos”, decía un cartel en manos de los manifestantes el mes pasado. Otra gran manifestación está programada para el 16 de mayo.

¿Lograrán sus objetivos estos manifestantes? Tal vez no, si nos guiamos por el caso de México. A pesar de la ira generalizada y las muchas protestas, el presunto asesinato el año pasado de 43 estudiantes con la complicidad de policías corruptos ya no es noticia de primera plana en México. El gobierno del presidente Enrique Peña Nieto cautelosamente podría estar dejándolo expirar.

¿También están convencidos los funcionarios en Honduras de que el tiempo cura todas las heridas? Hace seis años, Manuel Zelaya fue sacado de la cama – y de la presidencia – en un golpe de Estado dirigido por los militares y provocado por su campaña para cambiar la constitución para que permitiera la reelección presidencial. Ahora, algunos de los funcionarios que apoyaron ese golpe han dado un giro de 180 grados y el mes pasado la Corte Suprema revocó la prohibición de la reelección constitucional.

Es una medida que preocupa a algunos observadores. Eurasia Group, una consultoría política, señala: “(El presidente Juan Orlando Hernández) ya controla los tribunales, y el fiscal general, y ejerce una influencia significativa en el Congreso. La reelección – especialmente una potencial reelección indefinida – ayudará aún más al poder ejecutivo y, por lo tanto, es un mal presagio para la fuerza y transparencia de las ya debilitadas instituciones del país”.

Sin embargo, reforzar las instituciones – en este caso, las de seguridad pública – es el plan del presidente de El Salvador, Salvador Sánchez Cerén, un ex guerrillero marxista. Enfrentando una tregua colapsada entre las dos “maras” – pandillas criminales – más poderosas del país y después de más de 480 asesinatos en marzo, lo que lo convierte en el mes más mortífero en el país desde hace una década, el presidente ha establecido cuatro batallones de élite dentro de la policía y el ejército para contrarrestar la violencia con la fuerza.

El Salvador se prepara para más derramamiento de sangre – algo con lo que México también puede identificarse. La fallida “guerra contra las drogas” del antecesor del Sr. Peña Nieto, Felipe Calderón, costó unas 100,000 vidas. Aunque el número de homicidios disminuyó en 2014 por tercer año consecutivo, según un nuevo informe del programa Justicia en México de la Universidad de San Diego, la situación está lejos de aplacarse. El Primero de Mayo, el cártel Jalisco Nueva Generación, considerado actualmente el más peligroso de México, derribó un helicóptero del ejército; matando a cinco soldados y provocando una ola de violencia.

No hay una solución única para la delincuencia y la corrupción que asola a México y Centroamérica. Pero los recientes escándalos de México han alertado al gobierno sobre la necesidad de fortalecer sus instituciones.

El Congreso acaba de aprobar reformas constitucionales para establecer un nuevo “sistema” de lucha contra la corrupción que se pretende sea la antesala de las reformas judiciales que entrarán en vigor el próximo año y hay planes -– aunque aún prematuros – para reformar la usualmente inepta o corrupta policía mexicana.

México se encamina en la dirección correcta, aunque el progreso va a “paso de elefante”, dice Marco Fernández, profesor del Tecnológico de Monterrey e investigador del grupo de estudio México Evalúa. Sus vecinos deberían seguir su ejemplo.

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