Financial Times

Brasil, ‘el país del futbol’, no está entusiasmado

El ambiente callejero en Brasil que precede usualmente el Mundial –los carros adornados con pancartas y banderas, las paredes y calles pintadas con los colores nacionales, verde y amarillo– no se ve mucho este año.
Joe Leahy
25 mayo 2014 19:45 Última actualización 26 mayo 2014 9:45
Rio. (Bloomberg)

¿Sigue siendo Brasil el país del futbol? Los problemas en la organización de la justa mundialista hacen dudar a muchos. (Bloomberg)

No es por nada que a Brasil se le llama “o País do Futebol” (el país del futbol). El país más grande de Latinoamérica es la única nación en haber ganado la Copa Mundial cinco veces.

Ha sido tal su éxito que en 1970 se le permitió quedarse con el trofeo original de la Copa Mundial, el trofeo Jules Rimet. Las reglas de FIFA en aquel tiempo le daban ese derecho al primer equipo que ganara tres veces el torneo.

Pero a solamente dos semanas de iniciar la competencia de 2014 en São Paulo el 12 de junio, los brasileños demuestran poco entusiasmo por el venidero torneo.

No es solamente un aumento de huelgas y protestas lo que da esta impresión. El ambiente callejero en Brasil que precede usualmente el Mundial –los carros adornados con pancartas y banderas, las paredes y calles pintadas con los colores nacionales, verde y amarillo– no se ve mucho este año. Normalmente hubiera empezado a notarse después del Carnaval, al principio de marzo.

Así que ¿Sigue siendo Brasil el país del futbol? o ¿Ha cambiado en las maneras que FIFA, el organizador de la Copa Mundial y Luiz Inácio Lula da Silva, el astuto anterior presidente, no notaron en 2007 cuando acordaron organizar aquí el torneo?

Hay posiblemente dos razones que explican esta aparente ambivalencia brasileña. La primera es la ansiedad de que las preparaciones no estén a la altura y los avergüencen frente a todo el mundo. La gente tampoco quiere estar relacionada con un evento criticado como corrupto (aunque nada se ha podido comprobar en los juzgados) ni con un desperdicio de dinero público cuando hacen falta servicios esenciales.

La segunda y más enraizada explicación concierne a la demografía. Brasil simplemente ha crecido. Los brasileños son mayores y están más ocupados de lo que estaban durante los triunfos de las Copas Mundiales de otras décadas. Tienen menos tiempo para pensar en el futbol.

El porcentaje de personas entre 15 y 24 años ha caído de 21 por ciento en 1980 a 17 por ciento actualmente, según datos de Nomura y la IBGE, la agencia brasileña de estadística. Mientras tanto, el número de brasileños en la edad de trabajo de 25 y 59 años ha crecido cerca de 35 por ciento en 1980 a 48 por ciento. La gente que está en este grupo de edad al día de hoy prácticamente tienen empleos de tiempo completo. El desempleo alcanzó un mínimo histórico de 4.9 por ciento en abril, comparado con 12 por ciento hace una década.

Más gente joven está terminando la escuela y la universidad. La proporción de brasileños con nueve o más años de educación se ha prácticamente duplicado en la década pasada, según Nomura.

Hasta ahora, estas tendencias demográficas han funcionado a favor de Brasil. El crecimiento de la fuerza de trabajo ha disminuido conforme ha declinado la proporción de gente joven, ayudando a mantener un bajo nivel de desempleo aun en tiempos de débil crecimiento económico. Pero eventualmente, esto presentará los mismos problemas a los que se enfrentan otros países, particularmente el tema de cómo podrá financiar el Estado los gastos por pensiones.

Brasil tiene tiempo para prepararse para estos retos. Tiene menos tiempo para cambiar la opinión pública sobre la Copa Mundial.

El gobierno está haciendo lo mejor que puede con anuncios pidiendo a los brasileños que realicen la “Copa de Copas”, o la más grande Copa Mundial de todos los tiempos. Presentando números impresionantes en los supuestos beneficios del torneo hacia trabajos e inversión, los anuncios tratan de convencer a los brasileños de que este torneo es su torneo.

Probablemente vuelvan el entusiasmo y la energía una vez que los equipos internacionales comiencen a llegar. Seguramente el amor de Brasil por el futbol no ha seguido el camino de la Copa Jules Rimet, que desapareció de su vitrina en Río de Janeiro en 1983 y probablemente haya sido fundida para obtener su oro.

Cualquiera que haya asistido a la final de la Copa Confederaciones de la FIFA el año pasado, la cual es el ensayo general para la Copa Mundial, en la que Brasil derrotó a España, estaría convencido por el entusiasmo del público, de que Brasil sigue siendo “o País do Futebol”.

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