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¿Debería de haber más impuestos a las utilidades retenidas?

En una economía dinámica, se esperaría que las corporaciones en conjunto utilizaran el exceso de ahorro de otros sectores, en particular el de los hogares, para generar así tanto una fuerte demanda como una creciente oferta.
Martin Wolf
17 noviembre 2015 20:29 Última actualización 18 noviembre 2015 5:0
FT: ¿Debería de haber más impuestos a las utilidades retenidas?

Superávits corporativos contribuyen al exceso de ahorro. (El Financiero)

La noción de un “exceso de ahorro” ayuda a explicar las tasas de interés reales ultra bajas que hemos visto desde la crisis mundial de 2007-09. Pero la idea de un “estancamiento secular” sugiere que este exceso ya había surgido incluso antes de la crisis. Para explicar por qué sucedió esto, hay que considerar el comportamiento del sector empresarial.

Entonces, ¿dónde encajan las corporaciones en un análisis del cambiante equilibrio entre el ahorro y la inversión planificados? La respuesta comienza con el hecho de que las empresas generan una enorme proporción de la inversión. En las seis economías de altos ingresos más grandes (EU, Japón, Alemania, Francia, el Reino Unido e Italia), las corporaciones representaron entre la mitad y un poco más de dos tercios de la inversión bruta durante el año 2013 (el porcentaje más bajo en Italia y el más alto en Japón).

Debido a que las empresas son responsables de una gran parte de la inversión, también son, en conjunto, los mayores usuarios de ahorros disponibles, pero sus propias utilidades retenidas también representan una enorme fuente de ahorros. Por lo tanto, en estos países, las ganancias corporativas generan entre el 40 por ciento (en Francia) y el 100 por ciento (en Japón) del ahorro bruto (incluyendo el ahorro externo) a disposición de la economía.

En una economía dinámica, se esperaría que las corporaciones en conjunto utilizaran el exceso de ahorro de otros sectores, en particular el de los hogares, para generar así tanto una fuerte demanda como una creciente oferta. Si la inversión es débil y las ganancias son fuertes, sin embargo, el sector empresarial se convertirá, curiosamente, en un financiador neto de la economía. El resultado será una mezcla de déficits fiscales, déficits financieros de los hogares y superávits en cuenta corriente (es decir, los déficits de la cuenta de capital). En Japón, los déficits fiscales compensan los enormes superávits empresariales. En Alemania, un déficit de la cuenta de capital compensa los superávits de las empresas y de los hogares.

Desde la crisis, los sectores empresariales de las grandes economías de altos ingresos han generado superávits de ahorro sobre la inversión, con la excepción de Francia. Los superávits de ahorro de las corporaciones japonesas son, sorprendentemente, cerca del 8 por ciento del Producto Interno Bruto.

Por lo tanto, los sectores empresariales han contribuido sustancialmente al exceso de ahorro. Esto no es sólo un fenómeno poscrisis. Incluso antes de la crisis, los sectores empresariales contaban con superávits en Japón, el Reino Unido, Alemania (excepto en 2008) y EU (excepto en 2007 y 2008). Un documento de la Reserva Federal de EU señala que la Gran Recesión ha sido en parte responsable de estos superávits, pero añade que, incluso durante la media década anterior a la crisis, las tasas de inversión empresariales “habían caído por debajo de los niveles que se habrían pronosticado mediante los modelos estimados en años anteriores”.

El aumento en el superávit de ahorro empresarial sobre la inversión es el resultado de una combinación de fuertes ganancias y de una debilitada inversión. Este debilitamiento de la inversión es tanto estructural como cíclico. Además, el debilitamiento está muy extendido. Sin embargo, el exceso de ahorro empresarial de Japón es único en cuestión de escala. Cualquier análisis de los retos económicos de Japón que no parta de este hecho es básicamente inútil.

Es también importante no confundir el exceso de ahorro empresarial sobre la inversión con las ampliamente observadas acumulaciones de dinero en efectivo por parte de numerosas compañías. Las empresas pueden adquirir efectivo no sólo acaparando las utilidades retenidas, sino también obteniendo préstamos o vendiendo activos.

La observación de que un superávit estructural del ahorro sobre la inversión parece haber surgido en los sectores empresariales de los grandes países de altos ingresos es altamente significativa. Es significativa para el crecimiento de la oferta potencial, ya que refleja un nivel de inversión relativamente débil, pero también es importante para la condición de la demanda agregada.

Si el sector empresarial genera un superávit estructural del ahorro sobre la inversión, otros sectores deben incurrir en déficits estructurales que lo compensen. Si el gobierno ha de obtener el equilibrio financiero, ya sean los hogares o los extranjeros deben incurrir en estos déficits. En la eurozona, esta lógica ha llevado a enormes superávits de cuenta corriente (un déficit financiero para los extranjeros). Para el Reino Unido y EU, es probable que signifique renovados déficits de los hogares, lo cual es una posibilidad peligrosamente desestabilizadora.

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