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El surf puede ser negocio... y también un drama

El exito de la ropa para surf impulso su comercialización de forma masiva durante la primera decada de este siglo, desgastando la cultura del surf; sin embargo, la necesidad de resucitar al sector hace replantear sus estrategias de negocio....pero solo para surfistas. 
Bloomberg
18 marzo 2016 19:41 Última actualización 20 marzo 2016 5:0
El club de surf Gaza describe el deporte como una vía para "olvidar las penurias de la vida en Gaza". Pero ese no es realmente el caso de los dos hombres que chapotean en unas aguas tan frías como para cortar la respiración incluso dentro de un traje de n

El club de surf Gaza describe el deporte como una vía para "olvidar las penurias de la vida en Gaza". Pero ese no es realmente el caso de los dos hombres que chapotean en unas aguas tan frías como para cortar la respiración incluso dentro de un traje de neopreno. Las aguas residuales, al natural o sólo parcialmente tratadas, se mezclan ahora en las olas. (Reuters)

Si se trazara la historia del negocio de la ropa de surf en una telenovela, esta sería más o menos así.

Las acciones de Billabong y Quiksilver, las marcas más grandes del sector, se suben a niveles históricos en 2007, pero luego se desploman. Atrás quedaron los días cuando las escuelas secundarias estaban atiborradas de camisetas con estampados brillantes y pantalones holgados, y se podía ver a Matthew McConaughey capturando una ola en Malibu Beach en pantalones cortos hasta la rodilla.

En el 2011, la empresa californiana de ropa de surf PacSun inicia el cierre de 200 tiendas. En el 2015, Quiksilver se desliza a un tribunal de quiebras.

Se presenta un actor joven y ambicioso con la esperanza de revivir el sueño salado. El minorista australiano SurfStitch empieza a cotizar en la bolsa en el 2014 y silenciosamente se lanza a una oleada de adquisiciones, comprando a los minoristas online Swell y Surfdome, al fabricante de accesorios Surf Hardware International, la revista de surf Stab, el servicio de pronósticos de surf Magicseaweed y el estudio de videos deportivos Garage Entertainment and Production.

Repentinamente, SurfStitch tiene un alcance global, ingresos de 145 millones de dólares australianos (equivalente a 109 millones de dólares) en su último semestre fiscal y una importante visión: un imperio del surf de mil millones de dólares unificado para el siguiente año como Swell.

Sin embargo, la incertidumbre amenaza a SurfStitch como una ola gigante. En un impactante anuncio, su máximo responsable ejecutivo, Justin Cameron, renuncia abruptamente a la compañía que él fundó junto a su amigo surfista Lex Pedersen en un correo electrónico. The Sydney Morning Herald declara que Cameron se “volvió loco”.

La empresa anuncia que él estuvo conversando con inversionistas para hacer de SurfStitch una empresa privada. Pedersen fue nombrado CEO adjunto, junto con otro ejecutivo, Justin Stone. En todo el proceso, las acciones repuntan más de 20 por ciento.

“Sentimos que estamos preparados para ayudar de alguna manera a resucitar el sector”, dijo Pedersen en una entrevista antes de la reestructuración anunciada el pasado jueves.

El audaz plan consiste en volver a hacer ropa de surf centrándose en los surfistas. Pedersen dijo que las marcas principales habían desgastado la legitimidad de la cultura del surf y que era tiempo de volver al corazón de la comunidad.

Stab está orientada a verdaderos aficionados que se interesan en leer sobre un australiano que atrapó 152 olas en una sola sesión de siete horas. Magicseaweed es para surfistas que necesitan revisar las webcams para ver si sus playas locales son movidas. Los bañistas frecuentes seguirán comprando mucha ropa de surf, inevitablemente.

“Se comercializó en forma masiva y perdió su sello”, dijo Hoda Mallone, consultora de moda de Los Ángeles, epicentro de la ropa de surf en Estados Unidos. Y reconoce que las marcas crecieron demasiado y que una contracultura relajada se volvió corporativa. “Se siente el desgaste”, dijo.

Cameron y Pedersen, en una entrevista telefónica el mes pasado, discutieron sus planes para la compañía y hablaron sobre los viejos tiempos cuando aún tenían un momento para surfear. Los dos estaban de muy buen ánimo. “Aún no hemos tenido dos minutos de descanso”, dijo Cameron.

Meticulosamente presentó su proyecto: combinar las propiedades en los nuevos medios que tiene SurfStitch por comercio electrónico para reestablecer la frescura del surf. “Estamos aprovechando el momento”, dijo Pedersen.